Las primeras semanas con superpoderes fueron tiempos felices que compartió a gusto con su parentela y amigos. Era un ave obediente a la comunidad y a sus deberes familiares. Nadie podría quejarse por su forma de compartir con la parvada ni de su honestidad al celebrar las fiestas religiosas.
Desde un principio decidió cumplir con las instrucciones del ángel. Estaba decidido a abandonar la bandada con su montaña en fecha cercana. Luego se dirigiría al mundo de los humanos en busca de su nuevo amo.
Antes de marcharse convocó una reunión para todas las aves de la montaña. Acudieron prontamente a su llamado, pues ya era bien conocido y admirado en todas las cercanías:
«Amigos pericos, debo de marcharme al mundo de los hombres. Quiero que cuenten siempre conmigo. Para cualquier emergencia o peligro en que pueda serles de utilidad con mis nuevos poderes, no duden en utilizar el servicio de palomas mensajeras. Yo acudiré prontamente a prestarles mi servicio».
En el pasado los humanos reclutaron y entrenaron a las palomas mensajeras para colaborar con el servicio postal. Con el cambio tecnológico estas aves fueron despedidas y hasta la fecha los humanos no les han asignado nueva ocupación. Fue entonces cuando un nutrido grupo de pajarillos que deseaban aprovechar la oportunidad y los conocimientos adquiridos en el mundo humano, decidieron establecer un servicio de correo al interior del bosque. Voluntariamente servirían como auxilio mutuo para las diferentes especies animales.
Si alguno de los lectores recibe un mensaje por medio de paloma mensajera no debería menospreciarlas por su obsolescencia tecnológica. Considere que probablemente sea un mensaje dirigido por alguna antigua mascota que haya encontrado la libertad o quizá sea de algún animal con el que haya trabado amistad en los bosques. Ellos no tienen tantas facilidades como nosotros y los pajaritos realizan un importante servicio.
«Antes de marcharme, quiero concederles dos regalos a todos ustedes. Deseo utilizar mis superpoderes para entregar dos obsequios a la comunidad. Quiero que guarden un buen recuerdo de mí y que comprendan que siempre estarán en mi corazón. No me respondan todavía; espero que pidan algo bien grande, no se preocupen. Cuiden que sea capaz de terminar cada uno de ellos en menos de un mes conforme han apreciado mis nuevas habilidades aumentadas. Por favor, les pido que se reúnan y lo piensen durante una semana».
Tal y como lo solicitó se tomaron una semana para sus deliberaciones. Pasada la misma, el de mayor edad entre todos los pericos le comunicó a nuestro héroe las dos peticiones:
«Queremos que construyas un palacio a imitación de los hombres; pero no tan aburrido y mucho más a gusto de los pericos. Que se pueda caminar por las paredes y por el techo. Que no tenga ninguna ventana ni vidrio; no sirven para nada y son muy resbalosos. Que se pueda salir por el techo y por cualquier parte; es una pérdida de tiempo bajar hasta el primer piso».
Super Perico quedó muy satisfecho con la respuesta. Pues más o menos así esperaba la petición. Aceptó inmediatamente:
«Haré tal palacio y me tomaré el tiempo necesario. Para un proyecto tan bueno y útil, estoy seguro que a los ángeles no les molestará el retraso. Yo puedo hacer el trabajo pesado, pero soy ignorante y no conozco de arte ni arquitectura. Necesito que otros pericos me ayuden a decorar; de eso no sé nada. También necesito que me expliquen algunas cosas. Yo sé que ustedes tampoco saben fabricar palacios humanos. Pero entre más pájaros pensemos y ayudemos, con seguridad será más sencillo encontrarle solución a los problemas y dificultades».
A los oyentes les encantó la respuesta. Muchos se ofrecieron de voluntarios de una vez para ayudar en lo que se pudiera. El mayor de los pericos procedió entonces a presentar la segunda petición:
«Queremos hablarte sobre las serpientes. Esta es una especie terrible y nefasta para las aves en general, pues hacen mucho daño. Comen huevos y matan cruelmente tanto a polluelos como adultos; arruinan sin piedad la vida y felicidad de muchas familias. Queremos pedirte que busques alguna manera de echarlas de la montaña. También es importante, que no puedan regresar para cometer sus maldades».
Super Perico aceptó de buen grado ambas peticiones, y se dió a la tarea de cumplirlas a satisfacción de la comunidad. Se decidió que el palacio vendría primero pues se esperaba que brindaría también protección contra las serpientes. Algunos rumores confirmaban que los humanos también utilizaban sus propias construcciones para protegerse de las especies peligrosas.
Comenzaron al día siguiente de la reunión con mucho entusiasmo y avanzaron más de lo que esperaban. Los pajarillos saben bien poco de arquitectura humana. Pero los superpoderes en colaboración con la imaginación de las aves lograban vencer a su manera todos los obstáculos. Cada día surgía ante sus ojos una nueva maravilla del mundo perico, capaz de asombrar también a los animales de las cercanías y mucho más allá. A decir verdad, dejaba mucho que desear para los criterios humanos; quienes no hubieran titubeado en declararlo inhabitable y un completo desastre. Pero los animales son poco exigentes en general y encontraban la tosca construcción fascinante. Estaban creando un mundo de ensueño fruto del esfuerzo y del trabajo diario. Los superpoderes lo facilitaban todo enormemente, pues permitía empresas que hasta entonces hubieran escapado completamente a las posibilidades de las humildes avecillas.
Derrumbaron y apilaron troncos evitando toda simetría, que a los humanos encanta pero a las aves aburre. De forma que el tal palacio para la primera semana ya era una pila de troncos mucho más alto que el nivel superior del bosque. A la distancia parecería una mancha irregular producto de algún desastre natural. En las cercanías se diría una combinación antojadiza de troncos y ramas sin ningún orden ni plan arquitectónico; si es que alguno tuvo alguna vez.