"Pequeño mió, hoy dejé esta receta preparada como solía hacerlo cuando eras más chico. Sé que probablemente ya eres lo bastante grande para hacerlo tú solo, pero no puedo evitarlo. Es por si regresas de la tormenta y tienes hambre, en cada tormenta pienso que vas a regresar."
Nota extraída de:
Libro de recetas
de la casa Kristensen.
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Colgando del techo de la casa el destellasol cumplía muy bien su función, otorgaba mucha luz y calor para que los residentes pudieran soportar la dura estación del ciclo. Era la época en donde los hermanos, las familias, los vecinos y las comunidades tenían que ser más unidos para ayudarse a sobrevivir.
Si uno permanecía en su hogar no había de qué preocuparse, en el pueblo la familia del noble se encargaba de que todos tuvieran lo necesario para pasarla bien así que no había mucha necesidad de salir. Y las muy bajas temperaturas y ambiente oscuro no eran las únicas razones por las que no se debía salir, en ese frio y oscuridad se ocultaban muchos peligros.
La cabeza de Hakon intentaba confiar en la rara y amigable chica del mercado, tenía razones de sobra para hacerlo. Pero a su vez le era muy difícil no preocuparse, al menos Magnus iba a ir con ellos, por lo que eso era un problema menos; y a su vez quedaba otro mucho más grande. La anciana, la abuela de Kari, cada soplo más enferma y envejecida.
Ensimismado en sus nervios y preocupaciones, algunas más justificadas que otras, el humano no se percató cuando el alvinter se acercó a él por detrás y le colocó una mano en el hombro para llamar su atención. Hakon tenía mucha ropa de abrigo puesta encima, y aun así pudo sentir el toque de su compañero como si fuera piel con piel.
—No te veo bien ¿quieres que te prepare otra infusión relajante? —preguntó Kari, parecía más nervioso por el noble que por todo lo que estaban por hacer.
—No, no —negó al instante y se dio media vuelta para quedar cara a cara—. Otra más podría hacer que me de sueño, lo que menos me gustaría ahora es dormirme en medio de este importante soplo. —Rápidamente la mente del humano cambió de un tema a otro, similar a un copo de nieve que el viento lleva por distintas flores—. Empezará en cualquier momento, y ella todavía no ha llegado ¿le habrá pasado algo? ¿Se habrá olvidado? ¿Retrasado? O peor…
El campesino estaba, cuanto menos, muy desconcertado con el actuar actual del noble. Nunca antes lo había visto tan así, incluso hubo una vez en que el propio Hakon propuso algo muy peligroso como ir a intentar cazar a un Yeti y estaba emocionado al respecto. Y ahora que irían a hacer algo mucho más sencillo y menos peligroso que eso él estaba peor.
Antes el alvinter solo hubiera dejado esa duda como un soplo en su cabeza para crear fuertes corrientes de viento que lo atormentarían, pero Kari ya no era como antes y desde la charla que tuvieron fuera de casa el otro soplo sentía una mayor conexión con el noble. Y ese vínculo reforzado le daba una mayor facilidad para poder comunicarle casi cualquier cosa.
—Está bien, entiendo. Tranquilo —le dijo de manera pausada para intentar contagiarle esa tranquilidad. Hakon podía sentirla, sentía lo relajante que era el calor que emanaba del campesino e intentaba aferrarse a eso, se concentraba en la anciana y su calor era un poco más caliente pero de igual manera relajado, incluso el de Magnus era así. El noble era el único con una Chispa fuera de control en estos momentos, y no tardaron en hacérselo saber.
—Nunca antes te habías puesto así —prosiguió Kari—. ¿Qué es lo que en verdad te preocupa? Dime en que puedo ayudarte.
Eso fue lo que el noble necesitó para forzarse a calmarse de verdad, el campesino le ofreció su bufanda violeta y se la puso alrededor del cuello, la dejó lista para taparse la mitad inferior de la cabeza cuando fuera necesario. —Cuando había que hacer viajes de negocios con mis padres me ponía igual —explicó Hakon obligándose a ir más despacio. Con una mano en el bolsillo de su abrigo frotaba los dos anillos de sus padres, intentaba buscar el calor residual de ellos para reconfortarse aunque cada vez lo sentía menos.
—¿Te recuerdo lo emocionado que estabas por ir a cazar un Yeti? Y esto tampoco es un viaje de negocios, es como nuestro trabajo de cada soplo. —Kari hizo una pequeña pausa y separó la mirada un momento, porque a muy grandes rasgos podía parecer lo mismo aunque en realidad no lo era—. Bueno… solo que con más gente, que desconocemos, y en la Luna Eterna, y no vamos a pescar ni buscar frutos. Pero entiendes a qué me refiero. —Para intentar endulzar la cosa el campesino le dedico una dulce sonrisa (intentó que sea dulce) y le guiñó un ojo de forma coqueta. No dio tanto resultado como esperaba.
El Elfo Invernal intentó subirle el ánimo a su compañero, y al terminar de hablarle le dio la impresión de que hizo lo contrario. Él no era muy bueno socializando con las personas, y menos con casi todos los humanos. Al menos lo había intentado.
El rostro blanco de Hakon se inclinó despacio para abajo, el nerviosismo parecía haberse quemado pero lo que quedó en las cenizas fue más tristeza, una antigua. —Ni me recuerdes aquella vez, todavía me siento muy mal al respecto. Me confié demasiado al descubrir mis… habilidades como noble. —Y tal vez ahí se encontraba la chispa que lo encendía todo—. Y no quiero que eso vuelva a pasarme, y para calentar mas todo estamos en el Kvalljup, y ella no ha estado muy bien últimamente —dijo refiriéndose a la anciana.
—Lo sé, lo sé —contestó con mucho pesar—. Por eso hacemos esto, no es por avaricia y ganar mucho dinero. Es por ella. —Por un momento Kari se fijó en la anciana que buscaba algo en unas cajas de madera—. Nos vamos para regresar y poder ayudarla, vamos a devolverle una porción de todo lo que hizo por nosotros.
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Editado: 01.07.2026