"Cuando Sais llegue, no habrá forma ni figura.
Solo un susurro que no entra por los oídos, sino por las culpas.
No preguntará qué deseas. Ya lo sabrá.
Hablará de amor como si fuera deuda,
de traición como si fuera destino,
y de justicia como si fuera hambre."
Fragmento de:
Susurros del Frio y
el Alba
-----O-----
La brisa del viento debía transmitir calidez, algo que haría fácil poder distinguir que empezaba la brisa diurna, eso podía permitir que alguien supiera el momento del soplo sin necesidad de ver la posición del sol en el cielo. No obstante aquella habilidad natural había empeorado para el artesano, desde que perdió su Chispa el frio pegaba más fuerte y de la misma manera, le costaba más poder distinguir cosas por el viento.
Debido a eso es que tenía dificultades para deducir en que momento del soplo se encontraba, cuando llegó al taller de trabajo sin duda era la brisa vespertina pero desconocía si ya había cambiado o no. Le costaba más distinguir la luz asi que la que se filtraba por las maderas del techo y pequeñas ventanas tampoco ayudaban mucho.
Cuando fue directo de su casa al trabajo lo hizo como siempre, encapuchado y con la mirada pegada al suelo, pero Oak podría jurar que distinguió varias nubes antes de salir lo que podía bloquear la luz y dificultar todavía más su tarea. Para su suerte el taller era un lugar seguro, nadie más entraría excepto su amigo asi que no sufriría de discriminación ni violencia por parte de extraños que si mantenían su Chispa, lo cual conformaba a prácticamente todas las personas que se movían por la ciudad ahora.
Él ya era un experto en esperar, lo hizo siempre y por mucho tiempo: fue paciente con la maldita de Bela que siempre llegaba tarde a sus citas, lo fue cuando ella desaparecía soplos enteros sin dar explicación, era paciente con el extraño alvinter que conoció en el mercado hace algunos soplos y se comunicaban esporádicamente, y lo era con su amigo quien no es la persona más puntual que existe.
Estaba acostumbrado a la impuntualidad de su amigo asi que se puso a trabajar en el próximo encargo que tenían, adelantando trabajo, es normal que cuando su amigo llegara él le haría alguna broma o lo molestaría al respecto sobre lo tarde que era. Pero estaba seguro que hoy no lo haría, ya que su amigo le tenía que traer algo muy importante que Oak le pidió, y no podía despreciar su gesto de amabilidad burlándose.
Dicho y hecho cuando escuchó el rechinar del portón de madera al abrirse su cuerpo se paralizó un momento, debía admitir que sentía su mente un poco más lenta desde que perdió su Chispa asi que le tomó unos momento procesar que solo otra persona tenía la llave para entrar. Su amigo y compañero de trabajo fue muy cuidadoso al abrir un poco el portón y pasar, se aseguró de que nadie pudiera ver al interior para que no se esparciera el rumor de que su colega de trabajo había perdido su Chispa.
Oak dejó su trabajo y corrió a su lado, se saludaron en el proceso para no ser descortés y al instante pasó a lo que más le interesaba. –Logré conseguir todo lo que me pediste –dijo sonando un poco agotado.
El artesano agarró con desespero entre sus manos la bolsa que traía su amigo. –Enserio muchísimas gracias, enserio. Yo no podía conseguirlo aunque quisiera, los negocios donde las venden solo abren por la brisa diurna y no me atenderían.
Su amigo intentó relajarse moviendo las manos. –Lo sé, lo sé. Pero claro que voy a ayudarte en todo lo que pueda, eres mi amigo y colega. Con o sin Chispa.
-----O-----
El frio le calaba más profundo de lo que debería, de lo que estaba acostumbrado, casi daba a pensar que no se trataba solamente del viento frio de una brisa nocturna sino de algo más. La baja temperatura se sentía más desde la pérdida de su Chispa, le recordaba de qué había sido despojado de la pequeña llama interior que le facilitaba la vida.
Cada paso que daba sobre la nieve era una punzada silenciosa, las ramas desnudas de los árboles se alzaban como dedos rígidos hacia un cielo apenas iluminado por el azul de la luna, pero no era suficiente como para dar consuelo. Y la propia oscuridad parecía beberse esa poca luz.
Aun asi el artesano no estaba por completo a ciegas, tenía un camino que recorrer. No conocía la ruta y era la primera vez que se encontraba aquí, pero el alvinter que conoció fue muy generoso al dejar colgadas unas pequeñas farolas sobre algunas ramas, tenían una vela encendida en su interior y algunas se mecían por el viento.

Oak confiaba en ellas aunque nunca había estado en este bosque, y tal vez confiaba demasiado porque estar sin protección en medio de ese lugar en plena brisa nocturna no era algo muy inteligente tampoco. En las pocas veces que salió de la ciudad solo había visto la línea de árboles a la distancia, y ahora lo atravesaba con las manos apretadas alrededor de una bolsa de tela rustica, pesada por su carga.
Dentro se encontraban varias velas, doce para ser exactos: algunos eran viejas, otras nuevas y todas distintas entre sí. Era algo que el alvinter le había dicho que debía de hacer, conseguir y llevarlas. Que cada uno de los que habían sido traicionados y buscaban justicia traería algo diferente para colaborar.
El viento susurraba entre los troncos y el silencio generaba la alucinación de escuchar voces a la distancia, pero él no tenía que dejar que sus propios sentidos lo traicionaran. Intentando distraer su mente Oak bajó la mirada hasta la bolsa de velas <Me pregunto cuántos más seremos, espero que no muchos> volvió a concentrarse en los faroles <Para tomarse la molestia de marcar el camino ¿tal vez sean 10 como mínimo?>.
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Editado: 10.06.2026