Suspiros, Robados en Otoño

3

"Un capítulo distinto"

Cassander Claudine

Cuando desperté un incómodo dolor recorrió mi cuerpo entero, sabía que se debía al esfuerzo que había hecho el día anterior, y la noche que le precedía, en la mansión de la famosa familia Howard. Me di la vuelta y mire hacia la ventana, la única que había en esa habitación que compartía con mis hermanos Dalton y André. La luz que se filtraba por la desteñida ventana me dio en la cara y me di cuenta de que ya había amanecido, quizás hace algunas horas y que mi familia me había dejado descansar de más.

Me levante y, jadeando por el esfuerzo, salí de la habitación que estaba curiosamente mas vacía que la noche anterior, la noche en la que les había contado a mi familia la extraña proposición de trabajo que el señor Howard me había hecho.

...

Cuando el sol estuvo ocultándose en el firmamento, supe que ya el turno de trabajo de Pierre, Locke y yo había culminado. Los tres estábamos agotados y eso se notaba a leguas en nuestros rostros.

Luego de recibir nuestra paga, los tres salimos con mucha pereza de la gran mansión, aunque, justamente al salir, me sentí liberado de una gran presión que traía en mis hombros sin darme cuenta.

La presión de una mirada exigente, diría mi madre si fuese ella quien la llevase encima.

Me ha encantado conocerles, si en algún momento tenéis tiempo libre, podríamos quedar para beber el té y hablar. Propuso Pierre hablando con su peculiar y típico acento francés que apenas dejaba que yo le entendiese. Apenas habíamos salido de la propiedad y estábamos todavía bastante lejos de las primeras casas del pueblo.

Me parece una idea encantadora. Sería maravilloso que volviésemos a vernos a si fuese en un nuevo trabajole respondió Locke casi al instante.

No volvimos a hablar mucho más luego de eso.

La caminata hacia el pueblo se me hacia agotadora y en varias ocasiones les pedí a los chicos que se detuvieran para que descansásemos un rato. Ellos no se opusieron en lo más mínimo, pues todos estábamos agotados de tanto trabajar en las 48 horas anteriores, sin descanso alguno más que las cortas desapariciones que hacíamos para ir al baño o comer.

Cuando entramos al pueblo, al primero que dejamos en su casa fue a Pierre. Vivía en una casa bastante linda y grande, aunque pude deducir que para cinco hermanos y una madre viuda, la casa resultaba bastante pequeña e incómoda.

Hasta luego, mis jóvenes amigosdijo Pierre antes de entrar a su casa, dándole vida a nuestro pequeño grupo como en cada ocasión desde que salimos de la gran mansión. — Ya sabéis donde encontrarme, por si queréis salir o necesitáis algo. Estoy disponible, al menos durante un buen tiempo, el mismo que me tomaré antes de buscar un nuevo trabajo.

El francés entró en la casa y se despidió con señas, discretas y silenciosas, de nosotros. Locke y yo seguimos nuestro camino ya que todavía faltaba un largo rato para llegar a su casa y la claridad del sol se veía cada vez más lejana, dándole paso a la noche estrellada de la cual ya se veía tallada en el cielo.

En nuestro camino hablamos de muy pocas cosas mientras saludábamos a los pocos conocidos que teníamos en el pueblo y que se hallaban sentados en las afueras de sus hogares o caminando de un lado hacia otro, quizás luego de visitar a algún familiar o amigo que viviese en el pueblo.

 ¿Sabe? Le veo demasiado callado dijo Locke luego de un rato, me impresionó que se diese cuenta, mucho más al recordar que solo nos conocíamos desde unos cuantos días atrás.  ¿Qué sucedió cuando Laphidot Howard le llamó a su oficina? Aunque no nos conozcamos demasiado quiero que sepa que puede confiar y contar conmigo cuando lo necesite.

Me sentí extraño al escucharle, sus palabras se clavaron en mi corazón y me llenaron de alegría. Le dedique una sonrisa, porque sentía que no podía decirle nada a nadie mientras no les contase a mis familiares sobre la propuesta de Sir Howard.

No pasa nada, solo estoy demasiado cansado.

Y con mis palabras concluyó nuestra pequeña charla. No estuve seguro de si mis palabras convencieron al rubio, mas no tuve momento de certificar, pues calles más tarde nos separamos y prometimos encontrarnos en algún momento del otoño.

...

Cuando llegue a mi casa, mi madre y hermanos me esperaban con la cena en la mesa, mi madre, al verme, sonrió y casi corrió a abrazarme, mas no pudo porque antes mi pequeña hermana Sophie se le adelantó y saltó hacia mis brazos que estaban abiertos y dispuestos a recibirles. Mi madre sonrió enternecida al ver la escena y se devolvió a su puesto a la cabeza de la pequeña mesa que teníamos en la casa.

 ¡Has llegado Cassie! Rió la pequeña mostrando sus hoyuelos en las mejillas sonrosadas. Cory tenía cinco años en ese momento y era hermosa, era una bola de piel blanca, cabellos castaños y fuertes extremidades. Para bien o para mal, era una mini copia de nuestro padre, incluso tenía unos ojos azules bastante lindos, los ojos que no se repetían en nadie más de la familia.

— ¿Me esperabas? —dije sin más, el silencio se había adueñado de mí y mi lengua y no se soltaría hasta que le contara a mi madre los deseos de Sir Howard.

 ¡Sí! ¿Te fue bien en tu trabajo? —asentí.

Mi pequeña hermana me obsequio una hermosa sonrisa adornada con sus hermosos hoyuelos, los cuales se formaban en sus carnosas mejillas.




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