Susurros de cristal

9. LA MIRADA EN LA FOTOGRAFÍA

Esa misma mañana Olivia había despertado. Se sentía rara, irreconocible, pero agradable.

Quizá por sus sentimientos incomprendidos por Henry, quizá con el caso que empezaba a encajar...

Una ducha rápida y un desayuno bastarán para devolverle cierta rutina, aunque su mente no dejaba de volver a Henry. Ese recuerdo, como un cosquilleo, le acompañaba en cada gesto.

Se dirigió lentamente al cuarto donde solía pintar para ver si el cuadro que terminó hace dos días se secó.

Lo destapó con cuidado dejando a un lado la sábana blanca que lo tapaba.

Se quedó mirando fijamente cada detalle, cada color para acerarse mejor a cada imperfección que podía suponer encontrarse. Tras minutos de observarlo, abandonó la habitación tan silenciosa y calmada en busca del mundo exterior que la rodeaba.

Escuchó una notificación procedente de su móvil.

Se acercó a la mesa donde lo dejó por última vez y lo encendió para ver quién la recordó a tempranas horas de la mañana.

Leía el mensaje de un número desconocido con sumo cuidado mientras los latidos de su corazón cada vez se aceleraban más, hasta el punto en lo que su mente solo se centraba en ese sonido.

Daba la sensación de que ese sonido se escuchaba por toda la sala.

El mensaje vino con una mezcla de emociones, envuelta en un miedo, una sorpresa y una ignorancia ante lo que pasaba aquel día.

Analizaba cada letra, cada pensamiento que surgía en su cabeza al volver a leer eso.

El mensaje decía:

Olivia, no confíes en nadie. Ni siquiera en él. Lo que estás buscando está más cerca de lo que crees. No es casualidad que todo esto te esté pasando. Y no estás sola.

Ella se quedó helada. Su mano temblaba mientras sostenía el teléfono.

¿Ni siquiera en él? ¿Se refería a Henry? ¿O a alguien más?

Aún con el teléfono en la mano, escuchó un golpe suave en la puerta. Comenzó a bajar las escaleras con una velocidad increíble como si estuviera esperando a que alguien tocase la puerta durante toda su vida.

Se paró enfrente de la puerta, dudando si abrirla o no, hasta que el impulso de hacerlo tomó el control.

Al abrirla, no había nadie. Solo un sobre en el suelo.

Dentro, una fotografía en blanco y negro: Olivia, sentada en el banco del parque donde solía refugiarme. La foto era reciente, demasiado reciente. Estaba fechada el día anterior.

Lo peor no era verse a ella, sino el reflejo en el escaparate de una tienda detrás: una figura borrosa, observándola. La misma que vino a visitarla cuando estaba con James y Amelia.

Le invadió un frío insoportable. El mensaje del teléfono ya no era una advertencia vaga... alguien la estaba vigilando de cerca.

Ese nuevo sentimiento que había florecido por la mañana ahora estaba empañado por una sombra de duda.

Sentía que su tranquilidad había sido un espejismo, una calma previa a una tormenta que se acercaba con pasos firmes.

Guardó el móvil sin responder.

El número era desconocido, y cualquier respuesta podría comprometerla más.

No había margen para errores. Necesitaba entender qué estaba ocurriendo, y para eso debía mantener la cabeza fría.

Se vistió rápidamente, cogió su bolso y salió de casa.

El aire fresco le golpeó el rostro, como si la realidad quisiera hacerle despertar del letargo emocional en el que había estado.

Caminó sin rumbo durante unos minutos, hasta que su instinto la llevó hacia el parque donde solía ir a despejarse. Se sentó en su banco habitual, rodeada de árboles y del sonido suave del viento entre las hojas.

Allí, respirando profundamente, trató de organizar sus ideas.
Todo estaba conectado. Lo sabía.

El caso que investigaban, la persona detrás del mensaje, Henry... y ella misma.

Nada de eso era casual.

Y aunque su corazón seguía latiendo con fuerza, ahora era distinto. Había miedo, sí. Pero también una nueva determinación. Una fuerza que crecía desde lo más profundo de su ser.

Ya no podía mirar hacia otro lado. Ya no podía seguir ignorando que algo mucho más grande estaba ocurriendo.

El mundo que conocía se tambaleaba.
Y Olivia, por primera vez, se sentía lista para descubrir la verdad, sin importar las consecuencias.




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