Continuamos donde nos quedamos.
—¡NOOOOO, profesora! ¿Cómo nos va a dejar así en el mejor momento?
—¡Eso es una injusticia!
Fueron las palabras que varios estudiantes exclamaron.
—En la próxima clase continuamos. Ahora deben tener Educación Física —terminó diciendo Romina. Y dando un chasquido, todos los estudiantes fueron teletransportados hacia el gimnasio, pero desde una altura muy elevada.
—¡AAAAAAAHHHHHH
—¡AGÁRRENSE!
Todos gritaron mientras caían.
—¡Esta maldita! ¡Shinro, usa magia de viento! —le gritó Gabriel.
—¡NO PUEDOOO! —le gritó de vuelta.
A punto de caer, Gabriel agarró a Shinro e hizo un rápido barrido visual. Aprovechando que todos estaban distraídos, usó un poco de hechicería y tocó el piso sin problemas.
—¿Estás bien? —le preguntó Gabriel
Pero antes de responder, los compañeros que no reaccionaron a tiempo terminaron golpeando el suelo. Por otro lado, Matteo, Agnes, Cristal y los italianos cayeron sin un solo rasguño.
—¿De verdad nos tiró aquí sin más? —cuestionó Matteo.
—A-yúdame... —con voz baja pidió Fabiana.
—¿Dónde está el profesor? —preguntó Cristal.
Al decir eso, las puertas del gimnasio se abrieron y entró un señor de edad avanzada, de unos 60 años.
—Disculpen la tardanza. Los fui a buscar a su salón y Romina me dijo que los trajo para acá —dijo el señor. Y al ver por qué los demás estaban tirados en el piso, le tuvieron que contar.
—Bueno, entonces empezamos la clase. Yo seré su profesor de Educación Física, mi nombre es Alfonso. Entonces empezamos: tienen que darle una vuelta completa a la academia...
Al escuchar eso, todos se quedaron en shock.
—Disculpe, profesor, con todo el respeto del mundo: ¿cómo que una vuelta completa? —preguntó Agnes.
—Como escucharon: una vuelta completa —reafirmó.
—Profesor, con todo respeto, pero la academia es enorme; dar una vuelta a todo es demasiado —cuestionó Gabriel.
—Sí, por eso irán trotando. Muévanse para empezar —el profesor, sin pena ni vergüenza, les exigió.
Los demás compañeros se empezaron a quejar hasta que:
—Miren, no me gusta que me digan cómo tengo que hacer mi trabajo. Si yo quiero o se me da la gana, puedo hacer que ustedes troten por toda la academia, y si siguen así, les pongo cero de una vez.
Al decir eso nadie más protestó, porque era obvio que ganarse un cero en la primera clase sería nefasto, hasta que Fabiana levantó la mano.
—Yo no puedo.
—¿Por qué? —le cuestionó el profesor.
—Tengo el período, así que no puedo —argumentó Fabiana.
—¿Y? Eso no es problema mío.
—No, pero será problema suyo si me llego a desangrar. Imagínese: "Profesor dejó que su alumna se desangrara" —culminó.
—Eso no va a pasar porque sé que me estás mintiendo —criticó el profesor.
—O sea, encima dice que estoy mintiendo... No, no, no, yo no puedo —seguía Fabiana.
—Mira, el año pasado te excusaste diciendo eso ¡TODO EL AÑO!
—Pero profesor, eso es algo del cuerpo, no se puede controlar.
—¿O sea que a ti te viene el período todas las semanas en mi clase? No seas descarada —terminó de reprocharle.
—Pero eso es algo que no controlo.
—Mira, déjate de excusas y empieza —la fulminó el profesor.
—No lo voy a hacer.
Desde una distancia media, los demás veían el espectáculo.
—¿No deberíamos hacer algo? —opinó Shinro, pero fue detenido por Gabriel.
—Shhh, déjalos pelear —dijo Gabriel.
—Pero si siguen así vamos a perder el tiempo..., dijo Shinro.
—Sí, lo sé. ¿Pero de verdad tú quieres dar una vuelta entera a todo esto?
—Umm, pero no creo que sea corre... —
antes de terminar la oración, Matteo lo interrumpió.
—Déjalos pelear —dijo Matteo.
Shinro se quedó pensando. Miró a los demás para saber qué opinaban y se sorprendió al ver que todos pensaban lo mismo, hasta Cristal.
—Agh —suspiró el profesor. Se acercó a Fabiana y le susurró al oído—: Si tú no haces la actividad, todos sabrán tu secreto.
—Tsk, yo no tengo ningún secreto para que tú me amenaces —desafió Fabiana.
Pero antes de seguir, el profesor pronunció una última palabra:
—Tu libreta.
Al decir eso, Fabiana se quedó helada.
(¡MALDITO VIEJO! ¿CÓMO LO SABE?), fueron sus gritos internos. Resignada, se acercó a los demás.
—Bueno, ¿qué hacemos aquí? ¿Vamos a trotar? —dijo Fabiana con una sonrisa forzada.
—¿Pero qué pasó? —le preguntó Gabriel, pero fue callado por ella.
—No pasó nada. ¿Vamos a hacer algo con nuestras vidas o quieren ser unos flojos?
Al decir eso, todos se alinearon.
—Bueno, muchachos, para que sea más entretenido no seré tan injusto: el primero que llegue se ganará algo —dijo el profesor.
—¿Qué será? —preguntó Agnes.
—Ummm, se los puedo decir ahora o mejor se los digo después —dijo el profesor, pero fue interrumpido por la voz molesta de Agnes.
—¡Escúpelo de una vez, viejo! —un aura de calor la cubrió.
—El primero que llegue va a dirigir la próxima clase —dijo el profe.
—Nah, para eso nada —opino Fabrizio.
—Y mientras dirige, no tendrá que hacer nada —terminó de añadir.
—¿Entonces qué estamos esperando? —dijo Gabriel, ya listo para correr.
Y al decir eso, todos se pusieron en la línea de salida.
—Bueno, será una vuelta completa, algo simple. Pero... —dijo el profesor de repente— cuando hayan pasado la mitad, podrán usar sus habilidades. Las únicas que están prohibidas son la teletransportación y el desplazamiento.
Al terminar de escuchar, todos se quedaron impresionados.
—Pero profesor, ¿al usar nuestras habilidades no será trampa? —opinó Cristal.
—Sí, lo sé, pero por eso la primera mitad será para ver su resistencia, y la otra para ver cómo usan sus habilidades, ya que al final eso requiere exigencia física —respondió el profesor.
(Lo que quiere hacer es probarnos y ver con qué tiene que ponerse exigente y con qué no. Ja, pues huevón no es), pensó Gabriel.
Editado: 11.09.2026