La lluvia caía con insistencia sobre los ventanales del archivo central.
Olivia hojeaba documentos con una velocidad mecánica, su mente dividida entre los papeles y los recuerdos.
La conversación con Henry aún pesaba en su cabeza. No había vuelto a tocar el tema de su hermana desde aquella noche en la cafetería. Él tampoco.
—Deberías descansar —dijo una voz detrás de ella.
Era James, con un café en la mano y la mirada cansada, pero cálida.
—No puedo. Algo no encaja y lo sabes —respondió Olivia sin mirarlo.
—¿O no quieres estar sola con tus pensamientos?
Olivia lo miró esta vez. Él le tendió el café. Dudó, pero lo aceptó.
Se sentaron uno frente al otro, entre pilas de carpetas, en silencio por unos segundos.
—¿Puedo preguntarte algo sin que me dispares con la mirada? —dijo James con media sonrisa.
—Inténtalo —contestó ella, sin perder el tono serio.
—¿Confías en Henry?
El aire se volvió más denso en la sala.
—Esa pregunta ya me la hiciste ayer —respondió Olivia.
—Y aún no me diste una respuesta sincera.
Olivia apartó la mirada y exhaló.
—Henry me salvó la vida una vez. Me protegió cuando nadie más lo hacía. Pero también me mintió. Me ocultó que conocía a mi hermana. Que estuvo en esa operación donde ella murió.
—¿Lo odias?
—Lo intento. A veces lo logro. Otras no tanto.
James se acomodó en su silla. La miró en silencio segundos antes de hablar.
—No quiero sonar entrometido, pero no me gusta cómo te mira. Hay algo en su forma de controlarlo todo, de querer tenerte cerca... y no sé si es protección o posesión.
Olivia frunció el ceño.
—¿A qué viene todo esto?
James dudó. Luego habló, bajando el tono.
—A que... me importa lo que te pase. Más de lo que debería. Y me estoy cansando de fingir que no lo noto.
El silencio fue brutal. Olivia bajó la mirada. Se formó una presión en su pecho, mezcla de sorpresa y negación.
—James... esto no es momento para confusiones. Estamos metidos en algo enorme. La hija del diplomático más poderoso del país está desaparecida. Henry está... raro. Y tú estás mezclando emociones que pueden nublarte.
—¿Y tú no? —preguntó él, alzando un poco la voz—. ¿Crees que nadie nota cómo te afecta Henry? Cómo cambias cuando está cerca. No es sano, Olivia.
Ella lo miró, seria.
—Tú no sabes lo que he pasado con él.
—No —respondió James, respirando hondo—. Pero me gustaría que me dejaras estar para lo que venga. Sin secretos. Sin medias verdades.
Un silencio pesado se impuso entre ellos. Olivia desvió la mirada, claramente tocada por lo que acababa de escuchar.
Quería decir algo, pero no encontró las palabras. O tal vez las tenía y no se atrevía.
En ese momento, Amelia irrumpió en la sala con expresión urgente:
—Acaban de encontrar algo en la carretera vieja. Podría estar relacionado con Isabella. Y necesito a los dos ahora.
La tensión quedó flotando mientras recogían sus cosas. Olivia pasó junto a James y se detuvo un segundo.
—Gracias... por decirme la verdad. A tu manera.
Él asintió, sin necesidad de responder.
Tomó su mochila que estaba tendida sobre la silla del escritorio acompañada de un largo suspiro de cansancio que a la vez le ayudaría a disipar las lágrimas que se escondían en sus ojos.
Caminaba hacia la puerta mientras Olivia se giró observando cómo se marchaba apresuradamente. Presentía como su forma de verlo estaba cambiando y sus sentimientos indecisos e incontrolados cada vez tomaban control, llenos de dudas.
Y sin saberlo aún, en ese momento, el lazo entre ambos empezó a cambiar para siempre.