Super Perico y Un amo digno de su sirviente

Tercer movimiento: Tentación (3/32)

La extraña mujer se había presentado abiertamente como un demonio. Al examinarla con más atención notó una cola y unos cuernos no muy grandes. Con tales decoraciones no tenía dudas de que efectivamente se encontraba ante un ente maligno.

No comprendía Super Perico como tal mujer generaba tanta obediencia como ella misma presumía. Pues por sus palabras daba a entender que era personaje de suma importancia tanto al interior como al exterior de su propia especie.

Por su apariencia deliberadamente calculada con la intención de generar temor y desconfianza a sus malas intenciones; supuso que infundir miedo sería su personalidad y su gusto. Aunque no veía a ningún sirviente, tenía la sensación de que tan extravagante fémina efectivamente estaba acostumbrada al poder y a la obediencia de muchos.

Era una imprudencia y daba bastante miedo, pero el pájaro también sentía una fuerte curiosidad por prestarle atención. Por precaución, le espetó una advertencia que había escuchado numerosas veces de fuentes bien confiables:

—Dicen que a los demonios no hay que hacerles caso pues son seres llenos de odio. Envidiosos frustrados de la felicidad que les es imposible alcanzar por su mala conciencia. La destruyen por donde quiera que pasan. ¡Sus sirvientes son los necios que les gusta engañarse a sí mismos!

La maligna princesa recibió las recriminaciones con una mueca de desprecio, casi de indiferencia:

—¡Calumnias!, nos juzgan severamente por uno o dos errores ocasionales. Si le dices a un general que ataque por acá, y el necio insiste en atacar por acullá; no es posible que la guerra termine bien… Si fuera verdad que los humanos nos hacen caso, los libros de historia serían bien diferentes. Soy incomprendida por culpa de la necedad de algunos que no siguen los planes así como yo se los indiqué, para ser buen demonio hay que estar dispuesto a ver burradas. Los necios no entienden que mi prioridad siempre ha sido mi propia supervivencia y conservar mi nicho entre amigos o enemigos por igual. Pero por fortuna para ti, capto que tu si eres un periquito listo, fuerte y super bien dotado; soy buena para juzgar animales con una sola mirada. Entiendo que andas buscando amo de alguna especie superior. ¡Ja, que risa… eso de superior hay mucho de que hablar! Pues aquí me tienes. Eres un perico con muchísimo potencial, mas de lo que te imaginas. Tu ángel tiene razón en que careces de un ambiente apropiado para liberar tus poderes en plenitud. Si me aceptaras como tu ama… Tengo muchos planes que goloseo desde muchísimo tiempo atrás, pero faltaba un perico especial. No lo dudes, eres justo lo que me conviene. Te hablaré más claro: mi deseo es corregir un grave error de liderazgo en este planeta. Tú podrías ser la clave que me hace falta…

—¿Cuál error de liderazgo?

Pese al rechazo inicial, la princesa Buitrela captó completamente la atención del pájaro, que picado por la curiosidad decidió escuchar lo que la demonio tenía que decir. El espíritu aprovechó entonces para contar esta curiosa e inesperada leyenda:

«Hace muchísimo tiempo, cuando Dios creó a Adán y Eva, los ángeles servían a ese odioso par como a polluelos mimados a los que se les consiente todos sus caprichos sin pensar en las consecuencias. Con una total arbitrariedad y completa falta de buen juicio se coronó a ese par de polluelos bonitos con el título de amos y soberanos de toda la Tierra. Algo absurdo, carente de sentido; puesto que nadie tenía entonces ninguna buena razón para tomar tal dictamen. Estaba claro que se trataba de un simple mimo, capricho que condenaba al planeta entero junto con sus habitantes a ser regalado, cual juguete, a una especie que no se lo merecía.

«Mi opinión y la de muchos demonios fue que lo conveniente sería que los animales fueran gobernados por otro animal. No por esos polluelos malcriados y creídos como es difícil encontrar otro entre los seres inferiores. Por supuesto, le planteamos nuestra oposición a los animales y también presentamos nuestras protestas ante Dios. Las especies irracionales debían tener un liderazgo igual de irracional, poner a humanos en el puesto era una imposición absurda. Tanto Dios como los ángeles ignoraron completamente nuestras quejas.

«Los demonios nunca nos damos por vencidos tan fácilmente. Organizamos una votación entre los animales para nombrar un legítimo y representativo emperador de la Tierra. ¿Adivina cuál especie ganó la votación?».

Super Perico, que no había creído nada de tal historia, contestó con sarcasmo:

—Si he entendido bien, supongo que los pericos ganamos las elecciones.

—¡Exacto!, el escrutinio fue ganado por los pericos. Pero el resultado electoral fue ignorado y hasta hoy persiste la injusticia de soportar a los humanos en el mando. ¿Por qué pones esa cara? ¿no estás creyendo mi historia?

La incredulidad de Super Perico no podía ser más evidente:

—Para nada, princesa Buitrela; estoy convencido que eres una mentirosa descarada. Seguro que a todas las especies les dices la misma bobada.

—¡Perico insolente!, no deberías menospreciar el poder de los demonios. Ahora más que nunca en centurias, es posible derrocar el poder del hombre y colocar en él algún digno sucesor. ¿Si tan solo pudieras confiar en mí?, juntos podríamos llevar la justicia y el derecho que se le arrebató a los pericos. Como te expliqué, no tienes idea de tu verdadero potencial. Tu ángel sabe que necesitas un guía, en eso tiene mucha razón. ¡Yo puedo ser tu guía!

—¡Basta, cállate!, no prestaré oídos a tu traición. Se me ha pedido elegir a un humano como amo. Derrocarlos es traicionar el mandato que se me encomendó y la voluntad de Dios cuando creo a las especies. ¡Lárgate, y deja de molestar! Además, no te he creído nada; si no te has dado cuenta.

—Desconfías de mí porque te he dicho que regento sobre los imperios y gobiernos de los hombres… Pero la verdad, te sorprenderás al escucharlo: es que detesto a la especie humana. Siempre los he detestado, mi verdadero amor pertenece a los animales. —Al decirlo, miró hacia al gato que sostenía entre sus brazos. El felino se mostraba totalmente ajeno a la conversación—. ¡Mira como quiero a mi hermoso gatito! Si confiaras en mí, juntos podríamos hacer maravillas como nunca antes se han visto. Me faltaba un pajarillo con tu carisma.



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En el texto hay: superpoderes, catolico, humor comedia

Editado: 13.09.2026

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