Buscando amo llegó Super Perico a la ciudad de Egeria. Localidad famosa en los alrededores por sus abundantes fuentes; creadas en ocasión de alguna moda arquitectónica que caló hondo en toda la comarca. Para el ave se trataba de la primera ciudad visitada en su vida, así que le causó una profunda impresión. El mundo humano era completamente diferente cuando se imaginaba a lo lejos e interpretado por habladurías de pajaritos.
La urbe en su interior era un nuevo universo deslumbrante. Egeria no se consideraba, ni mucho menos, entre los principales pueblos de Haram. No obstante, era visita obligada en las cercanías. En especial por sus hermosas fuentes que daban mucho que hablar a los visitantes ocasionales.
—Señora, ¿acepta ser mi dueña? Necesito una ama que me explique cómo ser un héroe -preguntó mecánicamente, casi seguro de recibir otro no por respuesta.
El ave repetía su rutina de todos los días. En esta ocasión, eligió una señora que ya comenzaba a encanecer.
—Tus palabras me asustan. Prefiero llevar una vida tranquila.
—¡Pero es que necesito ayuda!, debo encontrar a alguien que me explique. Una super mascota requiere una guía humana.
—Aquí en Haram tenemos un método muy sencillo para que los héroes sepan que hacer… Al menos no podrán quejarse de falta de ideas.
La respuesta entusiasmó al perico. Pero la señora se negó a darle explicaciones.
—Yo no entiendo ni puedo explicarte nada. Sin embargo, puedo mostrarte algo que podría interesarte. ¡Sígueme…!
Casualmente, se encontraban cerca de una de las principales fuentes de la ciudad. En compañía de las fuentes estaban casi siempre los parques y también las pizarras con anuncios de la policía.
La señora llevó a Super Perico hasta una de estas pizarras en el parque más cercano. El tablero exhibía las fotografías de algunos delincuentes buscados por la policía. Para la mayoría se ofrecía alguna recompensa según el tipo de servicio que se diera a la investigación. Normalmente, incluían el AAC o autorización para el arresto civil.
—¿Qué son estos papeles con fotografías?
—Estos papeles son llamados a la población para colaborar con el arresto civil. Si los capturas y los llevas a prisión serás un héroe, al menos en mi opinión. Este número es la recompensa. Se trata de arrestarlos no de asesinarlos, porque si los matas te expones a que pongan un cartel con tu nombre también. Este hombre de la foto es un ladrón escurridizo; pero no tiene cargos de homicidio. Si lo arrestan te pagan. Si solo das información tal vez consigas algún lucro.
Aunque el ave ya había escuchado mucho del dinero y de los pagos, no había comprendido bien su funcionamiento.
Según su interpretación, los humanos no habían alcanzado el nivel de progreso cultural necesario para compartir al igual que los pericos hacen entre ellos. Como remedio a su insociabilidad, habían inventado el dinero.
En ocasiones los pericos son egoístas, pero es más por travesura que verdadero egoísmo. Cuando un pajarillo encuentra algo valioso se pone tan contento, que toda la bandada se entera y él mismo invita a todos a compartir lo encontrado. Las reglas del dinero son completamente contradictorias con ese tipo de idiosincracias.
Aún así, presentía alguna potencial utilidad como forma de intercambio con otras especies. Si las riquezas servían como barrera que evita compartir cuando se considera contraproducente; bien podrían utilizarse como estrategia para evitar que las serpientes y otros indeseables entraran al Palacio de los Pericos. Analizándolo con más cuidado, sería bastante útil.
—Tengo muy claro que a ustedes los seres humanos les gusta el dinero. Me lo han explicado varias veces, pero todavía no entiendo bien para qué sirve.
—¿Te gustan las frutas y las semillas?. —La señora esbozó una sonrisa con la pregunta. Comenzaba a entrar en mayor confianza con la supermascota.
—Sí.
—Es algo que si se lo das a los humanos. Ellos te dan a cambio frutas, semillas o lo que quieras.
—¿Me regalarías un poco de ese dinero?
—El dinero no se regala. Tienes que trabajar, y entonces te lo dan.
—¿Ser un héroe es trabajo?
—Según lo que hagas. Si acumulas suficientes recompensas, tendrás derecho a llamarlo un trabajo mal pagado.
Con las pizarras de la policía, lo de convertirse en héroe estaba un poco más claro. No parecía muy complicado buscar las personas de las fotos. Con los pericos le gustaba retozar con algunos juegos de escondidillas y esperaba que no fuera muy diferente.
Por supuesto, seguía lleno de dudas. Además, la solicitud del ángel era un amo; no se conformaría con un tablero repleto de autorizaciones AAC. Pero al menos podría utilizar la pizarra para darse a entender con su futuro dueño. Un método para ponerse de acuerdo, eso debía ser una buena idea.
Terminó su plática con la señora, preguntando por algunos de los sujetos retratados:
—¿Esta foto?. —Le llamó la atención un individuo que parecía muchas cosas, pero no un delincuente. Hasta podría pasar por una buena persona.
—Le llaman el Amigo, desconozco el motivo. Que no te engañe su apariencia, ese hombre es muy peligroso. No es para ti ni para nadie. Lo ponen allí, para que el pueblo no reclame. Dicen que es amigo de los policías y de los políticos. No te metas con él.
De la anterior conversación el ave sacó muchas conclusiones útiles para sus planes futuros. La pizarra ofrecía una lista de personas que un Super Perico podía arrestar y ser considerado un héroe. Le pedían ignorar a un tal el Amigo, al que no le veía nada peculiar, excepto su cara de inocencia. Era mejor hacer caso en terrenos tan extraños y desconocidos.
Aprendió que se pagaba dinero a los héroes, y servía para que los humanos te den semillas, frutitas y toda clase de objetos raros, curiosos y probablemente entretenidos. Que aunque los pájaros tienen suficiente. ¿Los humanos no tienen suficiente? Había que trabajar para que te regalen las cosas.