Susurros de cristal

2. EL EXTRAÑO DE LA VENTANA

Cerré la puerta de la casa y tomé un taxi. Eran cerca de las cuatro de la tarde cuando llegué a la cafetería.

Allí encontré a mi compañera, pero en cambio no estaba sola. Había decidido traer un amigo, al que había decidido no darle tanta importancia en un primer momento como la que merecía más atención de lo que pesé.

Su cabello, de un tono miel luminoso, brillaba con los destellos de la luz, resaltando el contraste con sus ojos de un azul ámbar. No eran aquellos ojos azules comunes que uno se cruza en la rutina.

En su brazo derecho y parte de la espalda se intuían los bordes de tatuajes, apenas visibles bajo la chaqueta. No parecían grandes, sino pequeños fragmentos de tinta repartidos como secretos íntimos sobre la piel.

Me dirigí a la mesa

—Buenas, soy James, siento estar aquí sin avisar— se disculpó con cortesía cediéndome la mano como muestra de saludo— pero acabo de encontrarme a Amelia.

—Soy Olivia —respondí mientras me dirigía quedando sorprendida por el magnetismo de su mirada. No era una belleza ostentosa ni inmediata, pero si difícil de apartar.

Mientras James se disculpaba por su intromisión, un sonido seco resonó contra el cristal de la cafetería. Un golpe fuerte, como si algo hubiese impactado desde fuera.

Giramos al unísono. Afuera, un hombre con capucha nos observaba inmóvil desde la acera.

Sus manos estaban metidas en los bolsillos, pero su postura era rígida, casi desafiante.

—¿Lo conoces? —murmuré a Amelia sin apartar la mirada.
—No... —respondió ella, con la voz más baja de lo normal.

El hombre no se movía, solo seguía observándonos con una paciencia inquietante. De pronto, levantó la mano y la apoyó contra el cristal. Había algo escrito en su palma, letras negras trazadas con rotulador:

"NO CONFÍES"

Un escalofrío recorrió mi espalda. Cuando parpadeé, la acera estaba vacía.
El hombre había desaparecido.

Me quedé mirando el cristal... convencida de que su presencia no había sido una ilusión.

Ese mensaje, esas letras... eran para mí.

Sentí la mirada de Amelia sobre mí, preocupada, pero fingí serenidad. Lo último que quería en ese momento es quebrarme con todo lo que llevaba encima.

Tomé aire, me giré de nuevo hacia James y forcé una sonrisa.

— ¿Y cómo crees que puedes ayudarnos? — pregunté.

—Trabajaba en el periódico The Daily Gazette, trabajaba como fotógrafo y redactor de sucesos. Tuve que renunciar a mi trabajo por algunos problemas, aunque siempre me apasionó. Puedo aportar buscando información, pistas... y por supuesto fotografiando. — intentaba decir entre la melodía apreciable de sus latidos de sorpresa y miedo.

—Nos vendrá bien tu experiencia —admití—, pero este caso debemos mantenerlo en secreto. No podemos permitir que los periódicos interfieran; las víctimas merecen privacidad.

James asintió, y Amelia intervino para suavizar mi tono:
—Claro, el caso quedará en secreto, y todos ayudaremos a nuestra manera.

Después de hablar James se introdujo al tema:

—Tengo un gran amigo de la infancia. Ahora es agente de policía, nos puede dar datos relevantes sobre ciudadanos.

— ¡Una gran idea! — respondió Amelia entusiasmada— Olivia, ¿qué piensas?

— Me parece bien. Lo siento, pero necesito irme, tengo tareas pendientes por hacer. Un placer estar con vosotros, gracias.

— Adiós— se despidieron ambos amigos a la vez.

Mientras caminaba sabía que lo que había dicho antes solo era una excusa. Estaba pensando solo en llegar a casa para descansar, coger un libro y olvidarse de lo que pasa afuera.

Mientras caminaba, una sensación extraña de ser perseguida se hizo evidente.

Mi corazón latía demasiado rápido y mi respiración se agitaba. Me sentía mareada así que decidí pasar por un callejón pensando que podía despistar a quien estaba siguiéndome y llegar antes a mi casa.

La sombra que estaba detrás mía iba desapareciendo, pero yo me sentía cada vez más débil.

A pocos pasos de casa todo se hizo oscuro. Perdí la consciencia, hasta que desperté.

"No estoy en la calle, pero, esto tampoco es mi casa" pensé mientras alzaba la vista levemente para fijarme en dónde podía encontrarme.

Desperté en un lugar diferente, extraño, desconocido.

Una habitación vacía, con una botella de agua y una chocolatina sin abrir, y una hoja doblada junto a mi cabeza

Lo inquietante era que la puerta estaba abierta. Decidí explorar el ambiente antes de salir.

La habitación tenía una ventana que daba a un gran depósito de agua. No era un sótano.

Desde la ventana se veía mi casa, por lo que no debería estar muy lejos. Tampoco creo que sea coincidencia esa ubicación.

Tenía un olor fuerte, bastante fuerte, me recordaba al olor de una rata muerta. Sinceramente nunca he experimentado ese olor, pero no sé porque mi mente lo reconocía de tal manera.

Me puse de pie, buscando equilibrio.

Las paredes llenas de humedad, sucias y poco cuidadas. Había un marco sobre un agujero en la pared.

Dentro había un gato muerto, con sangre aún fresca, entonces supe de donde provenía todo este olor. Aparté la mirada tapándome la nariz con la palma de la mano y tarareando con el intento de no vomitar.

Tras un rato recordé la hoja que había bajo la botella que había visto recién abrir los ojos. Me agache hacia ella con sumo cuidado para no perder el equilibrio, y arrastre la nota despacio como si el objetivo fuese que la botella no se cayese.

La abrí. Contenía una frase, con muy buena caligrafía que decía:

"Te estoy esperando"

Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo erizando hasta el último de mi vello. Cogí el papel, lo guardé en mi bolsillo y salí corriendo.

Bajaba las escaleras con rapidez mientras escuchaba la madera crujir debajo de mis pies. En el penúltimo escalón mi pierna atravesó la tabla antigua partiéndola por la mitad, quedando todo el peso de mi cuerpo sobre el otro pie que estaba un escalón más arriba.




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