"A veces temo que el frío haya sido más fuerte que tú, pero luego recuerdo cómo te reías del invierno, cómo corrías entre la nieve como si fueras parte de ella."
Nota extraída de:
Libro de recetas
de la casa Kristensen.
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No hacían falta las potentes y calurosas luces de los grones para darse cuenta de la incomodidad y molestia que el gran lobo cargaba encima, sin duda para terceros era más tranquilizador ver a un animal tan grande y feroz con esas restricciones en su hocico cuando estaba molesto. Pero no tomaban en cuenta que eran esas mismas restricciones las que lo ponían de mal humor.
De todas formas Kari no podía hacer nada al respecto, en una primera instancia aquel soplo en el que Raidia fue a ofrecerles el trabajo ellos se negaron por voluntad de Hakon pero el campesino lo convenció de aceptar. Después de eso regresaron a hablar más a detalles del trabajo con la Solfodd, ella les comentó que no irían muy lejos pero que se moverían en un dispositivo aéreo.
Al cerrar el acuerdo se sorprendió cuando el noble y el campesino dieron a entender que el lobo también los acompañaría, en un principio ella sugirió que no aunque ambos muchachos insistieron porque Magnus es tan parte del equipo como ellos. Pero este era el precio a pagar por su participación <Si no me dejo llevar por las emociones y lo pienso entonces tampoco puedo culparlos> reflexionaba el alvinter mientras caminaba por el bosque en total oscuridad a pesar de ser la brisa diurna.
Por delante se encontraba el humano y la Solfodd charlando de temas que se escapaban de su comprensión, así que solo podía concentrarse en su compañero de cuatro patas a un lado el cual no ocultaba su enfado <Estas personas no conocen de nada de Magnus, es intimidante y juguetón. Obvio van a estar asustadas>.
A su vez Kari estaba un poco sorprendido de su actitud, claro que meditaba un poco sus acciones antes de tomar la iniciativa solo que ahora estaba mucho más reflexivo. En un principio le adjudicaría eso al hecho de haber dejado a su abuela en casa en esta época del ciclo, pero pensándolo un poco más se notaba que era algo que venía de varios soplos antes.
De por si cuando llega la Luna Eterna uno va a pasar mucho más tiempo en casa y rodeado de sus cercanos, sin poder salir y con la lista de actividades reducida se daba mucho tiempo para la reflexión. Algo que de igual manera el campesino tuvo que congelar cuando Raidia avisó que llegaron a su destino.
Más por delante había un sector del bosque que formaba un claro, Kari lo conocía como la palma de su mano aunque con tanta oscuridad le era difícil reconocerlo. El sendero por el que fueron parecía formar un pasillo, siendo los altísimos arboles a los costados las paredes.
Cuando llegaron a su destino notaron como los árboles en vez de seguir por delante doblaban para dar la forma de un círculo mal dibujado, un gran espacio en el bosque cubierto por un manto de nieve blanca. Es un lugar lindo cuando está el sol pero tampoco muy interesante, no tiene nada: sin arboles no se pueden recolectar frutos y tampoco hay un lago para pescar. Así que Kari tampoco iba muy a menudo, tenía la sospecha de que aquí se sacó la madera para la construcción de muchas casas del pueblo.
Los cuatro se detuvieron en la entrada del claro, la mujer de rostro rectangular levantó su brazo para presionar su ropa a la altura de la muñeca y los grones flotando por arriba se movieron. Parecían soldados o Ventiscas Doradas muy bien entrenadas, con precisión se ubicaron a una distancia precisa una de la otra y formaron un sendero que dirigía al medio del claro. Cuando la última esfera brillante se detuvo, la luz que irradiaba les reveló algo a los tres trabajadores, se trataba del vehículo aéreo que comentó Raidia.
Para los habitantes de Hibernia Minor el concepto de un vehículo aéreo no era ajeno ni desconocido. Las Ventiscas Doradas, capaces de alterar el estado de la nieve mágica entre gaseoso y líquido, solían transportar pasajeros generando una neblina dorada bajo una tabla de madera ancha, permitiendo un desplazamiento veloz y ligero.
Por eso, Hakon y Kari asumieron que esto sería algo similar. Pero cuando vieron el "vehículo aéreo", cualquier comparación se desmoronó en un instante. Sus rostros reflejaron un asombro imposible de disimular. No era una simple tabla flotante con ajustes rudimentarios ni una estructura que dependiera de la nieve mágica. No.
Lo que iluminaba el grone en la penumbra era solo una fracción de algo colosal, una estructura que había permanecido oculta, camuflada en la negrura del bosque y la brisa nocturna a pesar de su imponente tamaño. Su mera presencia imponía respeto… y un leve escalofrío. No podía ser de otra manera cuando todo su exterior estaba compuesto de metal negro y cristal, absorbiendo la luz como si se tragara el entorno mismo.
<¿Por qué usan tanto metal?> se cuestionó Kari, incapaz de concebirlo más allá de su uso en armas, armaduras o utensilios de cocina. La idea de que sirviera para algo más lo inquietaba tanto como lo fascinaba.
La imponente silueta rectangular y ancha apenas les fue visible entre la bruma helada y las sombras de los árboles cubiertos de nieve. Con la llegada de ellos aparecieron pequeños puntos de luz que parecían marcar un perímetro, lo que ayudaba a hacerse una idea de cómo era el vehículo a pesar de la poca luz y gran oscuridad. Esas pequeñas luces que salían del metal le daban un aire espectral, como si fuera un fragmento de la noche arrancado del cielo y dejado en la tierra.
Una de las puntas del vehículo era muy puntiaguda y tenía mucho cristal, en cambio a los costados sobresalían extraños tubos unidos al cuerpo, eran cuatro en total siendo dos de cada lado y cerca de las puntas.
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Editado: 22.07.2026