“Si algún soplo te sientes triste, prepara este plato. Es el que más te gustaba de pequeño. Tal vez no pueda abrazarte en ese momento pero quiero que sientas este sabor como si lo hiciera.”
Nota extraída de:
Libro de recetas
de la casa Kristensen.
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Podían escucharse algunos ruidos de chapoteos provenir desde el final de la casa, allí se encontraba una pared que dividía todo el lugar de un pequeño cuarto, la sala de baño. Lo sorprende era notar como, aunque la entrada al baño estaba tapada por una tela algo de vapor se colaba hasta el exterior.
Durante la Luna Eterna, bañarse podía ser un desafío para un campesino, pero había varias opciones. Una era calentar el agua durante mucho tiempo, aunque el frío extremo la enfriaría rápidamente. Otra alternativa consistía en encender una gran fogata y colocar una enorme olla metálica sobre ella, lo que mantenía el agua caliente... aunque hacía que quien se bañaba pareciera el ingrediente principal de un caldo para yetis.
Pero, la opción más común era atenuar la iluminación de la casa, dejando solo unas pocas velas encendidas, y llevar el destellasol hasta la tina para conservar el calor del agua. Como este método dependía de una única fuente de calor, el baño solía compartirse entre varias personas: todos los varones de la casa primero, luego la madre con los hijos pequeños, o los hermanos juntos antes que los padres.
Sin embargo, ninguna de esas opciones era la que se estaba usando aquí. Si bien hubo una fogata involucrada, el noble la había utilizado de una manera muy distinta. Como vargnis, absorbió todo el calor que pudo hasta alcanzar su límite, luego se dirigió a la ducha y lo liberó en el agua, elevando la temperatura hasta casi el punto de ebullición. Así, podía bañarse con total comodidad, como si fuera cualquier otra estación del ciclo, sin afectar la luz ni el calor de la casa. Cuando el agua comenzaba a enfriarse, simplemente repetía el proceso.
Para Kari el humano parecía un genio al haber descubierto esa opción, aunque lo que más lo descolocaba era esa generosidad tan característica de Hakon y que no lograba conciliar con el hecho de que fuera un noble. Ese método era solo efectivo porque la sangre de la nobleza corría por las venas de Hakon, él podía hacerlo para bañarse, solo que no se limitó a eso.
El joven había ofrecido hacer lo mismo con los demás habitantes de la casa, él calentaría el agua para que los demás puedan bañarse de igual manera; y si la temperatura enfriaba el agua él iba a entrar con los ojos tapados o la persona en la tina se cubría un momento.
Pensar en aquello distraía al campesino de la tarea que se había impuesto. Él se encontraba sentado en la mesa, en frente suyo se desperdigaban unas hojas en blanco, papeles escritos y lápices de carbón. El alvinter seguía con su estudio y práctica, quería aprender a leer y escribir por lo que el noble lo había estado ayudando con eso.
Solo que después de que se besaran en el festival ya no había vuelto a practicar y estudiar, Kari no sentía que fuera capaz de concentrarse con Hakon a su lado. La situación se ponía incomoda y él demasiado nervioso, así no podría estudiar. Pero él en verdad quería hacerlo así que aprovechó este momento en que sin duda el humano no estaría cerca.
<Imaginé que esto sería suficiente> se dijo para sus adentros. Tenía un codo apoyado en la mesa y su mano elevada hasta agarrarse con fuerza de su cabello plateado, su otra mano estaba estirada a lo largo de la mesa y hojas <Aunque esta situación era la ideal no tomé en cuenta lo otro que implicaba>.
Los ojos celestes y blancos de Kari pasaron por las hojas que él escribió repasando la caligrafía de ciertas letras, solo que su mente no procesaba esa información de su entorno, sino que estaba en otro mundo imaginándose otra situación. Detrás de la pared al final de la casa estaba Hakon bañándose, por ende, estaría desnudo.
El campesino ya había dormido al lado de él, e incluso abrazados cuando la tormenta de nieve los obligó a pasar una brisa nocturna en una cueva en las montañas. El campesino ya había probado los labios de él, y ahora se preguntaba como seria besar otras partes de su cuerpo, como sería estar con el noble en este momento que se bañaba.
Su mente le estaba jugando una muy mala pasada, podía sentir sus mejillas teñirse ligeramente de azul por la vergüenza, una vergüenza que estaba disfrutando de más, su cuerpo se calentaba un poco más de lo que debía; y ese calor marchaba hasta debajo de su cintura para encender algo. Se había quedado tan absorto en eso que solo pudo regresar en si cuando escuchó algo.
—¿Te encuentras bien? —Esa voz, proveniente de esos labios. Kari reaccionó al instante y volteó la cabeza hasta la puerta al fondo de la casa, por un segundo pensó que se encontraría al noble desnudo y esa idea le generó un cosquilleo interno. Solo que ese no fue el caso.
El campesino se había quedado tan metido en su imaginación que ni siquiera escuchó cuando el noble dejó de bañarse y se cambió. Ahora estaba parado en la entrada del baño, con su ropa de abrigo bien puesta y sus manos frotando la toalla por su cabello rubio cenizo y húmedo. Aunque su lindo rostro estaba frio de la preocupación que le dirigía al campesino.
—Si —contestó Kari moviendo la cabeza en dirección opuesta, intentando no sonar nervioso.
No pudo verlo pero esa respuesta calmó a Hakon, quien entonces pudo concentrarse en otra cosa. Específicamente en todas las hojas esparcidas por la mesa. El campesino se puso más nervioso al escuchar los pies del noble moverse por la alfombra hacia él. —¿Te pusiste a repasar? Eso es muy bueno ¿Cómo vas? ¿Necesitas ayuda con algo?
Una tempestad nevada se arremolinaba en el estómago de Kari. —No —respondió con brusquedad—. De hecho, justo ya terminaba. —Sin perder tiempo empezó a juntar todas las hojas para llevárselas y guardarlas.
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Editado: 20.05.2026