Susurros del Frio y el Alba

Capítulo 2

No olvides probar la sopa antes de servirla. La paciencia hace mejores los sabores… igual que el tiempo hace más fuerte a tu corazón. Aunque no esté por el trabajo, cada paso que das me llena de orgullo.”

Nota extraída de:

Libro de recetas

de la casa Kristensen.

-----O-----

No, en lo profundo de su interior Hakon se negó. No quería que otro soplo mas todo siguiera estando incomodo, y como su padre le había dicho “Si quieres un resultado diferente debes probar algo diferente” así que pensó que cambiar un poco la rutina podría traer algo bueno. Antes de que empezara el Kvalljup ambos tenían un trabajo que cumplir, salían al bosque para buscar pinebras o iban al lago a pescar y patinar.

Solo que ahora desde que inicio la estación de Luna Eterna estuvieron siempre en casa, sin salir y con mucho tiempo muerto <Varios soplos encerrados puede haber hecho que se acumulara la incomodidad> pensó Hakon mientras se cambiaba. El noble se había acercado a la cama para buscar su ropa de abrigo y luego regreso al otro lado de la mesa para cambiarse, mientras tanto el campesino lo hacía desde la cama; ambos dándose la espalda para no verse.

Eso le parecía extraño a ambos pero más al humano de cabellera rubia ceniza <Ya nos vimos con poca ropa antes, nos vimos en situaciones de peligro extremo, en peleas con yetis y al borde de la muerte. Pero ahora nos incomoda vernos en ropa interior>. Pensar eso lo hacía sentir un poco mal, como si todo el progreso que habían logrado se derritiera de un momento a otro.

Debido a eso es que con más razón apoyaba su propia idea de cambiar las cosas. Tomó una bocanada de aire y lo contuvo en su interior, suponiendo que eso potenciaría su Luft y por ende su Chispa interna para hacer las cosas. —¿Sabes? —tomó el calor necesario para hablar—. El otro soplo estaba haciendo un inventario de las cosas en la casa. —Se volteó para mirar a Kari y este seguía dándole la espalda, pero el movimiento de sus orejas puntiagudas le indico que si le estaba prestando atención.

Al terminar de cambiarse el joven regresó a la cama para guardar su pijama en un cajón de madera a un lado, y aprovechó para seguir hablando. —En donde se guardan los ingredientes encontré algo, era un libro de cocina viejo y ojeé sus recetas. Podríamos cocinar pan hoy.

Al campesino solo le faltaba ponerse su abrigado buzo de lana pero se detuvo dejando un brazo fuera al escuchar eso. —¿La abuela sabe que viste ese libro? —preguntó sonando un poco alterado, al menos ya no parecía tan incómodo por lo que Hakon pensó que iba bien.

—No, ella estaba en su cuarto descansando o no sé qué hacía ahí ¿Por qué lo dices? —dijo intentando mantener la conversación andando.

El noble no estaba seguro del porqué, pero antes de que pudiera darse cuenta todo volvió a como hace un momento, no fue capaz de distinguir el copo de nieve que generó la avalancha. Kari retomó su actividad para terminar de abrigarse. —Bah, es que… bueno. Creo que le incomodaría saberlo. —Volvió a hablar de forma incomoda, casi como si no quisiera charlar con él y se forzara más en no hacerlo.

Solo que eso no iba a ser suficiente para enfriar la calurosa iniciativa de Hakon. —No sabía eso ¿Por qué lo dices? —Se tuvo que alejar de nuevo, cargó una tetera con agua y la llevó a la fogata en la punta de la mesa para poner a calentar el agua.

Con más distancia entre ambos el alvinter parecía poder soltarse un poco más. —Recién estoy aprendiendo a leer ahora, así que antes no le daba mucha importancia a los libros. Pero cuando encontré ese libro una vez ella se puso nerviosa. —Mientras Kari hablaba su compañero comparaba la imagen mental que tenia de la anciana con lo que escuchaba, y le parecía muy raro como no coincidían—. Me lo sacó de las manos diciendo que no era nada importante para ver.

Al terminar de vestirse se quedó sentado un momento en la cama, sus ojos de iris blanca quedaron clavados en un punto del suelo, recordando con claridad ese momento. —Fue poco después de que me alojó en su casa y me sanó cuando estaba muy herido, así que le hice caso y lo ignoré. —Pero había algo más—. Alguna que otra vez encontré el libro en su cuarto, imagino que lo leía.

Hakon se había quedado pensando en esa situación. —Y seguro que eso hacía, para recordar alguna receta vieja. —Él se estaba mordiendo las uñas, nervioso pensando de que podría haber hecho que molestara a la anciana—. Entonces antes de usarlo le pediré permiso, por las dudas.

Terminando de contar su experiencia Kari volvió a separar la mirada de su compañero para evitar cruzarla lo máximo posible, de esa forma se levantó de la cama para ir a buscar unas tazas y los sacos con infusiones para preparar. Podía sentirse incomodo estando con Hakon pero no iba a tomar eso como una excusa para no hacer nada.

De la misma forma el noble no se quedó sin nada para hacer, sacó las sábanas de pelaje de la “cama” para doblarlas y guardarlas, seguido movió los bancos de madera de regresó a la mesa. Ya era momento de que los usaran para su función original, y lo bueno es que todavía mantenían acumulado algo del calor corporal de ellos lo que los hacia más cómodos al sentarse.

Una columna de vapor empezó a salir de la tetera de metal, acompañada de un silbido. Asi que Kari se ocupó y la sacó del fuego para servir el agua hervida en cada taza.

Se sentó en uno para quedarse meditando un momento lo que acababa de escuchar sobre la anciana <¿Ella estará ocultando algo? No pensé que fuera ese tipo de persona>. Para bien o para mal, todo entra primero por los ojos, por lo que era imposible no hacerse una primera impresión de las personas en base a su apariencia.

Lo mismo le había ocurrido a él con el campesino, solo que esa primera imagen fue moldeándose mucho mientras más tiempo compartían juntos. En cambio, con la anciana su imagen mental era la misma de cuando la conoció, y era una muy buena imagen. Y ahora esa blanca nieve estaba empañándose con algo de incertidumbre.




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