Las carpetas apiladas en la oficina de Olivia parecían inofensivas, pero cada documento que hojeaba pesaba como una piedra.
Llevaba tres horas siguiendo el rastro de lo que Henry le había entregado días atrás: documentos supuestamente encontrados en una bóveda olvidada del archivo interno.
Pero algo no cuadraba.
Entre ellos, una carpeta marcada con acceso restringido y tachaduras deliberadas, como si alguien hubiera querido borrar sus huellas sin dejar de enviar un mensaje.
En la primera página, impreso en tinta oficial:
Nombre: Isabella Duarte
Edad: 16 años
Fecha de desaparición: 12 de marzo
Clasificación: Nivel 7 – Confidencial Diplomático
Estado: NO DIVULGADO – Secuestro no confirmado oficialmente.
Olivia parpadeó. El nombre era conocido, pero casi nunca pronunciado: Isabella Duarte, hija de Esteban Duarte, el diplomático más influyente del país. Arquitecto de alianzas internacionales, intocable en los medios, inaccesible en la vida pública.
Sin embargo, aquí estaba su hija, desaparecida... sin una sola palabra al respecto en la prensa o los canales oficiales.
—Encubrimiento de Estado —murmuró.
Buscó quién había accedido al expediente original. Solo un nombre apareció:
H. Eastman — Código 7004-C
Acceso autorizado: 22 de julio.
Un día después de la desaparición.
—¿Qué estabas buscando, Henry...? —susurró Olivia, sintiendo que una corriente helada le recorría la espalda.
Volvió al caso del asesinato que seguía investigando.
Un funcionario del Ministerio de Seguridad, hallado muerto con signos de tortura. Presentaba rotura en la columna vertebral, y una hemorragia en el lóbulo temporal, seguramente provocada por un golpe. Había desaparecido un único objeto de la escena: un disco duro externo.
¿Quién reportó la falta?
Henry Eastman.
Justificación: "Llegó antes al lugar por cercanía".
Todo comenzaba a encajar... demasiado bien.
Luego, el supuesto cuaderno de Edgar. El que Henry le entregó diciendo que lo había encontrado escondido bajo el escritorio.
Olivia lo examinó de nuevo. Las marcas eran limpias. La tinta fresca. La caligrafía sutilmente distinta a la de Edgar, pero lo suficientemente parecida para pasar por alto.
—Fabricado —susurró. Una mentira puesta con tiempo y precisión.
A las 22:17, su teléfono vibró. Número oculto.
—¿Olivia? Soy Amelia. No quiero sonar paranoica, pero... hoy vino un tipo a casa. Traje gris, tono muy frío. Dijo que venía "de parte de Henry" para revisar cosas de Edgar. Le pedí identificación y no me la mostró. Solo dijo: "Con Henry basta".
Olivia sintió que algo en su estómago se tensaba como un nudo que no podía aflojarse.
—¿Te dijo algo más?
—Solo que era por seguridad del Estado. Y que "el tiempo se está acabando". Olivia, ¿qué está pasando?
Olivia se giró en su silla. Sus ojos recorrieron el tablero donde tenía los nombres, las fotos, las conexiones. Ahora lo veía claro:
Edgar no investigaba el caso.
Edgar presenció algo.
Henry está conectado con la desaparición de Isabella Duarte.
Y alguien está borrando huellas. Una por una.
—Escúchame bien. No abras la puerta a nadie más. Desde ahora solo hablas conmigo. ¿Me entiendes?
—¿Crees que Henry...?
—Creo que Isabella Duarte fue secuestrada por alguien con acceso al sistema. Creo que su desaparición está siendo cubierta desde adentro. Y creo que Henry está en el centro de todo esto.
Amelia guardó silencio. Olivia sabía que ella estaba conectando las piezas a su manera.
—¿Y Edgar?
Olivia tragó saliva.
—Edgar vio algo. Algo que no debía. Por eso está en coma.