Susurros de cristal

12. LA PRIMERA PISTA

La noche era densa cuando Olivia, Henry Amelia y James llegaron discretamente a la mansión Duarte no había prensa, ni policías visibles. Solo silencio, acompañadas de luces tenues y un personal tenso caminando de puntillas.

La orden del señor Duarte era clara: ningún civil debía sospechar que su hija había desaparecido. La vida de su hija estaba en juego y no dejaría que nadie se aprovechase de la situación.

Fueron recibidos por Luis Mena, jefe de seguridad de la residencia. Un hombre curtido, de rostro seco y barba entrecana.

—Los llevaré directamente a la habitación de Isabella. La escena se mantuvo intacta —dijo en voz baja, casi como si temiera que las paredes lo escucharan.

Subieron al segundo piso en silencio.

Olivia sentía cómo el ambiente vibraba con una energía extraña, como si algo hubiese quedado suspendido en el aire desde aquella madrugada. El perfume floral aún persistía, casi fantasmal.

Amelia sacó su Tablet y comenzó a escanear la habitación.

—¿Alguna persona nueva trabajando en el personal en los últimos meses? —preguntó Olivia.

Luis Mena dudó.

—Dos. Una cocinera y un jardinero. Pero ya fueron interrogados por nuestros agentes privados. No hay nada que los relacione.

—¿Y cámaras? —preguntó James, conectando su portátil al sistema.

—Se cortaron 11 minutos —repitió Mena, frustrado—Fue una brecha perfecta.

Henry no decía nada. Estaba frente a la ventana abierta, observando el jardín. Sus ojos se entrecerraron.

—¿Qué hay al fondo del jardín?

—Una bodega de herramientas, inactiva desde hace meses —respondió Mena.

—Vamos hacia allí —ordenó Henry.

Olivia lo siguió sin dudar. Amelia y James se quedaron revisando el cuarto con más detalle.

La bodega era pequeña, de ladrillos antiguos y madera húmeda.

Cuando Henry empujó la puerta, esta crujió como si nadie la hubiera abierto en años.

Pero el interior contaba otra historia.

—Aquí hubo movimiento reciente —murmuró Olivia, señalando una huella de zapato en el polvo, parcialmente borrada.

Henry iluminó con la linterna. En una esquina, tapado por una vieja lona, había una caja negra. Dentro: cables, un transmisor de señal, y un pequeño dispositivo que James, al llegar corriendo, identificó al instante.

—Es un inhibidor de frecuencia de corto alcance. Esto bloqueó las cámaras. Esto es tecnología militar —dijo con asombro.

Amelia llegó segundos después, agitada, con algo en la mano.

—Encontré esto detrás del espejo en la habitación de Isabella —y mostró una pequeña nota escrita a mano.

Solo decía:

No es un secuestro si ella decidió irse.

Todos se miraron. Olivia sintió un escalofrío recorriéndole la columna.

—¿Y si esto no fue solo una desaparición? —dijo Henry—. ¿Y si Isabella planeó su salida con ayuda externa?

—¿Por qué una joven que lo tiene todo querría desaparecer así? —preguntó Amelia.

—Porque hay secretos en esta familia —dijo Olivia con seguridad—. Y vamos a descubrir cuáles.




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