Super Perico y Un amo digno de su sirviente

Décimo tercer movimiento: Robo gigantesco (13/32)

En cuanto llegaron a la ciudad, los oficiales de policía dejaron marchar a Super Perico sin ni siquiera llevarlo a la comisaría.

—No te preocupes, todo el mundo sabe lo payaso que es el Amigo. Le seguimos la corriente en su cara; pero luego ignoramos sus absurdas peticiones a la policía.

—¿Puedo irme entonces? —preguntó el ave. En su imaginación temía que iba a pasar una larga temporada encarcelada por culpa de las mentiras de sus enemigos.

—En completa libertad. Todos estábamos mintiendo. Le tenemos miedo al Amigo, es la honesta verdad —explicó Joel luego de quitarle las esposas.

Pese a su permiso, el periquito estaba furioso. Los oficiales se esforzaban por convencerlo a rendirse. Según ellos se enfrentaba contra una organización formidable e invencible.

—Es necesario que te hagamos una advertencia: debes dejar de molestarlos… Si insistes en tu intento de arresto, ya no podremos fingir más y te arrestaremos en serio.

—¡Pero no es justo! —exclamó el perico. No entendía como en Haram podrían arrestar a un perico honesto, a sabiendas de que se le estaba calumniando y con tantos testigos haciendo el desentendido.

—Por supuesto que no es justo. El problema es que a algunos no nos interesa el suicidio.

—Pero tienen un AAC. ¿Algo debe decir la ley?

—Consigue más pruebas —sugirió Simón.

—No lo engañes—le interrumpió el sargento Joel negando con la cabeza—, sabes que las pruebas no serán suficientes. Haremos avioncitos de papel con tus argumentos. No tenemos alternativa. Es lo que hacemos o matan a tu familia.

—¿Y si les traigo al Amigo envuelto en papel para regalo?

—No habría diferencia, ya te expliqué que no nos interesa que nos maten. ¿Crees que el Amigo nunca ha estado en la comisaría? La conoce de memoria, mas no se va a quedar allí. Pierdes tu tiempo.

Pero Super Perico luego de su penitencia había reflexionado no darse por vencido tan fácilmente. Soportaron pacientemente que el ave los sermoneara durante horas y horas; tal vez ambos oficiales se sentían culpables por su traición y cobardía.

Los policías insistían que una simple comisaría no sería capaz de detener a un grupo tan poderoso y bien organizado. Sacrificarían vidas inútilmente. Estas organizaciones eran capaces de arruinar todas las investigaciones con una mísera llamada por teléfono.

Como el perico insistía, no sabiendo bien que decir; Joel propuso la intervención simultánea del ejército de Haram y el gobierno. Se necesitaba una operación a escala nacional que comprometiera a ambos sectores. No bastaba con uno solo de ellos. Pues según el sargento; el Amigo fácilmente escaparía sin un acuerdo conjunto.

Aunque no hubo ningún progreso, al final llegaron a un dudoso acuerdo:

—Te doy mi palabra de honor: que si arrestas al Amigo, y además; lo más complicado e importante, consigues el apoyo decidido del gobierno y del ejército. Entonces sí me pondré de tu parte y daré por consumado el arresto.

—¿Aunque te maten? —consultó Simón, no muy seguro de las intenciones del sargento. Con una maligna risa, imaginaba al ejército pidiendo ayuda a dos insignificantes oficiales en el escalafón.

—Gracias Simón, por aumentar el dramatismo. Pero sí, aunque me maten. Lo arrestaré…

—Yo también te apoyo. Pero eso sí, debajo de las enaguas del gobierno y los militares—se burló el oficial del trato—. Solo de esa forma puedo sentirme seguro y tranquilo.

Como producto de este curioso arreglo, Super Perico resolvió buscar al tal ejército de Haram. Si poco sabía de policías, mucho menos de ejércitos. Tenía toda clase de ideas confusas e incoherentes sobre lo que tal institución hacía.

Las opiniones sobre el ejército de Haram eran muy dispares: variaban entre los extremos de ser considerada una creación del mismo Satanás, hasta ser alabada como la verdadera libertadora y amante de la patria. No era raro que el periquito observara como una misma persona oscilaba entre ambos extremos en una misma conversación.

Resolvió consultar con todo el que pudiera. Especialmente, le interesaba la opinión de su amigo el ermitaño. No pasaron tres días, antes que lo visitara en su apartado retiro en las montañas.

Encontró a Liam sumido en sus oraciones. Habían acordado que siempre que viniera de visita, no se detuviera a esperar y lo interrumpiera en cuanto llegara. La alternativa, sería que el pobre periquito esperara varias horas hasta que el ermitaño decidiera finalizar sus rezos.

Con esta licencia, luego de los saludos, Super Perico expuso su asunto en forma bastante directa:

—Planeo ir con el ejército de Haram a pedir su ayuda.

—¿Qué planeas hacer? ¿Le vas a arrojar el ejército a la población civil?

—No lo sé, no entiendo nada. Creo que a mi plan le llaman reclutarse.

—¡Pésima idea! Sospecho que en el universo material solo existe un ejército bueno y noble, y es extraterrestre —dijo esto como si esperara alguna risa del periquito, pero este no reaccionó—. Puesto que lo que planeas es reclutarte, no te detengo. Nunca he comprendido como pueden existir mujeres que soliciten ingresar en el ejército. Pero definitivamente sí existen, y también periquitos.

—¿Le permiten a las mujeres reclutarse?

—No, solo pueden servir como colaboradoras.

—¿Y a los pericos?

—Sí, o así debería ser. Ellos tienen caballos, perros y palomas…

Era un poco tarde, así que aprovecharon para una cena frugal. Uno por ayuno y el otro por perico. Cuando era por gusto, ambos apenas comían lo necesario. Puesto que el ave venía por sermones, Liam, como hombre de religión no se hizo de rogar:

«Supongamos dos finales posibles para el Amigo. En el primer final; un héroe lo arresta a él y a sus secuaces. Consigue triunfalmente llevarlos a todos a prisión —Liam explicaba ambas situaciones hipotéticas pronunciando lento y claro cada palabra.

«En el segundo final; un héroe distinto le predica la palabra de Dios. Ocurre que su semilla da frutos y nuestro enemigo se convierte en buena persona, tanto él como toda su banda. Entonces el héroe, que como ya vimos, es ducho en el arte de convencer; solicita al presidente de Haram el perdón para el Amigo y sus secuaces. Así lo consigue y para admiración de todos, la banda destaca el resto de su vida por sus buenas acciones.



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En el texto hay: superpoderes, catolico, humor comedia

Editado: 13.09.2026

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