Super Perico consiguió con mucho esfuerzo que el ermitaño aceptara aconsejarlo en sus aventuras, aunque con la condición de que tales asesorías fueran muy de vez en cuando. Luego de quedar en buenos términos con el antiguo héroe, se retiró a proseguir su búsqueda de un amo humano. Siempre decidido a cumplir la solicitud del ángel protector de la bandada.
Aunque no fue fácil conseguir dueño que lo guiara en sus futuras aventuras; para el asunto del disfraz no tuvo mayor dificultad. Una amable señora que entrevistó a través de las rejas de la ventana de un humilde hogar campesino, aceptó el encargo muy complacida. Apenas el pajarillo mencionó el asunto, ella misma se ofreció para diseñarlo y confeccionar todos los que necesitara en adelante.
—¿Todos los trajes que necesite en el futuro? ¿No es demasiado? —Como ave bien educada, no quería abusar de la amabilidad de la mujer.
—¿Cuánta indumentaria necesita un Super Perico?
—Lo ignoro, pero me figuro que no será mucha. —El pájaro estaba encantado con la ayuda. Por lo que terminó aceptando el ofrecimiento, aunque con alguna resistencia.
La confección de la vestimenta tomó un par de semanas. Si bien planeó aceptar cualquier traje que le obsequiaran sin ninguna objeción; quizá para fortuna de los lectores y de nuestra historia, el resto de la familia intervino en el asunto.
Sus hijos y parientes cercanos actuaron como críticos severos que descartaron la inmensa mayoría de los modelos que la costurera probó con el ave. Nuestro perico protestaba, pero en su ignorancia del mundo humano prefirió ceder por prudencia a la opinión de la mayoría.
Con humildad concluyó: que en vista de su completa ignorancia de las costumbres, era de esperar que quedara mal sin pretenderlo. Lo más sensato sería aceptar la solución que propusieran los demás; en un tema completamente ajeno al mundo perico.
Sus hijos, mejor conocedores en lo que a trajes de héroes se refiere (los de TV por supuesto); exigieron un disfraz a la altura de su imaginación. Actuaron como sensores de moda tan exigentes, que el pájaro sufría sumamente avergonzado ante tanta prueba rechazada. Como parecían muy contentos con el proceso, y la señora no daba muestras de impacientarse; el ave intentó complacerlos a todos.
—Con esta ropa nadie te reconocerá y tu amo podrá conservar su anonimato. Espero que con esa precaución consigas quien te entrene —explicó la costurera cuando por fin uno de sus modelos consiguió ser seleccionado.
—¡Que todos los trajes sean diferentes! —exigió la hija menor.
El perico se opuso a tanta variedad de vestimentas. A su entender, un único modelo sería suficiente para cualquier ser vivo. Pero nuevamente ganó la opinión familiar.
Luego de largas discusiones, se aprobaron tres modelos con vistas a lo que presumían podría ser el ambiente de sus futuras aventuras. En total nueve trajes muy parecidos unos de otros: cuatro para ambientes más severos, dos para lluvia, y tres para conversar en cristiano.
—Pero este Super Perico tiene más ropa que yo misma —protestó una de las hijas.
—Se lo merece, ¡va a enfrentarse con delincuentes! Ellos no respetan la vestimenta decente y quedará destrozada rápidamente. Hay que prepararse bien.
Sometieron los trajes a varias pruebas. Esto corrió por cuenta de los niños. Hubieran querido desarrollar un modelo indestructible, pero nadie conocía del tema.
El perico los convenció que la razón de ser para el vestuario de un super animal, es proteger a sus amos con el anonimato. En cuánto a protegerse a sí mismo y la seguridad, sería solucionado por el ave con sus propios poderes.
Con otras tantas deliberaciones resolvieron que se debían cumplir al menos cuatro requisitos: muy llamativo, práctico de poner pero complicado de quitar, proteger el anonimato, y no inducir asociación con su portador.
En primer lugar, la mayoría simple decidió que debía ser llamativo. Super Perico atraería los ataques de los villanos para desviarlo de los espectadores y caminantes. Los delincuentes en Haram, por norma general, no atacarían a un transeúnte de no ser necesario. Así pues, lo llamativo aumentaba la seguridad de los espectadores, al desviar los daños no deseados intencionalmente.
Lo llamativo era temerario, pero también era señal de valentía; los animales valerosos se enfrentaban a los problemas abiertamente y con decisión exponían su vida al peligro.
Un traje un tanto ridículo era útil para las virtudes de un héroe, cristiano al menos. Ayudaba a la mortificación de la conciencia; y como medio educativo contra la personalidad indolente. Por supuesto, para que existiera la posibilidad de provecho en la virtud; se debían evitar los excesos escandalosos. Este principio descartó cualquier ostentación innecesaria de riquezas o banalidades que lo sustituyeran.
Un buen diseño simbolizaba las virtudes cristianas o patrióticas. Sin olvidar que el exceso fácilmente resultaría dañino y hasta ridículo. En general, una ropa vistosa era peligrosa para el héroe; por lo mismo debía interpretarse como un sacrificio en bien de los demás. Por tanto, su traje no era algo deseable. Su diseño debía de ser de tal gusto que no indujera la imitación en los inexpertos e incautos.
Otro requisito en la lista de naturaleza práctica: era que el traje tanto debía ponerse fácilmente como ser complicado de quitar. El animal heroico necesitaba reaccionar rápidamente a los llamados de emergencia; de lo contrario, tarde o temprano decidiría no ponerse el traje comprometiendo el anonimato. Sin embargo, la vestimenta aunque fácil de poner también necesitaba ser a prueba de traviesos y curiosos. En situaciones normales, un buen diseño sería imposible de quitar por simple descuido o travesura.
Puesto que el objetivo más importante solicitado por Super Perico fue el anonimato de su futuro amo; el traje debería fallar las pruebas más elementales de reconocimiento. El test más obvio: presentar fotografías de varios pericos a los testigos, al ser interrogados no deberían ser capaces de reconocer al verdadero animal.