Susurro de la corona

PROLOGO

Prólogo

Inglaterra, año 1472.

La noche había caído sobre Londres con una intensidad poco habitual. Una niebla espesa se extendía por las calles empedradas, ocultando las torres de la ciudad y envolviendo los tejados en un silencio inquietante. Solo el sonido distante de las campanas y el trote de algunos caballos rompían la calma de aquella madrugada.

A varios kilómetros de la capital, en lo alto de una colina cubierta por bosques de robles, se alzaba la mansión Blackwood. Sus enormes muros de piedra habían resistido guerras, inviernos y conspiraciones durante generaciones. Para muchos, era una simple residencia noble; para otros, un lugar lleno de secretos que jamás debían salir a la luz.

Esa noche, las ventanas del gran salón permanecían iluminadas. El duque Edmund Blackwood caminaba de un extremo a otro de la habitación mientras sostenía entre sus manos un antiguo pergamino sellado con cera roja. Su rostro, marcado por los años y las responsabilidades, reflejaba una preocupación que jamás había mostrado ante nadie.

Frente a él, sentado junto a la chimenea, se encontraba su hermano menor, William Blackwood.

—Si esos documentos llegan a manos equivocadas, todo habrá terminado para nuestra familia —dijo William en voz baja.

Edmund observó las llamas danzar sobre la madera y guardó silencio durante unos segundos.

—No solo terminará para nosotros —respondió finalmente—. La Corona también caerá.

Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire.

Durante siglos, la familia Blackwood había protegido un secreto heredado de generación en generación. Un conjunto de cartas, mapas y testimonios ocultos en una cámara bajo la mansión demostraban que ciertos acontecimientos relacionados con la sucesión del trono inglés habían sido manipulados mucho tiempo atrás.

El rey conocía la existencia de aquellos documentos. La nobleza más poderosa también. Sin embargo, todos habían preferido guardar silencio.

No era una cuestión de honor.

Era una cuestión de supervivencia.

Mientras la tormenta comenzaba a descargar sobre los bosques cercanos, Edmund se acercó a una enorme estantería tallada en madera oscura. Con manos temblorosas, retiró varios libros antiguos y presionó un mecanismo oculto.

Un ruido metálico resonó en el salón.

Poco a poco, una puerta secreta apareció entre las sombras.

William se levantó y descendió los escalones de piedra junto a su hermano. El pasadizo conducía a una cámara subterránea iluminada únicamente por antorchas. Allí, protegidos por cofres de hierro y símbolos familiares, descansaban los documentos que habían cambiado el destino del reino.

Edmund abrió uno de los cofres y contempló el contenido.

Cartas firmadas por nobles desaparecidos.

Registros prohibidos.

Y una última página escrita con tinta negra que llevaba una advertencia:

«Cuando la verdad sea revelada, la Corona temblará y los nombres de quienes la ocultaron serán borrados de la historia».

Un escalofrío recorrió la espalda de William.

—¿Qué ocurrirá cuando ya no podamos proteger esto? —preguntó.

Edmund cerró el cofre con firmeza.

—Entonces será tarea de nuestros hijos.

Ninguno de los dos imaginaba que, años después, una joven llamada Elizabeth Blackwood descubriría aquel secreto por accidente y pondría en peligro el delicado equilibrio entre la nobleza y la Corona.

Elizabeth había crecido entre bailes, banquetes y estrictas normas de etiqueta. Desde pequeña le enseñaron que el deber estaba por encima de cualquier deseo y que el amor era un privilegio reservado para quienes no cargaban con el peso de un apellido importante.

Pero el destino tenía otros planes.

En un mundo gobernado por alianzas políticas y traiciones silenciosas, conocería a Thomas Ashford, un joven caballero cuya llegada a la mansión Blackwood cambiaría para siempre el curso de sus vidas.

Lo que comenzó como una amistad prohibida pronto se convertiría en algo mucho más peligroso.

Porque amar en el siglo XV no solo significaba desafiar a la propia familia.

A veces, significaba desafiar a un reino entero.

Y, mientras las sombras se extendían sobre Inglaterra, los secretos enterrados bajo la mansión Blackwood aguardaban el momento de despertar una vez más.Si te gusta este prólogo, puedo escribir el capítulo 1 con el encuentro entre Elizabeth y Thomas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.