“Si el pan no sale perfecto, no importa. Nadie nace sabiendo, yo no abrí los ojos con todos mis conocimientos de medicina dentro. Pero siempre recuerda esto: eres lo mejor que hice en toda mi vida.”
Nota extraída de:
Libro de recetas
de la casa Kristensen.
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A la par que el humano le ofrecía el bastón a la abuela también le dijo que ellos estaban ahí para ayudarla, y solo tenía que pedirlo. Ese tipo de gestos y comentarios eran los que descolocaban al alvinter, desde que tenía memoria que formaba parte de un peligroso y poderoso grupo que dirigía desde las sombras la ciudad de Gausva, siendo capaces de manipular y doblegar incluso a los nobles que la gobernaban.
Por eso Kari nunca tuvo en mucha estima a los vargnis, aquellos que portan la sangre de la nobleza y se manifiesta como marcas de copos de nieve en sus mejillas. Ellos solo eran personas manipulables que servían para aparentar, y si se rebelaban había que enseñarles una lección. El propio campesino desde muy joven había sido entrenado como un asesino, acabando con la vida de quienes se opusieran a su grupo, no importa quienes fueran ni su rango.
Tal vez por eso todos los nobles con los que se había cruzado y asesinado eran tan malas personas, después de todo la autoridad que les “correspondía” de nacimiento les fue arrebatada por un grupo criminal. Y aquí es donde entraba en escena Hakon, como ese copo de nieve que sobresalía sobre todos los demás.
Su autoridad le fue arrebatada, y según sus propias palabras su ciudad fue atacada y destruida. Pero ahora no intentaba reclamar, imponer o recuperar esa autoridad. Se lo sentía tan acostumbrado a su nueva rutina aquí que incluso le dolía hablar sobre el tema de marcharse, y aunque tendría que haberlo hecho hace mucho, para en teoría salvar esta ciudad de un posible ataque, todavía seguía aquí. El noble lo ayudaba en su trabajo, cuidaba a la abuela también, y ahora le estaba enseñando a leer y escribir incluso.
Simplemente a la cabeza de Kari le costaba entender como un vargnis podía ser tan buena persona, desinteresado y generoso. Y tenía que vivir con esa contradicción viviente cada soplo, y ahora por la Luna Eterna incluso dormían juntos… lo cual era demasiado incómodo y confuso para el campesino después de que el noble lo besara en el festival, y aun mucho peor era pensar que lo besó para evitar que Kari pudiera entregarle su Chispa.
El secreto de los vargnis, de los nobles, es que ellos mediante su capacidad de redistribuir calor y sus gemas mágicas podían controlar un tipo de fuego capaz incluso de derretir nieve mágica. Si Hakon aceptaba la Chispa de Kari tendría acceso a la magia, a poder manipular la nieve sagrada a su antojo. Y sumado a su control del fuego seria alguien muy poderoso, y aun así había rechazado todo eso.
El alvinter sentía que la situación en la que se encontraban se había congelado por la eternidad, similar a un recuerdo de cristal, con otro momento más de extraña generosidad por parte del humano. Sin embargo, aquel hermoso momento para el campesino se fracturó y derritió cuando los tres escucharon un sonido. Eran golpes sobre madera, Kari supo que provenían de la puerta de entrada.
Un segundo después el Elfo Invernal sintió el desconcierto del humano, su confusión y miedo; el viento frio se lo transmitía. Tal vez ahora las cosas estuvieran muy incomodas entre el campesino y el noble, el alvinter intentando organizar las contradicciones dentro de su cerebro, avergonzado y un poco enfadado con el humano. Y aun así jamás desearía que algo malo le pasara a Hakon.
<Los nobles son muy estrictos con sus estúpidas leyes> pensó <Si alguien se entera de la presencia de Hakon aquí como mínimo lo encarcelarían, no le permitirían ni hablar, y él piensa que tampoco le creerían si avisa de un posible ataque>. Con eso en mente el noble no podía ser descubierto bajo ningún concepto.
—Yo iré a revisar —declaró levantándose de la cama. Su voz sonó algo forzada y poco natural pero era por lo nervioso que se sentía al estar cerca de Hakon, se le dificultaba no concentrarse en esos labios de un rosado claro y bien marcados. En comparación, el noble parecía sorprendido pero algo más tranquilo—. Ustedes quédense aquí y no salgan —dijo al final.
Cruzó la piel de yeti que funcionaba como puerta del cuarto de la abuela y volvió a escuchar los golpes contra la puerta. —¡Ya voy! —gritó. Se apresuró en correr hasta la caja de madera donde el noble guardaba su ropa, sacó una bufanda y fue rápido a tirarla en el cuarto de la abuela y al instante siguiente corrió a la puerta, a la cual alguien seguía llamando.
<Estamos a inicios del Kvalljup así que solo se me ocurren pocas personas que estarían fuera>. Al momento de llegar y abrir la puerta se encontró con una mujer de apariencia joven, fue ahí cuando Kari recordó lo que estaba sucediendo. —Su Blanca Señoría Vinterholm —saludó Kari a la hija del Barón del pueblo. Ella dejaba que una parte de su cabello cayera sobre el lado izquierdo de su cara y le cubriera un ojo.

La mujer, con la marca de un copo de nieve en cada mejilla, levantó una ceja sorprendida. —Joven Kristensen, ya nos vimos varias veces. Le dije que no hacía falta que se dirija a mi así, puede llamarme por mi nombre —dijo acomodándose detrás de la oreja un mechón de su cabello castaño avellana—. ¿Está todo bien? Parece algo agitado.
El alvinter se mordió el labio inferior por un momento antes de hablar. —Está bien, pero entonces también llámame por mi nombre. Por favor, Signe. —La mujer asintió con una sonrisa. Lo normal es que mientras más alto sea el rango nobiliario, con más respeto deben tratar a la persona los campesinos. Pero Signe, aunque obediente y apegada a las reglas, era muy cercana a la gente del pueblo y como era solo la “hija del Barón” podía saltarse un poco las formalidades.
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Editado: 20.05.2026