Susurros de magia

El peso de lo que despertó

La calma no duró demasiado. Tras el despertar de Lysan y el retorno de Liam, algo mucho más profundo comenzó a moverse. Las grietas que se abrieron con el caos invocado por Rowen no solo trajeron destrucción, sino también una verdad que hasta entonces había estado dormida.

Eloy, con el rostro ensombrecido, fue el primero en hablar tras su regreso desde la periferia del bosque.

—Las criaturas… han despertado —murmuró, mirando a Kai, Nerea y Liam con una mezcla de temor y urgencia—. No solo están destruyendo todo a su paso. Es como si… recordaran algo. Como si quisieran recuperar este mundo.

Nerea asintió con seriedad.

—Están causando alborotos. No atacan por instinto. Atacan con propósito. Como si nos estuvieran reclamando este mundo como intrusos.

El creador, que aún se mantenía presente junto a Lysan —quien revoloteaba cerca de Liam, ya como su vínculo y extensión mágica—, miró al horizonte.

—Este era su mundo mucho antes que el nuestro —dijo el creador con una voz profunda, como si las palabras nacieran de la tierra misma—. La semilla... la semilla que ustedes protegieron, solo contenía aquello que pocas personas comprenden: equilibrio. Sin esa barrera, el mundo que conocían ahora se cruza con el que una vez fue olvidado.

Kai dio un paso al frente, con el ceño fruncido.

—Entonces… ¿qué debemos hacer?

El creador lo miró, y en sus ojos brilló una respuesta que no era solo esperanza, sino una advertencia.

—Deben sellar las grietas. Pero no será suficiente con cerrar puertas. Las criaturas que ya cruzaron... no pueden permanecer aquí. Y tampoco pueden volver atrás sin consecuencias.

—¿Y qué propones? —preguntó Liam, su voz más fuerte, más firme—. ¿Matarlas?

—No exactamente. Pueden arrebatarles el alma. Pero no será fácil —respondió el creador—. Cada criatura que ha despertado representa un fragmento antiguo de magia, más poderosa que cualquiera que hayan enfrentado. Tendrán que luchar. Tendrán que comprenderlas. Y en algunos casos... tendrán que perder para poder vencer.

Silencio.

Luego, uno a uno, dieron un paso al frente.

—Yo lo haré —dijo Nerea, apretando los puños—. Por mi pueblo. Por todos los que cayeron.

—Yo también —afirmó Kai, con la mirada firme sobre Liam—. Por él. Por todo lo que dio, por todo lo que es.

—Si esto es lo que toca… si este es mi lugar… lucharé —dijo Liam con una voz tranquila, posando una mano sobre Lysan, quien emitió un suave resplandor—. He encontrado algo que pensé que nunca tendría: un hogar.

Eloy sonrió, alzando su lanza con ligereza.

—Y yo por las aventuras, claro. Siempre dije que este mundo escondía secretos. ¡Vamos a descubrirlos!

El creador se acercó a ellos. Sus ojos brillaban con la fuerza de incontables eras.

—Entonces que así sea. Esta será su prueba más grande. Y quizás… también la última. Pero si triunfan, no solo sellarán las grietas. Ustedes crearán el nuevo equilibrio.

Kai asintió y extendió la mano. Uno a uno, los demás hicieron lo mismo.

No eran un ejército. Eran fragmentos distintos, unidos por la misma causa. Un lazo forjado en pérdidas, recuerdos, esperanza… y un destino que solo ellos podían enfrentar.

La batalla por el mundo había comenzado.
Pero esta vez… no estaban solos.




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