La tierra aún no había terminado de cambiar.
Columnas flotantes de piedra se alzaban entre árboles gigantes, el cielo brillaba como si tuviera fisuras de luz líquida y el aire olía a energía nueva, viva… salvaje. Todo era impredecible, como si el mundo apenas estuviera despertando de un sueño largo y peligroso.
Los cuatro —Kai, Liam, Eloy y Nerea— se reunieron frente al Creador, quien se manifestaba como un ser sin forma fija, cubierto por un manto de estrellas y raíces que colgaban desde su espalda como si llevara todo un bosque dormido.
Y entre sus manos, flotando en el centro de un círculo mágico, se encontraba Lysan, con los ojos cerrados y un fulgor suave latiendo desde su interior.
—Este pequeño ya no es solo un espíritu invocado —dijo el Creador, su voz resonando como mil voces superpuestas—. Es el recipiente. Lo que ustedes conocían como “la semilla”… ahora vive en él.
Lysan abrió los ojos. Eran dorados.
—No soy un arma —dijo con suavidad—. Soy una promesa. Y un límite.
El Creador continuó:
—Para restablecer el equilibrio, deben sellar las grietas. Para sellarlas, deberán enfrentar a las criaturas que escaparon del núcleo del mundo. Cada una es la representación viva de lo que la humanidad olvidó: miedo, furia, ego, ruina.
—Y no estaremos solos, ¿verdad? —preguntó Nerea, seria.
—No —respondió el Creador—. Ustedes son parte de este nuevo ciclo.
Alzó una mano y tres fragmentos de luz pura se dividieron en el aire.
Uno para Nerea.
Uno para Eloy.
Uno, mucho más pequeño, para Kai.
—El suyo —explicó el Creador mirando a Kai— no necesita volumen. Ya carga con una conexión que excede la comprensión.
Los tres retrocedieron por instinto. El poder los atravesó como fuego. Como una herida invisible que ardía desde el alma hasta los huesos.
Kai cayó de rodillas, temblando.
—No se compara… —jadeó— con el dolor que sentí cuando Lysan me dio su esencia. Pero… es igual de… real.
Nerea cerró los ojos, controlando su respiración. Eloy… se quedó de pie.
Su mandíbula tensa.
Sus ojos clavados en el horizonte.
Y entonces habló.
—Dame el primero.
—¿Qué criatura eliges enfrentar? —preguntó el Creador.
—La que haya destruido parte del oeste. Esa tormenta con garras que rompió los cielos.
Silencio...
—Aceptado.
Primera Grieta: Valle de los Truenos Muertos
El paisaje era un cementerio de montañas quebradas y árboles arrancados de raíz. Todo olía a ozono y ceniza. La tormenta no había terminado; simplemente, esperaba.
Y ahí estaba.
La criatura.
Un ser de viento sólido, con seis patas de relámpago, alas hechas de vendavales comprimidos y un rostro cubierto por una máscara que cambiaba de forma a cada segundo.
Eloy no habló.
Tampoco la criatura.
Simplemente, cargaron uno contra el otro.
La primera explosión dejó un cráter de energía a su alrededor.
El combate fue una sinfonía de caos.
Eloy giró su lanza al frente y la recubrió de su nueva energía.
—¡Tridente de las Tres Tormentas!
La lanza se dividió en tres, cada una siguiendo una trayectoria mágica, controlada por runas flotantes en sus manos. Cada impacto desató una onda expansiva de luz que arrancó una de las patas de la criatura… que volvió a regenerarse en un relámpago oscuro.
El ser chilló.
Extendió sus alas y lanzó cientos de cuchillas de viento oscuro.
Eloy giró en el aire, tocando uno de los fragmentos de su lanza aún flotando:
—¡Orbe de Anulación de Vórtices!
Una esfera azul oscuro se abrió desde el cielo y absorbió la mayoría de las cuchillas, pero una le alcanzó el costado. Cayó rodando.
Su mano tembló. La sangre empapaba su cadera.
Pero entonces… recordó.
Una imagen. Sola. Una voz.
Su madre, de pie bajo una lluvia suave, entregándole un pañuelo bordado.
"El trueno no puede romperte si sabes quién eres."
Él no sabía quién era aún.
Pero sabía quién no quería ser.
Se levantó.
Su lanza volvió a su mano.
La criatura rugió.
Eloy corrió hacia ella, usando el viento a su favor, canalizando la tormenta misma bajo sus pies.
—¡Resonancia de Trueno Interior! —gritó.
Y en un estallido, apareció justo encima del monstruo.
Giró en el aire. Descendió.
La lanza se transformó en una espiral de energía púrpura.
Y la clavó directo en el centro de la máscara cambiante.
Un grito desgarrador rompió las nubes.
Y por primera vez en años, el cielo del oeste se despejó.
La criatura comenzó a desintegrarse en partículas de viento, dejando un zumbido sagrado detrás.
Eloy cayó de rodillas.
Lysan apareció tras él.
—¿Lo lograste?
Eloy sonrió.
—Falta uno menos.
Sus manos sangraban. Su corazón latía como un tambor de guerra. Pero algo dentro de él había despertado.
Ya no peleaba por respuestas.
Peleaba para proteger lo que quedaba.
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Editado: 25.07.2025