El caos se apoderó de la oficina cuando el sistema cayó. Las pantallas murieron una a una. El mensaje final antes de apagarse retumbaba en sus mentes:
"PROYECTO UMBRA: REACTIVACIÓN COMPLETA"
Mientras arriba reinaba la confusión, en el sótano el mundo parecía suspendido en otra dimensión. Una lámpara temblorosa iluminaba el rostro cansado de Duarte, el gesto tenso de Olivia y la mirada herida de Henry.
Henry, aún con las manos temblorosas, sacó lentamente los papeles que había guardado en su chaqueta.
Los había llevado consigo desde que los encontró en el archivo plateado: una nota con letra apresurada, un sobre sellado con lacre rojo, y la hoja amarillenta con la extraña frase sobre Duarte y un suceso en marzo.
—Estas cartas... las encontré escondidas. Pensé que eran parte del caso, pero son más que eso, ¿verdad? —preguntó, mirándolo con dureza.
Duarte asintió despacio.
—Son fragmentos del protocolo de apagado. Últimos intentos de quienes quisieron frenar lo inevitable. Esa nota —señaló la de letra manuscrita— la escribió tu padre, Henry. Lo hizo antes de morir. Él sabía lo que estaba pasando.
Henry se quedó helado.
—¿Mi padre estaba involucrado?
—Sí. Pero no como ejecutor. Fue quien intentó destruir Umbra desde dentro. Él descubrió lo que hacían contigo, Henry. Sabía que eras solo un niño, pero ya tenías las capacidades que el proyecto buscaba... y que yo, por miedo, no detuve. Tu padre intentó salvarte... y por eso lo mataron. Lo hicieron pasar por un fallo en misión, pero en realidad... fue una ejecución. Y yo firmé el silencio.
Henry apretó los dientes. Sacó la hoja con la pegatina naranja.
—¿Y esta? Estaba marcada. ¿Qué significa?
—Esa hoja era el índice oculto de los sujetos. Los nombres verdaderos de quienes pasaron por Umbra. Estás tú. Está Edgar. Y... —miró a Olivia con un dolor difícil de sostener— ...está Lidia.
—¿Quién es Lidia? —preguntó Henry, aunque ya intuía la respuesta.
Duarte bajó la mirada.
—Mi hija. Mi verdadera hija. El proyecto la marcó desde pequeña. Pero cuando entendí lo que iba a pasar, su madre y yo huimos. Fingimos su muerte. La escondimos. Le dimos otro nombre. Otra vida.
Olivia retrocedió un paso, sintiendo que todo dentro de ella comenzaba a derrumbarse.
—¿Quieres decir que... Lidia soy yo?
Duarte asintió. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Lo hice para salvarte. Y me perdí contigo.
Olivia no supo qué responder. No hubo ira. Solo vacío. Un abismo de recuerdos reconfigurándose, sensaciones confusas de su infancia que, de pronto, tenían explicación.
La gran mentira de la muerte de una hermana que ni existía en realidad. De un caso en el que el objetivo de todo era encontrar la verdad.
Se acercó a su padre, o a lo que ella se había acostumbrado a llamar desde pequeña.
— ¿Es verdad lo que dice? ¡HABLA! — exigía entre sollozos mientras Henry la sujetaba por los hombros para que no se cayese.
El simple gesto de su padre de bajar la mirada ya decía todo lo que Olivia quería saber.
—Y entonces, ¿Qué pasa con Isabella? —dijo Olivia con los ojos llenos de lágrimas retenidas.
—Isabella es tu verdadera hermana, por eso puse la confianza en ti para que llevases a cabo el caso. Quería que supieses la verdad por tu propia cuenta. La hice huir ya que sabía demasiado. No quería que acabase muerta.
Mientras tanto, Henry encontró entre los papeles una última tarjeta, más pequeña, con la palabra Recuerdo escrita a mano por una caligrafía distinta.
—Esta tarjeta... ¿Quién la escribió?
—Tu padre. Fue su última carta. Él creía que esa palabra era la clave para romper el ciclo del proyecto. No una contraseña, sino una elección. Si lograbas recordar lo que se te obligó a olvidar, Umbra perdería el control. El recuerdo como acto de libertad.
Henry respiró hondo. Fue hasta el panel del sistema de Umbra en el sótano, donde el generador de emergencia aún parpadeaba. Insertó el código.
Palabra clave: "Recuerdo". ¿Confirmar protocolo de cierre definitivo?
Miró a Olivia. Ella asintió con lágrimas en los ojos.
—Hazlo.
Henry presionó ENTER.
El sistema se apagó. El archivo fue borrado. El Proyecto Umbra murió... con ellos como testigos finales.
Horas más tarde, la oficina estaba en calma. Duarte fue entregado a las autoridades, no por traición, sino por ocultamiento de pruebas y colaboración con un proyecto clasificado. Su confesión completa ayudó a cerrar el caso.
Los nombres de los agentes involucrados en Umbra fueron liberados. Edgar permanecería bajo vigilancia médica, pero estaba fuera de peligro. Por fin, podía tener paz.
En la azotea del edificio, con el cielo enrojecido por el atardecer, Henry se volvió hacia Olivia. El viento jugaba con su cabello. El rostro de ella reflejaba agotamiento... y esperanza.
—Todo cambió. Pero algo en mí... no lo hizo —dijo él.
—¿Qué cosa?
—Esto —respondió, tomándole las manos—. Lo que siento por ti. Olivia... o Lidia... no importa el nombre. Te amo. Desde el día que te ví, te convertiste en mi sueño, en mi ashé.
Ella se quebró. Lo abrazó. Lo besó con una mezcla de alivio y verdad.
Henry se sentía completo, por fin sentía que no había perdido algo que amaba otra vez más. Sus manos le acariciaban el pelo como si quisiera protegerle del viento que se lo desordenaba levemente.
Podía sentir el pulso delatador que decía que todo estaba bien, y sentir la sonrisa de Olivia que rozaba sus labios con suavidad.
Desde lejos, James los observaba. Había subido a despedirse. Pero se detuvo al verlos. Su pecho se hundió lentamente.
Amelia apareció a su lado.
—¿Estás bien?
—Sí... Solo necesitaba verlos... por última vez.
—¿Te vas?
—Sí. El caso está cerrado. Ya no soy parte de esto. Nunca lo fui del todo.
—Tal vez sí lo fuiste. Solo que en otro rol.