"El jarrón no es ofrenda sino espejo.
Mezcla sangre de hombre y bestia, no para alimentar, sino para recordar.
Pues Sais no responde a la pureza, sino al conflicto.
Remueve la mezcla hasta que pierda su origen.
Cuando no puedas distinguir qué vida fue cuál entonces estará lista."
Fragmento de:
Susurros del Frío y
el Alba
-----O-----
La brisa nocturna merodeaba sobre Gnisdelgaus como un manto espeso y silencioso, pero la ciudad no dormía. Bajo la luz de las farolas y ventanas encendidas las calles brillaban con una calidez tenue, como si la energía del sol se negara a irse del todo.
Oak y Bela caminaban juntos por uno de los senderos adoquinados que bordeaban unos canales de agua helada, a lo lejos se escuchaban risas adultas, el murmullo de una flauta callejera y el golpeteo distante de cascos sobre la piedra. La ciudad parecía un lugar más encantador y tranquilo que de costumbre, o tal vez era solo la percepción del artesano.
La mujer tenía su cabello rubio oscuro suelto, cubierto parcialmente por una capucha de lana que dejaba escapar algunos mechones para que el viento jugara con ellos. Al caminar tenían las manos en los bolsillos, en algunos momento Oak casi se tropieza lo que desencadenó unas risas y en otro momento Bela giró sobre sí misma como si estuviera bailando.
–¿Sabes? –dijo ella con un suspiro juguetón–. Me encantan los sonidos de la ciudad a esta hora. Es como si los sonidos flotaran más livianos ¿no te pasa?
El hombre asintió sin dejar de mirarla. –Me pasa –respondió–. Pero creo que tiene más que ver con quien estoy caminando que con la ciudad en sí.
Una sonrisa apareció en el rostro de ella y empujó a su compañero del hombro con suavidad, siguieron caminando unos pasos más pero ahora en un cómodo silencio, dejaban que sus pies marcaran el ritmo acompasado con el sonido lejano de los canales.
Fue entonces que en un cruce, bajo la luz azulada de una farola de cristal, Oak se detuvo. –Bela… –dijo permitiendo que el viento llevara esas palabras con suavidad.
Ella lo miró, sus ojos verdes reflejaban el resplandor de su Chispa como una vela en un espejo de hielo. –¿Si?
Él le tomó la mano con firmeza y calidez, por un momento ambos se quedaron quietos y conectados solo por ese gesto. Oak inspiró hondo, como si lo que iba a decir necesitara encender su Chispa al máximo. –El otro soplo dijiste que te encantaba el patinaje, que desde chica siempre te encanta ir a verlo aunque no siempre puedes darte el gusto. –Sonrió, y su expresión se volvió un poco más seria, aunque emanando un calor especial–. Desde entonces no pude dejar de pensar en eso. Y bueno, tomé unos encargos más de lo usual en el trabajo, y creo que valió la pena.
Volviendo a meter la mano en el bolsillo que quedó libre en su pantalón, acompañado de un gesto casi reverente, el artesano sacó dos pequeñas tarjetas color marfil, con bordes plateados que reflejaban la luz de las farolas y la luna azulada.
–Son para la brisa nocturna de mañana –dijo a la par que se las tendía–. Una función especial, dicen que las danzarinas patinan con vestidos que brillan como las estrellas.
Por un instante Bela no dijo nada, solo se quedó mirando al hombre que tenía en frente. Primero fue con sorpresa, luego el viento le ayudó a contener la expresión de pura emoción y ternura sobre el acto. –Oak –susurró–. ¿De verdad hiciste esto?
Él no pudo evitar bajar la mirada sonrojado. –Quería que tuvieras algo bonito, algo que no se te olvidara.
Sin desperdiciar un aliento más ella fue y lo abrazó. Fue un abrazo rápido e impulsivo, de esos que nacen sin permiso guiado por el calor de una Chispa que arde con pasión, y que por eso valen más que mil palabras. Después de un momento se separaron, ella lo tomó de ambas manos y alzó las entradas para verlas mejor contra la luz.
–Esto ya es inolvidable. –Acto seguido y con una sonrisa reluciente como hielo de alegría–. No sabes cuánto quiero ir contigo.
El artesano la miró como si acabara de ver la luz radiante de las Lágrimas de Nedgaus emanar del cuerpo de ella. –Entonces vayamos –dijo–. A ver como patinan las estrellas.
Bajo las farolas temblorosas por el viento, esa brisa nocturna en Gnisdelgaus se volvió tan especial que Oak sabía que debía tallarlo en un recuerdo de cristal. Asi que observó y memorizó en sus ojos grises cada pequeño detalle del momento.
-----O-----
El taller olía a madera recién lijada, la luz entraba sesgada por las ventanas ubicadas en lo alto, acariciando el polvo suspendido del lugar. En el centro del espacio dos hombres trabajaban en silencio sobre un guardarropas tallado, Oak sostenía una de las puertas mientras su amigo ajustaba las uniones. Tenía las manos llenas de aserrín y los brazos algo fatigados, aun asi su rostro no podía disimular la sonrisa y el brillo en sus ojos.
Sin levantar la mirada del trabajo su amigo le murmuró. –Por los Vindivus ¿vas a contarme que te tiene sonriendo como un Jotun o vas a seguir intentando disimularlo?
El hombre soltó una risa leve, había estado esperando con ansias a que le preguntara. Apoyó las herramientas con cuidado sobre una mesa cercana y se giró con entusiasmo, dejó salir todo como una avalancha. –Sabía que no aguantarías mucho más la curiosidad –dijo entre risas–. Obvio que es Bela, no sabes lo feliz que estoy con ella. Todo va tan bien que siento que estoy viviendo un cuento infantil.
Su amigo levantó una ceja sin dejar de ajustar la pieza que tenía entre sus anchas manos. –¿Bela, eh?
–Sí, cada soplo siento que estamos más unidos. Y te digo más, ella ya no se ausenta por tantos soplos como antes. Y cuando lo hace incluso me avisa, y es por poco tiempo. No puedo creer lo que estamos logrando con pocos meses de conocernos ¿puedes creerlo?
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Editado: 10.06.2026