Susurros del Frio y el Alba

Vientos del Crepúsculo 5

"Acepta solo si estás dispuesto a perder aquello que crees justo conservar.

Porque Sais no concede equilibrio.

Solo lo revela después de romperlo".

Fragmento de:

Susurros del Frío y

el Alba.

-----O-----

Era como si el tiempo dentro del claro hubiera dejado de moverse, el silencio casi absoluto solo fue roto por el crujido tenue de la nieve al reacomodarse bajo el peso invisible de lo que fue invocado. En el centro del círculo de piedras estaba eso.

La presencia deforme y negra se alzaba inhumana, mutando de a poco a una silueta varonil esculpida con perfección que solo podía ser antinatural. Su rostro, hermoso y simétrico, parecía hecho para seducir y confundir, para inspirar deseo y pavor por partes iguales. De su cabeza se alzaban cuernos oscuros, curvándose hacia atrás como si fuera una corona símbolo del propio arte que dominaba.

Un momento después se plegaron de su espalda un par de alas negras similares a la de un murciélago, grandes y membranosas, apenas contenidas por su porte erguido. Por ultimo salió de su espalda baja una cola larga y musculosa que serpenteaba atrás de sus talones, y acababa en una punta afilada como pluma.

Cuando por fin terminó de adquirir forma la entidad deslizó una mirada por todos los presentes, y allí donde sus ojos caían los cuerpos temblaban. No porque se movieron, sino porque parecían desear escapar sin ser capaces de hacerlo. Era como si cada mirada suya arrancara algo del interior de los presentes, absorbiéndolo con su sonrisa demasiado blanca para ser natural.

Su mirada de total oscuridad, con motas blancas girando dentro, se fijó con teatralidad en quien encabezaba el ritual, un alvinter sin Chispa. –Dices que necesitan justicia por un amor traicionado –dijo, su voz de un terciopelo sucio.

El alvinter, intentando mantenerse firme, asintió. –Sí. Nos engañaron y robaron la Chispa con mentiras, nos dejaron como cascarones apagados.

La entidad, que acomodaba su cuerpo como si estirara luego de hacer ejercicio, declaró. –Sin duda eso es imperdonable. –El frio del claro pareció aumentar, con cada presente sintiéndolo tan afilado como cuchillas clavándose en su piel.

Con una sonrisa afilada paseó su mirada otra vez por el lugar. –Aquellas personas ¿Dónde se encuentran?

Los cuerpos de los reunidos seguían paralizados, la sensación fría que experimentaban los obligaba a correr desesperados aunque ninguna extremidad les reaccionaba. No obstante, el alvinter, marcado quizás por una voluntad distinta, fue capaz de levantar su brazo y apuntar con su dedo. –En la ciudad –soltó tembloroso–. Ocultos. Todos aquellos que nos engañaron, fuimos incapaces de hallarlos, pero tu si podrías.

Sin dejar huellas en la nieve la entidad caminó y se acercó al límite del círculo, ninguno podía escapar. –Ya veo, y sin duda deben estar sufriendo por esa pérdida ¿no es asi?

Los presentes, aun bajo el yugo de su miedo inmóvil, lograron apenas asentir con la cabeza, como si la voluntad de la entidad les permitiera aquello. –Está bien –dijo sonando dulce, como quien ofrece una bendición–. Me invocaron asi que debo cumplir esa voluntad, acabaré con quienes los engañaron. Pero primero haré que dejen de sufrir.

En ese momento, la oscuridad que emanaba de su figura pareció latir como un corazón oculto, la nieve se alejaba de su alrededor mientras la entidad contaminaba las raíces del mundo. Su cola puntiaguda reaccionó como si tuviera vida propia, se movió por el aire atravesando de repente el pecho del artesano, la punta llena de sangre salió por la boca del hombre antes de regresar por donde vino y dejar detrás de sí un cadáver que teñía de rojo el suelo blanco.

Todos los demás presentes comenzaron a gritar de desesperación, solo porque asi él lo quiso, se los permitió porque disfrutaba eso. Levantó cada brazo a su costado como si formara una cruz, y los pechos de las dos personas que apuntaba con sus palmas comenzaron a crujir y apretarse como quien escurre un trapo húmedo. Acto seguido retumbó el sonido ahogado de una explosión y las otras dos personas parte de la invocación cayeron sin vida al suelo.

Se dio media vuelta y a los otros dos restantes simplemente les separó la cabeza del cuello con un movimiento rápido de sus uñas afiladas, dejando unas fuentes que chorreaban sangre por todos lados. –Ahora solo queda quien encabezó el ritual –dijo apreciando al alvinter con el libro.

Lo agarró del cuello de la ropa y usando sus alas empezó a volar muy por lo alto, superando en un parpadeo la altura máxima de los árboles. –¡Tenías que hacernos dejar de sufrir! ¡Darnos nuestra venganza! –Lloraba el alvinter, agua cayendo de sus ojos alquitranados que rápidamente se congelaban.

–Eso mismo hago –explicó la entidad de forma casual y segura–. Hago que dejen de sufrir, y no te preocupes. El dolor es un espejo y yo soy la mano que lo atraviesa, acabaré con ustedes y cumpliré su petición. Asi lo dictamina el ritual. –Sin darle oportunidad de decir nada más a su presa este abrió su mano y dejó caer al Elfo Invernal al suelo.

El mundo pareció regresar a la normalidad, el brillo de las estrellas y la luna regresaron a sus lugares respectivos en el manto negro. Aunque el mundo ya no era el mismo, una corrupción se había liberado. –Me favorece que los de Bellanoche son cada vez más estúpidos. –Al final de cuentas su ritual de invocación especificaba su profesión, especializado en los sentimientos y vínculos, sobre todo sexo afectivos ¿Por qué traer el ritual de alguien asi a un Mundo Bendecido cuya magia se especializa en los vínculos? Era la receta para el caos, sería lo mismo que llevar su ritual al Mundo Bendecido de Pentalia.

En lo alto la entidad cornuda pudo ver a la lejanía las luces de una ciudad amurallada que limitaba con un lago en forma de medialuna. –Asi que ese es mi objetivo ¿Cómo puedo cumplirlo causando el mayor daño posible a todo el planeta en el proceso? –Moviendo sus alas empezó a dar vueltas sobre su propio eje, analizando con detenimiento todo el terreno de la región donde se hallaba. Hasta que encontró algo que le llamó la atención.




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