Susurros del Frio y el Alba

Capítulo 6

La espalda de Kari se encontraba apoyada en el marco de la puerta de entrada, sintiendo un poco del frio de la madera, una pequeña línea de luz se filtraba por debajo, acompañada de una ligera y suave sensación de calor que también desprendía del interior. El suelo estaba muy escarchado y su pantalón no tardó en enfriarse rápido, pero su ropa de abrigo resistiría un rato ese feroz clima.

Tenía las piernas cruzadas y a su lado, sentado con una postura relajada pero digna, estaba Hakon. Su bufanda gruesa y violeta cubría parte de su rostro pero se la sacó para poder hablar mejor con Kari, compartiendo calor sin decir una palabra. Aunque con cada segundo que pasaba los susurros del frío iban dejándoles nieve en la ropa, ninguno de los dos parecía darle importancia.

El vaho salía denso desde la boca de ambos, mezclándose en el aire helado. El noble permanecía en silencio, respetuoso, su mirada fija en el oscuro bosque al frente, aunque de vez en cuando sus ojos claros buscaban los del campesino, como si quisiera decir algo pero no se atreviera a romper la tranquilidad.

Finalmente, Kari dejó escapar un suspiro largo, visible en la gélida nocturnidad, y habló. —No lo entiendo, Hakon. —Su voz sonaba baja, cansada, como si hablara más para sí mismo que para su acompañante.

Con suavidad Hakon giró hacia él, atento, pero sin presionarlo. —¿Qué es lo que no entiendes? —preguntó en un tono cálido, genuino en su preocupación. Siempre se preocupaba por él y su abuela cuando les pasaba algo.

El Elfo Invernal movió su cabeza desde el tenebroso bosque hasta las copas apenas visibles de los árboles, luego más arriba hacia la vasta oscuridad de la Luna Eterna, y por último hacia el gran círculo azul que gobernaba el cielo.

—El pasado no era tan complicado para mí. Solo era entrenar y matar. Un buen trabajo garantizaba una buena comida y aunque los adultos eran unos imbéciles, tenían cierta moral. —Hakon escuchaba sin interrumpir, dándole espacio para desahogarse—. Luego pasó el intento de robo a esa carreta y sus nobles… la avaricia los condenó. Yo sobreviví, pero no sé si fue por obra de los Vindivus o simple suerte. La abuela me encontró y sanó mis heridas. Sentí que era un nuevo comienzo.

Kari se permitió una sonrisa amarga al recordar aquello, a veces quería olvidar ese tiempo y a veces le era muy útil recordarlo. —Ella me salvó. Y luego… apareciste tú. —Kari bajó la cabeza, como avergonzado—. Y eso fue demasiado bueno. Lo agradezco mucho. —Pudo sentir una gran parte de su tempestad interna irse con eso último, y en su lugar quedó una incertidumbre cálida.

Hakon esbozó una leve sonrisa, triste pero cálida. Parecía estar feliz de que por fin podían hablar las cosas pero triste por la situación que pasaba el alvinter. —Tu abuela es una mujer fuerte. Y tú también lo eres, Kari. Aunque no quieras verlo.

Kari negó con la cabeza. —No soy fuerte. No como tú piensas. —Su voz bajó aún más—. En el pasado, yo mismo apagué las Chispas de muchos nobles. Y jamás me arrepentí. Solo que ahora… tú no encajas en ese molde. —Hizo una pausa, intentando encontrar las palabras—. Eres un noble. Tienes las marcas en las mejillas, pero no eres como ellos. Eres… bueno. Demasiado bueno. Generoso. Te preocupas por los demás. Y no eres un tonto.

Bajando la mirada un momento, Hakon se sentía como si las palabras le pesaran en el corazón. —No es bondad, Kari. Es… lo que cualquier persona debería hacer. Los títulos no significan nada si no cuidas a quienes confían en ti. —Su voz tenía un matiz de tristeza, seguramente estaba recordando a sus padres—. Desearía que más nobles pensaran igual.

El campesino miró de nuevo hacia el bosque, su mente llena de memorias. —Me recuerdas a Anders, en algunas cosas. —Al decir ese nombre, su rostro se tensó pero tampoco sentía que estuviera mintiendo.

Frunciendo el ceño Hakon se preocupó. —¿Anders?—preguntó suave antes de recordarlo—. Ah el sastre alvinter del pueblo.

Los dientes de Kari se apretaron, se le dificultó un poco más sacar las palabras. Pero ya había empezado y no iba a detenerse. —Era un mentiroso. Fingió ser alguien que no era para acercarse a mí, para engañarme. Quería mi Chispa. Y ni siquiera le importaba de verdad. Yo no era su única opción. —Sus puños se cerraron, sus manos temblando por algo más que el frío—. Pero tú… tú no eres como él. Las cosas buenas con las que él me engañaba y mentía son genuinas en ti. Has estado aquí todos los soplos. Cumples tus promesas. Te quedaste cuando más te necesitábamos, incluso cuando pudiste haber ido a la ciudad por la posible amenaza de un ataque.

Levantando la cabeza, los ojos brillantes del noble revelaban una mezcla de dolor y ternura. —Kari… me quedé porque quería quedarme. No solo por tu abuela. Sino también por ti. —Su voz era apenas un susurro, pero cargada de calurosa sinceridad.

El campesino lo miró, sorprendido y sin palabras. Sintió una punzada en el pecho, una mezcla de confusión y algo más difícil de describir. —Intenté darte mi Chispa —confesó de pronto, casi sin pensar—. Pero no la aceptaste. Me detuviste. Me… besaste. —Su rostro se tiñó de azul por la vergüenza.

La calidez en la expresión de Hakon parecía derretir el frío a su alrededor, soltó una pequeña risa mientras se sonrojaba y las marcas de sus mejillas brillaban en blanco. —No quería tu Chispa, Kari. No quería que perdieras una parte de ti. Quería que siguieras siendo tú, porque asi te amo. No necesito más poder… solo te necesito a ti.

El silencio los envolvió por un momento, solo el viento frío susurraba a su alrededor.

En ese momento el campesino sintió cómo su incomodidad lo ahogaba por dentro, como si estuviera por vomitar. Y después todo eso se desvanecía de a poco, reemplazada por algo más luminoso y reconfortante. Como el calor del sol tras una brisa nocturna interminable.

Kari se puso de pie, sacudiéndose la nieve de los hombros. —Hace ya un par de soplos que intentabas que hablemos. Creo que… ya entiendo porque. Gracias, Hakon. —Lo que siguió le costó un poco—. Me siento mejor con mi interior, pero mis emociones me confunden aunque tengo claro que también siento algo por ti.




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