Susurros del Frio y el Alba

Capítulo 9

"No importa cuánto tiempo haya pasado. No importa si la nieve cubre los caminos o borra tus huellas, yo nunca dejaré de buscarte.

Aunque sea tarde, aunque estés cansado, vuelve a casa. Solo vuelve".

Nota extraída de:

Libro de recetas

de la casa Kristensen.

-----O-----

Ambos jóvenes cruzaron la piel de yeti que funcionaba como puerta que dividía el cuarto de la anciana del resto de la casa, la mujer se quedó en la esquina de la mesa bebiendo su infusión y Hakon escuchó como su invitada empezó a hablarle antes de que se marcharan. Como ya se estaba volviendo costumbre la anciana tenía algunos problemas para escuchar y para ver, así que Raidia tuvo que elevar el volumen de su voz más de lo que esperaba.

Una vez que se detuvieron en el otro lado conectaron sus miradas, el noble es un poco más alto que el campesino por lo que tenía que inclinar ligeramente su cabeza para poder verlo. Aun así le gustaba tanto apreciarlo que se quedó haciéndolo un momento, solo contemplándolo, nada más pasaba por su mente.

Poca era la distancia el uno del otro, y aunque su invitada charlaba casi a los gritos desde la mesa de todas formas Kari decidió susurrar para hablarle, por lo que su cercanía era bastante. —Espera un momento —dijo como si el noble estuviera pasando algo por alto.

—¿Qué pasa? —respondió Hakon, más de forma automática que otra cosa. Su mente estaba más concentrada en el rostro del alvinter, en su piel gris y en como las pecas blancas en sus mejillas parecían formar estrellas invertidas. Tal vez el cielo oscuro estuviera tapando todas las estrellas, pero al noble no le hacían falta verlas, todas las que quería ver estaban en la cara de su compañero.

—Recuérdalo Hakon. —Escuchar como él pronunciaba su nombre le generó un escalofrió agradable, como si su Chispa interna se sacudiera por el viento que llevaba sus palabras aunque sin la amenaza de apagarse—. Raidia, ella fue quien nos dio esa pócima mágica cuando estabas herido. La usé contigo y te curó una herida mortal en tu pierna en pocos soplos.

Para el humano era difícil no olvidarse de eso, nunca había sufrido tanto en su vida como con el accidente en la carreta cuando escapaba con su familia. Sin duda ese soplo había sido el peor de su vida, su ciudad fue atacada y seguramente destruida, sus padres murieron y había quedado al borde de la muerte. Su pierna podría estar como hielo nuevo, pero en su Chispa quedaba la marca del dolor.

—Lo tengo cristalino como escharcha Kari, y estoy muy agradecido con ella por eso. Solo que no sé a dónde quieres llegar. —El noble sentía que, tal vez, en el pasado aquella petición no hubiera llegado muy lejos. Pero muchos soplos habían pasado desde que los Vindivus los forzaron a convivir y experimentaron demasiadas cosas juntas, aquella charla fuera de su casa el otro soplo fue una de las más importantes. Y Hakon sentía que gracias a ella Kari ahora era más abierto, no evitaba responder algunas preguntas y tampoco desviaba la conversación.

Por un momento el alvinter dudó, algo que no duró mucho tiempo antes de que el viento se lo llevara y dejara una calurosa certidumbre en su lugar. El campesino tampoco evitó la petición y contestó, fue sincero. —Algo pasó el otro soplo —relató—, cuando vino Signe, la hija del Barón. —El noble movió un poco la cabeza para un lado debido a la confusión—. Ella no estaba bien.

—Sí, la anciana lo dijo. Hace algunos ciclos unos licántropos la atacaron. Ella hizo todo lo que pudo pero la hija del Barón perdió la visión de un ojo y quedó mal de la vista en el otro. —Recordar aquello fue lo que hizo que todo cambiara, la expresión que tenía Kari se modificó al escucharlo. A Hakon le transmitía la sensación como si hubiera dicho una mentira—. ¿Qué? ¿Qué pasa?

—Lo que te dijo la abuela no era mentira, pero tampoco diría que es verdad ahora. —Kari bajó la mirada por un instante, su voz sonaba contenida, pero la tensión en sus hombros traicionaba el esfuerzo por mantenerse sereno.

—No… entiendo… —Hakon frunció el ceño, su voz apenas fue un susurro en el frio. Sus manos temblaban levemente, apretadas contra su abdomen como si intentara sujetar su propia confusión.

El campesino tomó aire, y aunque intentaba controlar su emoción, el calor en su tono se filtraba un poco. —Fueron ellos, la gente de Raidia, los Solfodd. —Sus palabras salían más rápido de lo que quería, como si cada sílaba quemara al salir de su boca—. Ella misma lo dijo hace poco, su gente hace tratos con los nobles de la ciudad cercana y los de este pueblo.

Hakon no respondió. Su mirada permanecía clavada en Kari, inmóvil, pero sus labios se apretaron en una fina línea. Sentía las ganas de morderse sus uñas celestes aunque pudo contenerlas bien.

—Ellos hicieron un trato —continuó Kari, esta vez más despacio, como si cada palabra le pesara—, y a cambio los Solfodd curaron a Signe, no sé qué le hicieron pero cuando vino de visita el otro soplo lo presencié en persona. —Su voz tembló un poco del asombro al recordarlo—. Ahora gracias a la ayuda de ese extraño objeto que Raidia usa para ocultar sus ojos solares Signe puede ver mucho mejor… y lo más sorprende es que recuperó su visión del ojo izquierdo.

—Claro, otra muestra más de hasta dónde llega su extraña y poderosa magia curativa —dijo Hakon aceptando aquella maravilla, no podía ser de otra forma ya que también la había experimentado en carne propia.

Kari se inclinó hacia adelante por la urgencia y las mejillas del noble se enrojecieron a la par que las marcas de copos de nieve brillaban con suavidad. —A lo que quiero llegar es que deberíamos aceptar el trabajo que nos ofrece, si nos paga bien podríamos usar ese dinero con su gente para pedir que ayuden a la abuela.

La expresión de Hakon se endureció. Levantó la cabeza despacio, sus ojos fijos en los de Kari, firmes como el hielo. —El trabajo de un noble es garantizar la seguridad de su comunidad, ustedes en esta casa son mi comunidad. No puedo dejar que algo malo les pase.




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