Survive this World

Capitulo 16

Esa misma noche, en un bar de la capital.

—Buenas —dijo María entrando al bar.

—Estoy aquí —le respondió señalando a su lado.

—¿Nojoda, ya estás tomada, Mari? —le preguntó María..

—Claro que no, simplemente ando estresada —le respondió ya medio ebria.

—¿medio? —se pregunto María mientras veía ya varias botellas de ron de cerveza vino y montones de cigarros

—Fumas como una puta presa, tomas café a morir y, encima, cuando andas estresada te emborrachas —le criticó María mientras se sentaba

—. ¿Y Richard?

—Anda por ahí, agarró una arrechera y ni idea —le explicó.

—¿Y eso que tienes ahí? —le preguntó Mari por la bolsa que María tenía.

—¿Esto? —Abriendo la bolsa, le mostró—: Pues son pastillas para el dolor de cabeza y unas cosas para cuando terminemos de beber —le respondió con una sonrisa.

—¿De verdad te tomaste la molestia de comprar todo eso en el camino? —le volvió a preguntar.

—No, le pedí a Gabriel que lo comprara —le respondió.

—Un pase para salir. Sabes, él fue con la hija de Cristina —le respondió María con una sonrisa.

—Jajajajaja. Dios mío, tanto que Cristina jodía a Ágatha diciendo que jamás iba a dejar que su hija se acercara al suyo... Ahora falta la hija de la otra, jajaja —se rió Mari por la gran ironía.

—Hoy fueron los exámenes, el escrito y el físico —le contó María.

—¿Y cómo le fue a Gabriel? —le preguntó.

—Pues bien. Claro, terminó vuelto mierda; se enfrentó a uno de 4to año y encima era de los 10 —le respondió.

Mariángelis, dejando la bebida a medias, extrañada y molesta, le volvió a preguntar:

—¿Cómo? O sea, ¿se pelea con uno que es mayor que él y no detuvieron la pelea?

Ya Mariángelis, molesta, se levantó de la silla.

—Iré a hablar con ese viejo de mierda.

Mariángelis, ya levantada y a punto de ir a la academia, fue detenida por María.

—Nany, ya estás borracha, ni se te ocurra. De verdad, ¿vas a ir solamente a insultar a ese viejo a las 12 de la noche? Quédate. —Agarrándola y sentándola de nuevo—. Dios mío, ustedes sí son pegadas —se burló María.

—Cállate, y te dije que no me llamaras así —le respondió molesta.

—Ja, y hace unos años tú lo odiabas —añadió María.

—No lo odiaba, y tú lo sabes —le respondió Mari ya cansada.

—Lo entiendo, lo entiendo. ¿Me puede traer otra ronda más, por favor? —le respondió María mientras le decía al bartender—. ¿Cómo es posible que tú no estés ebria? —le preguntó a Mari.

—Yo aguanto el alcohol y, como doctora, sé cuánto debería parar o tomar un descanso —se burló María.

—Ah, ¿sí? Entonces hoy te voy a volver mierda. —Echándole más bebida a María, Mari sonrió y así pasaron varias horas.

—JAJAJAJAJA. ENTONCES, MARICA, el tipo se me acerca y me quería robar un beso, y yo le agarré y le dije: "¿Tú estás drogado o qué coño?". Y no me habló más.

—JAJAJA. Dios mío, pero María, ¿ya tenías una relación con él o algo?

—Salimos una vez, pero la verdad no hubo química; más bien era incómodo —dijo María riéndose.

—Dios mío con los hombres, jajaja. A mí en mi trabajo me hablan y es con miedo —añadió Mari.

—Es que con esa cara de amargada que tienes...

burló María.

—Cállate. Y aparte, ya tengo un hijo para estar en relaciones —dijo Mari.

—Si sigues sin estar con un hombre, ya voy a pensar que te gustan las mujeres. —Al decir eso, María se abrazó a sí misma y le preguntó

—: A mí no me mires, a mí me gusta mi buen hombre.

—Cállate, becerra, ya ando soportando eso todos los días y encima esas malparidas lo hacen a propósito—le añadió

Un montón de momentos cursis de Ágatha y Leo se cruzaron por su mente, como una vez que Mariángelis pensó que estaba sola en la casa y se metió al baño y vio algo que todavía la persigue. O como cuando Ágatha y Leo están juntas y tienen momentos cursis de pareja:

—Me voy a ir a bañar —dijo Leo.

—¿Aviso o invitación? —le preguntó Ágatha.

—Invitación —añadió Leo.

—Nice. —Y sin pensarlo, Ágatha se metió al baño con Leo.

—Ojalá le caiga jabón en los ojos —dijo Mari desde el mueble; y Alana, que la estaba acompañando, se levanta de repente.

—¿Tú para dónde vas? —le preguntó.

—A dormir, no quiero escucharlas otra vez —le respondió Alana.

Al recordar eso, Mariángelis se molestó y bebió más.

—Ah, verdad, Nany, ¿y cómo terminó el asunto ese de los tipos? —le preguntó.

—Están en interrogatorio, yo misma me estoy encargando del caso, pero es jodido —le respondió Mari.

—¿Por qué?

—Gabriel los dejó bastante mal, cosa que hizo bien —se llenó de orgullo.

—Ajá.

—Y pues lo normal: un poco de interrogatorio, si no colaboran unos huesos rotos, traumas, la rutina... Pero al parecer no son solamente ellos, son una especie de organización. Ágatha está investigando y las demás también están haciendo algo —contestó Mari.

—Entonces nada está bien. Primero la academia es un desastre y ahora unos malditos están haciendo sus cosas —dijo María resignada—. Ustedes han estado demasiado tiempo afuera, la capital se ha descuidado y los ancianos se están aprovechando de eso.

—Lo sé, estamos haciendo lo posible, es por eso que todo va a estar revuelto estos días. Siendo honesta, Gabriel hizo algo estúpido al salvar a ese compañero suyo, porque podía haber muerto. —Agarrando con fuerza el cigarro.

—Ja, es lindo cuando te preocupas —añadió

—María, te quiero pedir algo, un favor.

—¿Cuál? —le preguntó

—Cuídalo, por favor —le respondió.

María lo que hizo fue verla y, tomando un trago, le respondió:

—No tienes por qué pedirlo, eres mi hermana de otra madre, te lo cuidaré en la academia. ¿Y de dónde salió esa preocupación?

—Es un presentimiento que tengo. Él peleó y ganó, ¿pero si no lo hubiera hecho? Hubiera muerto. Y además estoy consciente de todo lo que está pasando y por eso te lo pido: cuídalo allá —le respondió Mari.




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