Superman:troya.

1 Testamento de sol y sombras

Kal-El llegó a Eratheia a medio dia. Esta ocasión no estaba acompañado de Kon-El, su joven aprendiz, pues ya sospechaba que la mítica figura que asedia en las noches era su antiguo compañero de entrenamientos y prefería charlar en lugar de pelear.

Aún así llegó vistiendo su ahora emblemática armadura que era un híbrido de las tradicionales armaduras griegas y parte de su linaje kriptoniano. Llevaba sobre su cuerpo un peto de oro quemado por la guerra, forjado con los símbolos secretos de su linaje. En el centro del pecho, la insignia de su casa -la "S" que entre los hombres significa esperanza- brillaba como si fuera el corazón mismo del firmamento. Las placas, articuladas y marcadas con escritura de mundos desaparecidos, cubrían su torso, sus hombros y brazos, sin sofocar su fuerza ni su velocidad. Su escudo era un sol encerrado en bronce: cada rayo grabado en él parecía contener siglos de fuego, y aunque lo alzaba como defensa, también servía como estandarte. Muchos caudillos se postraban ante su sola visión, pues sabían que enfrentarlo era desafiar el juicio de los cielos.

Su casco, de diseño mirmidónico, ceñía su rostro con solemnidad. La cresta carmesí ondeaba como un estandarte en su cima, y el metal cubría sus sienes como una corona de guerra. Bajo ese yelmo no se encontraba un hombre, sino un juramento encarnado.

La capa roja -símbolo de su misericordia y su cólera- fluía detrás de él como el río de sangre que intenta detener la guerra. Sus piernas protegidas por grebas oscuras, sus brazos envueltos en brazales labrados, sus pies firmes sobre la tierra que aún no decidía si amarlo o temerle.

Dejó el escudo en el templo de Helios en cual parecía ser parte de los adornos del mismo. Recorrió parte de Eratheia a pie y otros tramos lo hizo desde los aires flotando sobre las casas, buscando rastros de Nyktimenes El murciélago.

Algunos al mirarlo flotando sobre la ciudad se arrodillaron en señal de culto y otros se desmayaron por la impresión. No había rastro del llamado Nyktimenes, hasta que la noche llegó.

Kal-El lo vió emerger de las sombras y sintió un pequeño sobresalto, ya se había enfrentado contra cosas y criaturas sobrenaturales, pero aquello asemejaba a una sombra viva.

— Supe que me buscas —Habló Nyktimenes con voz áspera y profunda— Bien, aquí estoy.

Kal-El después de la impresión inicial, recuperó la compostura. El tono de voz en aquella criatura le pareció familiar pero no se apresuró a asumir que era Brükos quien estaba bajo la máscara.

—Nyktimenes —respondió Kal-El—por orden del alto consejo de Eratheia y por solicitud de Lexandros Luthor líder y gobernante de Metropolus, desiste de las actividades que realizas.

—¿Actividades? —preguntó Nyktimenes con burla—¿Que clase se actividades?

—El terrorismo e incitación a la sublevación contra el dogma— esto último Kal- El lo mencionó con dificultad, pues no creía en sus propias palabras.

—¿Y si no desisto? —respondió Nyktimenes con sorna.

—Me veré obligado a detenerte -respondió Kal-El con seguridad.

—Quiero ver que lo intentes—replicó Nyktimenes.

Tras pronunciar esas palabras Nyktimenes se movió a las sombras para despistar a Kal-El, pero Kal-El con sus reflejos y velocidad sobrehumana pudo intervenir su movimiento. Nyktimenes respondió lanzando golpes y patadas que Kal-El no necesitaba desviar, pero que aún asi reaccionó con los movimientos aprendidos en lucha cuerpo a cuerpo.

Al final aprovechando la cercanía, Kal-El tomó a Nyktimenes por el cuello, se elevó un par de metros sobre el suelo y se lo llevó a la ruinas de un antiguo observatorio heliaco, y lo tiró al suelo.

El golpe contra el suelo fué tan efectivo que dejó aturdido unos momentos a Nyktimenes, momentos que Kal-El aprovechó para retirar la máscara de aquel ser oscuro. Kal-El ya esperaba ver un rostro conocido, pero aún así no pudo evitar la sorpresa.

—Brükos...—dijo con cierta tristeza— te daré solo esta oportunidad, desiste de esta campaña de caos... no respondas por ahora. Puedo esperar hasta mañana a medianoche aquí mismo, por favor...amigo.

Le arrojó la máscara de murciélago y luego se elevó para perderse en el cielo. Kal-El ya sabía de antemano la respuesta, pero no quería privar a su amigo de la oportunidad de rendirse.

A la medianoche siguiente en las ruinas de un antiguo observatorio helíaco, en las afueras de Eratheia, estaba por comenzar una reunión entre dos viejos conocidos. Kal-El debía terminar esta misión, había quejas de caos, los templos estaban más vacíos que nunca.

Las monedas, más escasas. Las estatuas de Helios aparecían cubiertas de hollín. La ciudad comenzaba a temer más la noche que al juicio divino. Y eso, decían los sacerdotes, no podía permitirse.

Kal-El esperó en silencio entre las columnas quebradas del observatorio abandonado. Aún vestía su armadura, no traía armas, ni su casco. Pero si su capa al hombro, y su mirada limpia, severa. El murmullo de alas lo anunció antes de que las sombras se movieran. Nyktimenes descendió con elegancia medida. No atacó. No habló.

—No quiero pelear contigo —dijo Kal-El, mirando directamente a su viejo compañero de entrenamientos.

—Yo tampoco quería ver a mis padres colgando de un templo en llamas— respondió Brükos con la voz velada de su máscara.

Kal-El dio un paso al frente. Sus grebas crujieron sobre los mosaicos astillados.

—Has hecho que la gente tema más que crea. La justicia no se impone desde la sombra.

—¿No? —dijo Brükos—. ¿Y cuántas monedas de oro viste en los bolsillos de los inocentes desde que llegaste? ¿Cuántos sacerdotes condenaste?

Kal-El no respondió. Su silencio era denso, pero no débil.

—El miedo funciona —insistió Brükos—. La superstición es un arma. Y la fe ciega necesita un monstruo para reaccionar. Soy ese monstruo, si hace falta.

Kal-El suspiró.

—Entonces no me dejas opción.

La pelea fue breve. Brükos se movía como un espectro: rápido, táctico, letal. Usó cuerdas, humo, sombras, todo lo que la noche podía ofrecerle. Pero Kal-El lo preveía todo. Incluso sin sus poderes plenos, era fuerte, rápido, y resistente. En el tercer intercambio, Nyktimenes intentó inmovilizarlo con una trampa oculta.



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En el texto hay: mitologia griega, batman, superman

Editado: 18.05.2026

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