El camino de regreso al pueblo se sintió diferente. Cada paso que daban resonaba con la confianza recién adquirida y la determinación de compartir su luz con los demás. Mientras descendían por las laderas de la montaña, Yisus y Lira discutieron lo que habían aprendido del anciano.
—El verdadero desafío no es solo enfrentar a las sombras externas, sino también las internas —dijo Yisus, recordando la lucha contra su propia inseguridad.
—Sí, y ahora sabemos que no estamos solos en esto —respondió Lira, sonriendo. —Nuestra luz se fortalece cuando nos unimos.
A medida que se acercaban al pueblo, la atmósfera se tornó más tensa. La celebración de la noche anterior había dejado huella, pero el eco de la oscuridad aún se sentía palpable. Las miradas de los aldeanos eran de preocupación, algunas incluso de miedo.
—Debemos actuar rápido —dijo Yisus, sintiendo la urgencia. —Necesitamos reunir a todos y compartir lo que hemos aprendido.
Al llegar al claro, se encontraron con un grupo de aldeanos que se habían reunido, sus rostros marcados por la ansiedad. Al ver a Yisus y Lira, se acercaron, y el anciano que había hablado la noche anterior fue el primero en preguntar.
—¿Qué habéis descubierto? ¿Está el sabio de las montañas con vosotros?
—Hemos aprendido lecciones valiosas —comenzó Lira, levantando la antorcha que aún brillaba intensamente. —La luz y la oscuridad son fuerzas que habitan en todos nosotros. La verdadera batalla está en enfrentar nuestros propios miedos y unirnos para ser más fuertes.
Los aldeanos intercambiaron miradas, algunos asintiendo. El anciano tomó la palabra. —¿Y cómo podemos prepararnos para lo que se avecina?
Yisus sintió que el peso de la responsabilidad recaía sobre sus hombros. —Debemos organizar una vigilia similar a la de la noche anterior, pero esta vez con un enfoque diferente. Necesitamos que todos compartan sus historias, sus miedos y sus esperanzas. Solo así podremos encender una luz colectiva que ahuyente la oscuridad.
—Y también necesitamos entrenamiento —agregó Lira, su voz llena de convicción. —Debemos aprender a luchar juntos, a utilizar nuestra luz y magia como uno solo.
El anciano asintió, comprendiendo la sabiduría detrás de sus palabras. —Entonces, comencemos a reunir a la comunidad. La unión es fundamental.
### Uniendo a la Comunidad
Con el plan establecido, Yisus y Lira comenzaron a moverse entre los aldeanos, invitándolos a unirse a la vigilia. Mientras recorrían el pueblo, notaron que muchos se mostraban reacios a participar. El miedo seguía siendo un enemigo poderoso.
—Debemos demostrarles que la luz es más fuerte —dijo Yisus, sintiendo cómo la frustración comenzaba a crecer.
—Hagamos una demostración —sugirió Lira. —Si podemos mostrarles lo que hemos aprendido, tal vez se inspiren.
Ambos se dirigieron a la plaza central, donde ya comenzaban a reunirse algunas personas curiosas. Con la antorcha en mano, Yisus y Lira se colocaron en el centro, rodeados de miradas expectantes.
—Queremos mostrarles lo que descubrimos en las montañas —comenzó Yisus, sintiendo cómo la energía crecía a su alrededor. —La luz y la oscuridad son parte de nosotros, pero la luz siempre puede prevalecer.
Lira levantó la antorcha, y su luz comenzó a brillar más intensamente. —Hoy enfrentaremos nuestros miedos para mostrarles que no estamos solos. ¡Juntos somos más fuertes!
Ambos cerraron los ojos, sintiendo la conexión entre ellos y entre todos los presentes. A medida que concentraban su energía, la luz de la antorcha se expandió, llenando el espacio con un resplandor cálido y acogedor. Las sombras que antes acechaban se desvanecieron momentáneamente, y los aldeanos comenzaron a sentirse más seguros.
—¡Ahora, compartamos nuestras historias! —gritó Lira, abriendo los ojos y mirando a la multitud. —Quien desee, que se acerque y comparta lo que lleva en el corazón.
Un silencio expectante llenó el aire. Después de un momento, una joven dio un paso adelante. Su voz temblaba al principio, pero pronto se volvió más firme.
—Yo… yo tengo miedo de perder a mi familia. Las sombras han atacado a nuestros niños, y no sé cómo protegerlos.
La luz de la antorcha pareció brillar más intensamente al escuchar su confesión. Otros comenzaron a unirse, compartiendo sus propios miedos y preocupaciones.
—Tengo miedo de que nunca volveremos a ver la paz —dijo un hombre mayor, con la voz entrecortada.
Yisus y Lira escucharon atentamente, sintiendo cómo cada historia encendía la luz dentro de ellos. Cada confesión se transformaba en un hilo de luz que unía a la comunidad, creando un tejido brillante que ahuyentaba la oscuridad.
A medida que más aldeanos compartían sus historias, la atmósfera se volvió más ligera. La conexión entre ellos se fortalecía, y algunos comenzaron a abrazarse, sintiendo que no estaban solos en sus luchas.
### La Luz Colectiva
Después de varias historias, Lira se volvió hacia Yisus, su mirada cargada de emoción. —Esto está funcionando. La luz se está expandiendo.
—Sí, y debemos mantenerla viva —respondió él, sintiendo la energía vibrante en el aire.
El anciano se acercó, su rostro iluminado por la luz de la antorcha. —Esto es lo que significa ser una comunidad. Nos unimos no solo en la lucha contra la oscuridad, sino también en la celebración de nuestra luz.
—Debemos preparar a todos para enfrentar lo que viene —dijo Yisus, sintiendo que el momento de actuar se acercaba. —No solo a través de la luz, sino también con habilidades.
—Hagamos un llamado a todos los que quieran aprender a luchar —agregó Lira. —Podemos organizarnos en grupos y entrenar juntos.
Con el ánimo renovado, comenzaron a planificar cómo llevar a cabo el entrenamiento. El anciano propuso que todos los que tuvieran experiencia en el combate se ofrecieran como voluntarios para enseñar.
—No solo necesitamos fuerza física, sino también la conexión con nuestra luz interna —dijo el anciano. —La magia es un recurso poderoso, y debemos aprender a usarla en armonía.