Sunshine

Capítulo 10. De pasados y presentes

Las ocho con quince minutos. Fue la hora que pude apreciar en la pantalla de mi celular después de haberlo sacado del bolsillo de mi pantalón, cosa de mucho esfuerzo por las bolsas de supermercado en mis manos.

Deje las bolsas sobre la barra y de inmediato comencé a realizar leves masajes en mis manos, con la esperanza de que el ardor desaparecería por la presión que había sentido, pues caminar por las escaleras con un montón de comida era un ejercicio demoledor.

—¿Dónde dejo estas bolsas?

—Aquí —señalé la barra frente a mí.

Detrás de cada uno de mis pasos había estado Megumi, quien me había insistido en acompañarme apenas me escuchó pedir permiso a Eiji para salir temprano. Pues en sus palabras «nuestro plan saldría mejor de esa manera».

Con amabilidad en cada uno de sus movimientos, Megumi me ayudaba a sacar cada cosa de las bolsas y las colocaba donde yo le indicaba. Era mejor ayudante que Ren, quien solo colocaba las bolsas en la mesa y esperaba a que Naoko o yo guardara todo.

—Escuché de Naoko que has ido al hospital, ¿estás bien?

—Creo que mejor que antes.

—¿Enfermaste?

—Nada de eso —me detuve unos instantes para observarlo, él hizo lo mismo—, solo tome tu consejo. Estoy yendo al psicólogo.

—¿En serio?

—Sí. Guarda esto ahí arriba. Escóndelo —le pase mis galletas preferidas, para después explicar— Naoko me recordó ir al hospital donde trabajo, dijo que me conseguiría descuento, así que…

—Es por el tema de tu ex pareja y eso, ¿Verdad?

—Sí —no hablé por unos segundos, tratando de pensar—. Han pasado algunos años desde que sucedió toda esa historia, pero creo que ya es tiempo de dejar todo eso atrás.

—¿Y cómo te sientes?

—Bueno, un poco bien, algunas veces . —Cerré lentamente el refrigerador para después recargarme en este y ver a Megumi—. Sé que no es bueno para mí, que cada cosa que hizo fue terrible, pero, aun así, duele por lo que pudo ser y me pierdo en escenarios tontos «¿Y si él se hubiera esforzado? ¿Y si yo hubiera aguantado más?» Siempre pienso eso y me siento tonta.

—No eres tonta. —Megumi jugaba con una lata de atún que estaba entre sus manos—. Algunas personas superan rápido y otras lento e incluso hay personas que nunca lo superan. La cuestión es aprender de eso y seguir viviendo, tomar esas vivencias amargas para florecer desde ellas, aunque debo admitir que el que pienses en los «tal vez» no es lo correcto, lo mejor es soltar.

—Eso me dijo mi psicóloga —reí recordando el sermón que me había dicho como ayuda—. Aun así, tu hablas como si te hubieran roto el corazón de la manera más horrible.

—Algo así —estiro la lata de atún hacia mí mientras sonreía con nostalgia—. No puedo decir que le agradezco el haberme roto el corazón, pero tampoco le tengo rencor, me hizo comprender mejor las relaciones y no depender de otros.

—Sería genial que nadie tuviera que pasar por amores trágicos para comprender cómo no debe ser tratado —tome una lata para colocarla en los estantes superiores de la cocina— Hay que dejar ir a quienes ya nos soltaron.

Ni una palabra más salió de nosotros, Megumi tomó otra de las bolsas para acomodar los productos en las estanterías, tomé la otra bolsa para copiar su acción, fue inevitable para mí no observarlo cada cierto tiempo.

Su rostro poseía una gran concentración en la tarea que realizaba como si fuera algo muy complicado o que llevará mucha precisión y un pensamiento se desató en mi cabeza:

Megumi Nakamura se estaba convirtiendo en una persona clave en mi vida, aunque las nuevas personas que había conocido en la cafetería también lo eran, pero aun así él resaltaba más.

Desde que comencé a cambiar mi forma de ver el mundo y a cuestionarme un sinfín de cosas tras terminar aquella relación llegué a una conclusión:

Mi corazón y alma no debían ser depositados en manos de otros para ser reparados, porque nadie conocía aquello más que yo misma, no debía de colocar algo tan valioso en manos de alguien más para que fueran sanados.

Pero sin lugar a dudas mi corazón seguía estando un tanto inquieto al escuchar el nombre de Ryuu, su nombre estaba escrito en cada rincón de mi corazón y mi alma impregnada por su olor, pero mi mente comprendía que él no era bueno para mí, que el dolor que paso mi corazón y alma fue mucho y aquello no debía repetirse, porque el amor no es así.

Megumi y yo habíamos terminado de colocar las cosas en sus lugares, gire a verlo y estaba estirando sus brazos dando un bostezo.

—¿Estás bien? —preguntó mientras él pasaba uno de sus dedos por las orillas de sus ojos.

—Estoy genial —sonreí.

Desde el fondo de mi corazón esperaba algún día enamorarme de una persona como Megumi. No lo conocía del todo, no sabía su historia completa, la canción que le disgustaba e incluso el día que cumplía años, simplemente una extraña conexión era lo que sentía con él, no era nada mágico ni cosa del destino como siempre se dice, sino simplemente era algún tipo de atracción al encontrar un ser humano que pudiera comprender sentimientos de otros.



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En el texto hay: comedia romantica, romance

Editado: 10.04.2026

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