Domingo. Y como cada domingo Megumi me había enviado un mensaje para poder salir, era algo muy nuestro, el salir en mi día de descanso y conocer más la ciudad, esta vez era un poco diferente ya que lo habían invitado a una exposición de arte en el parque de la ciudad y quería llevarme, realmente no sabía cómo sentirme ante aquello, ahora estábamos en la exposición.
La primavera era una de las mejores estaciones del año, cualquier lugar con naturaleza se veía más vivo, más brilloso y colorido, y yo era amante de eso.
Amaba los colores que se podían ver, la combinación tan preciosa entre las flores de múltiples colores y las hojas verdosas de los árboles, el azul del día soleado con las nubecillas que se movían y sobre todo, amaba el contraste que hacía Megumi con el lugar, ropa oscura con cabello oscuro, anillos que siempre reposaban en sus largos dedos con elegancia y sin pasar desapercibidos, sus ojos verdes oscuros donde sus pestañas largas posaban, el ver todo aquello en una combinación hacía que el aire saliera de mis pulmones sin permiso en una expresión pura de asombro.
—¿Qué te parece todo? —Megumi me vio con su semblante neutro de siempre.
—Es demasiado bonito, no sé cómo describirlo —respondí.
—Sólo es el inicio.
Megumi me sonrió de una manera como si se burlará de mí, siempre hacía aquello y ya me había acostumbrado a verlo de esa manera. Caminamos entre los árboles adentrándonos más en el parque, los árboles nos rodeaban, sombras eran creadas por los árboles, aun así rayos del sol entraban por algunos lugares, ambos estábamos en silencio escuchando como los pájaros cantaban y las hojas se rosaban haciendo que un sonido extraño se escuchará, todo aquello era una combinación extraordinaria.
Gente pasaba a nuestro lado riendo y gritando, algunas personas contentas platicaban con mucho entusiasmo las piezas que habían visto mientras que otras un poco más serias hablaban sobre los sentimientos que las obras buscaban transmitir, todo aquello no lo entendía yo solo esperaba pasar un buen rato y si se podía, comer algo.
Caminamos por algunos minutos y los árboles se habían acabado a nuestro alrededor dejando ver un gran espacio que estaba siendo ocupado por muchas personas, había personas observando cada lienzo postrado sobre el pasto, personas que estaban sentadas posando y artistas que pintaban, todo aquello me deslumbro más.
—¿Y ahora? ¿Qué te parece? —Megumi volvió a colocar aquella sonrisa burlona.
—Estoy realmente impresionada por todo esto, es demasiado… lindo.
—¿Sólo lindo?
—No sabría cómo explicarlo con exactitud… solamente es fascinante.
—Aún falta por ver más, ven.
Giré a ver a Megumi asombrada, quería ver que más daba aquel lugar.
Megumi me tomo de la muñeca para llevarme hacia la derecha dejando ver una construcción parecida a un invernadero, este era muchísimo más grande que el que había visto en casa de Eiji, además de que la construcción era de ladrillos por lo que no se veía absolutamente nada de lo que había dentro. La puerta estaba abierta por lo que entramos sin pedir permiso, era aún más precioso por dentro; el techo era totalmente de vidrio de diversos colores creando algunos reflejos en el piso, había caballetes donde diferentes artistas estaban pintando, las paredes eran totalmente blancas y en ellas colgaban lienzos con diferentes paletas de colores, técnicas y acabados dejando ver una gran diversidad de perspectivas.
—¡Megumi! —una chica pelirroja se acercó a nosotros con el cabello recogido en una coleta y la cara con manchas de pintura en tonos pasteles.
—Adara ¿Cómo estás? —Megumi agitó su cabeza hacia ella.
—¡Genial! Pensé que no vendrías.
—Tenía otros planes —Megumi se encogió de hombros y giró a verme—. Ella es Dai. Dai, ella es Adara, amiga de mis años universitarios.
—Hola —agité mi mano con nervios.
—Hola, gusto en conocerte —me respondió. La pelirroja me observo por unos segundos para después enfocar su vista en Megumi—. ¿Por fin me dejarás pintarte?
—No, sabes que odio eso.
—¡Vamos, vamos! Eres demasiado guapo como para no colocarte en un lienzo.
—Ya dije que no —respondió Megumi totalmente fastidiado.
—¡Por favor! —Adara giró a verme—. ¿A caso tu novia es celosa y por eso no puedes?
Di un brinquito en mi lugar al escucharla, Adara nos veía a Megumi y a mí, Megumi había girado un poco su rostro lejos de mí, aun así podía observar como un pequeño rubor se encontraba en sus mejillas y por consecuencia yo me sonroje.
Adara solo nos observaba esperando una respuesta, Megumi dio unos cuantos pasos y habló:
—Bien mejor iré a ver a mi padre, dijo que me diría algo importante.
La pelirroja dio una risa mientras asentía.
—Oh claro, él esta atrás —Adara señalo con un pincel el fondo del lugar.
—Bien, entonces iré —Megumi giró hacia mí—. Puedes quedarte con Adara, es algo fastidiosa, pero estarás bien.
Solo asentí me sentía un poco fuera de lugar, actuaban extraño.