Susurros de cristal

36. EL FILO DE LA VERDAD

La cuenta regresiva en la pantalla seguía descendiendo.
00:09:13

Olivia no podía apartar los ojos del mensaje. PROYECTO UMBRA. REACTIVADO.
Una frase tan ajena como inquietante. No entendía qué era, pero su instinto le gritaba que tenía que bajar. Y que Duarte tenía mucho más que ver en todo esto de lo que siempre había dado a entender.

—James, necesito que busques todo lo que tengas de Umbra. Archivos antiguos, grabaciones, notas internas... Lo que sea.
—¿A dónde vas tú?
—Al sótano. Henry está allá abajo. Necesito una explicación.

James quiso detenerla, pero la firmeza en los ojos de Olivia era inquebrantable.

Bajó las escaleras de servicio con paso decidido, aunque cada escalón parecía más pesado que el anterior.

Una mezcla de ansiedad, miedo y una rabia vieja comenzaba a hervir dentro de ella.

Abajo, Henry no había podido pronunciar palabra desde que Duarte había mencionado lo de su padre. Todo lo que creía saber sobre su muerte se derrumbaba. Las piezas no encajaban. O, peor aún, sí lo hacían... pero en un rompecabezas que nunca quiso armar.

—¿Por qué me lo estás contando ahora? ¿Por qué aquí? ¿Por qué justo hoy? —preguntó con la voz rota.

Duarte dejó el archivo sobre la mesa. Lo abrió y lo empujó hacia Henry.

—Porque alguien está reactivando el Proyecto. Y no soy yo. Si no te lo digo ahora, quizás ya no haya un mañana para contártelo.
—¿Quién lo está reactivando?
—No lo sé. Pero sé que hay una traición dentro del equipo. Y que esa cuenta regresiva no es una advertencia... es una ejecución.

Justo entonces, la puerta del sótano chirrió.

—¿Henry? —la voz de Olivia cruzó como un rayo.

Él se levantó de inmediato.

—Estoy aquí. Duarte también.

Olivia entró despacio. Al ver a Duarte en ese estado, herido, agotado, y sentado como un prisionero de sus propios pecados, sintió una mezcla de rechazo y compasión. Pero, sobre todo, hambre de respuestas.

Comenzaron a escucharse pasos procedentes de detrás de Duarte, cuando de repente Olivia sentía que el mundo se detenía sin saber lo que llegaba a sentir en ese instante al ver a un hombre caminar con la mirada casi gacha.

— ¿Papá? — las lágrimas que acompañaban dicha palabra eran las más sinceras que tuvo hasta el momento —¿Tú sabías que mi padre sigue vivo? —preguntó de golpe, sin rodeos.

Duarte alzó la vista, como si esa pregunta fuera una bala certera. Tardó unos segundos en responder.

—Sí.

Olivia lo sintió como una bofetada.
—¿Por qué no lo dijiste? ¿Por qué nos dejaste vivir con esa mentira?

Duarte se incorporó, apoyándose en la mesa.

—Porque lo que él descubrió lo convirtió en un objetivo. Sabía demasiado sobre Umbra, más de lo que incluso yo sabía. Lo obligaron a desaparecer para que no hablara. Y lo hizo... para protegerte a ti.

—¿Quiénes la obligaron?

—Gente que aún trabaja aquí. Gente que ahora quiere activar el experimento. Pero hay algo más...

Olivia sintió un escalofrío. Un recuerdo.

—Es una contraseña, ¿verdad? —preguntó dirigiendo la mirada hacia su padre que parecía incapaz de mirarle como lo hacía cuando era pequeña.

—Sí. Pero no solo digital. Es también una puerta. Un disparador. Algo en ti, Olivia, que ella protegió desde niña. Quizás tú eres la única capaz de detener esto antes de que sea irreversible.

Escuchar de nuevo la voz de su padre parecía un sueño que nunca esperó que se cumpliera, pero el sentimiento había cambiado, ahora más neutro.

Henry, aún con el expediente abierto frente a él, hojeaba los documentos.

—Aquí hay informes de pruebas, de sujetos. Y uno... Edgar Márquez. ¿Por qué aparece aquí?

Duarte respiró hondo.

—Porque fue el único sujeto que sobrevivió a la fase 4 del experimento. No por fuerza. Por resistencia emocional. Edgar podía ocultar recuerdos incluso a sí mismo. Pero antes del accidente, empezó a recordar cosas que lo llevaron al límite. Y fue entonces cuando decidieron apagarlo. Literalmente.

—¿Estás diciendo que... lo indujeron al coma?

—Sí. Lo desconectaron mentalmente, sin que nadie lo notara. Y si Proyecto Umbra se reactiva, lo usarán como núcleo. Será el primero en despertar, pero no como él mismo.

Un silencio mortal llenó el sótano.

En ese momento, desde los altavoces viejos del sistema subterráneo, una voz artificial sonó por primera vez:

"Sistema Umbra: reactivación completada. Iniciando fase 1: activación de memoria condicionada. Objetivo: Edgar Márquez."

El contador en la pantalla, allá arriba, llegó a cero.

00:00:00

Y entonces, sin previo aviso, las luces del edificio parpadearon... y se apagaron por completo.




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