“Si estás leyendo esto, es porque lograste encender el fuego sin quemar la casa… ya es un buen comienzo. Come bien, pequeño mío. Cada vez que hierva una olla, quiero que recuerdes que mi amor por ti es igual: constante, cálido y siempre encendido.”
Nota extraída de:
Libro de recetas
de la casa Kristensen.
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El cantico del viento se había transformado en suaves susurros del frio, unos tan intensos y mortales que incluso los nativos del planeta tenían problemas para lidiar con él a pesar de haber evolucionado biológicamente para soportarlo. El frio y la nieve siempre fueron los elementos predominantes del ambiente, pero en esta época del ciclo es cuando aquello es llevado a un nivel mucho más extremo y peligroso.
La oscuridad y la luna se alzaban como las máximas gobernantes del cielo, el Kvallvig, o también llamado Kvalljup, ya había dado inicio. La estación de Luna Eterna, la imponente presencia del sol anaranjado era sustituida por una luna de suave brillo azulado en el cielo oscuro. Incapaz de proporcionar la luz y calor suficientes.
No obstante, aunque el frio amenazara con ser mortal había formas de sobrevivir. En especial en los pueblos lo recomendable era no salir mucho de casa a menos que fuera muy necesario, muchos peligros salen en esta época del ciclo para acechar de la oscuridad. Y además existía una forma de poder mantener calor dentro de los hogares.
Ubicada en un pilar de madera del techo, en el centro de la casa rectangular, se encontraba un peculiar objeto colgando de lo alto. El destellasol es un fruto que dan los árboles pinebras, crece en la cima de estos y tiene una forma de estrella de cinco puntas. Aunque su característica más importante es el calor y luz que emiten, el suficiente para poder mantener a una familia caliente en su hogar en esta época.
La casa en la que estaba el fruto estaba diseñada con solo un cuarto, pero en su interior vivían 3 personas y un animal. La anciana y dueña de la casa ocupaba el cuarto, mientras que los dos jóvenes dormían juntos, unían dos largos bancos de madera de la mesa y les ponían sabanas para que sean una cama.
En esta época del ciclo no es raro dormir juntos, las familias suelen hacerlo para ayudarse a mantener el calor en la brisa nocturna, que es cuando más intensos están los susurros del frio. Pero aun compartiendo cama existía un espacio de separación en medio del campesino y el noble, ambos dormían juntos aunque un ojo externo podría notar que estaban incomodos con eso, luego de lo que había pasado entre ambos hace dos soplos.
Sin ser lento o perezoso había alguien aprovechándose de esto, un enorme lobo de pelaje blanco y gris llamado Magnus estaba bien acomodado en medio de ambos muchachos. Durmiendo plácidamente hasta que el interior de su cuerpo le dijo que era el momento, que debía hacerlo; y con eso en cuenta el animal se despertó en un instante y con ganas de salir al exterior.
Kari tenía confianza en todos los que vivían en la casa, así que tenía el lujo de poder dormir de manera profunda y relajada. Algo similar ocurría con Hakon quien también podía dormir cómodo, solo que en su caso el sueño era como la fina capa de hielo de un lago, y ante el menor peso se fracturaba. Los movimientos del lobo para levantarse provocaron que él abriera los parpados en consecuencia, saliendo del Reino de los Sueños para volver a la realidad.
El noble ya estaba acostumbrado a aquello, desde que el campesino quedó inconsciente por una pelea con un Yeti él había tomado su rol en la casa. Lo que significaba que era la persona a quien el enorme lobo iba a molestar para que le abriera la puerta y saliera a hacer sus necesidades al exterior.
Normalmente Magnus debe lamer varias veces la cara de Kari para que se despertara y le abriera, este no era el caso de Hakon, quien antes de que el lobo llegara a la puerta él ya se encontraba despierto y a punto de levantarse. Unió sus manos con uñas de un natural color celeste y elevó ambos brazos en lo alto, se llevó una sorpresa cuando escuchó tronar su codo derecho.
La casa se encontraba un poco a oscuras, algo debido a que el destellasol colgando en lo alto estaba tapado por una pequeña estructura de metal y cristal, la cual tenía el propósito de mermar la luz producida para poder conciliar el sueño con mayor facilidad. A pesar de la menor luz la mirada gris de Hakon se volteó para observar a quien dormía a su lado, quien le daba la espalda.
El campesino no era un humano, se trataba de un alvinter, un Elfo Invernal, al igual que él tenía puesto un pijama de gruesa lana aunque era la única cosa en común. Después de eso solo había diferencias, Kari tenía la piel de color gris y su cabello plateado le llegaba hasta el pecho.
Al verlo, apreciarlo, Hakon recordaba todo lo que sucedió hace dos soplos. Después de que ambos se besaran en el festival de Estrellas Caídas las cosas quedaron incomodas entre ambos, luego del beso no se habían hablado, regresaron a casa sin intercambiar palabras y durmieron en un pesado silencio. En los soplos siguientes la comunicación fue más escasa porque la incomodidad se acrecentaba.
Magnus notó que el noble se distrajo así que le soltó un ladrido para que pudiera regresar en sí, y funcionó porque el joven con marcas blancas de copos de nieve en cada mejilla se volteó a mirarlo. —Cierto, no sería bueno hacerte esperar más —comentó aún somnoliento para acto seguido levantarse.
Ya hace demasiados soplos que se encontraba en la casa, y como el lugar no era muy grande era fácil aprendérselo. Asi que en la oscuridad Hakon supo donde pisar para no chocarse con ningún mueble ni objeto, de esa forma pudo llegar hasta la puerta de entrada para abrirla un poquito y que Magnus pudiera salir corriendo hasta que su figura se perdiera en los altos y gruesos árboles.
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Editado: 29.04.2026