"Según la tradición oral y algunos documentos no verificados, la familia real Senhet-gaus habría conservado parte del equipamiento forjado por Volundir.
Se dice que estas armas y armaduras permanecen resguardadas y que solo serían utilizadas en circunstancias excepcionales, debido al desequilibrio que podrían generar en un conflicto.
Aunque no existen pruebas públicas que confirmen esta afirmación, su persistencia en la cultura local refleja la importancia simbólica de Volundir en la historia de la región."
Fragmento de: Última edición - Historia de Offrasolned.
Libro oficial de historia para las escuelas de Gavasta.
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El trineo avanzaba veloz, flotando sobre la estela de gas dorado que la vicecapitana mantenía en control absoluto. Loren se mantenía envuelto en tantas capas de abrigo denso que apenas se distinguía su forma, pero ese acogedor calor acumulado lo hacía dormitar en un viaje tan tranquilo y aburrido.
Su mente se relajaba por el silencio, como mucho la mujer hablaba con su pareja o viceversa mientras que a él lo ignoraban bastante. Sumado al vaivén sutil del trineo en el aire su cuerpo se inclinaba un poco para los costados, y aun con la soga de seguridad el miedo a caerse era el suficiente para no dormirse por completo.
Fue entonces que una firme voz femenina lo despertó de golpe. —Prepárate, ya estamos por llegar a Gavasta —dijo la mujer refiriéndose a él.
Los ojos de Loren se abrieron al instante, aunque pesados al principio se concentraron rápido en su entorno. El joven se incorporó un poco para levantar la mirada a lo que tenía por delante, la soga en su cintura crujió un poco por lo congelada que estaba. Era imposible no verlo.
Se trataba de la ciudad más grande de toda la región, se alzaba en la oscuridad como un faro, amurallada y llena de orgullo. Altas torres de vigilancia se clavaban en el cielo oscuro como lanzas puntiagudas y brillantes, el muro del que se sostenían era vasto y robusto, cubierto de escarcha aunque bien iluminado.
Un estremecimiento le atravesó el cuerpo muerto, no era frio sino sus recuerdos. Había leído un poco sobre esta ciudad en su viaje al planeta, solo que en persona era distinto y acercarse más a la ciudad le generó una incómoda sensación familiar. Las luces, las calles, el murmullo de la vida cotidiana a la distancia; todo le recordaba a su planeta natal.
Atravesaron el muro defensivo y la sensación se intensificó, era un poco similar a sus ciudades, donde el cristal y el metal se elevaban sobre la contaminación radiactiva, donde los reflejos de los vidrios rivalizaban con las nubes verdes. No obstante, esto era diferente, esta ciudad era más pequeña, había mucha más piedra, nieve en los tejados y humo saliendo de chimeneas.
Adentrándose más en la urbe el trineo sobre la nube descendió un poco, ahora sobrevolando más cerca de las calles. Podían verse los barrios con casas bajas y tierra nevada en los techos, pequeños patios cerrados, todas las calles empedradas que zigzagueaban como venas y gente caminando por ellas. Las personas dentro estaban bien abrigadas, aunque no tanto como él, los hombres y mujeres, humanos y elfos invernales tiraban de carros, cargaban leña y vendían pan humeando.
<Me encanta que no haya sol ¿pero cómo pueden vivir con este frio?> pensó por un momento. Para ellos esto era lo normal, sus vidas no se detenían por la oscuridad, sino que se preparaban con antelación para mantener el calor y alumbrar todo alejando a las sombras.
La atención no le duró mucho a lo que tenía debajo, porque la estructura que se levantaba por delante era más magnética y atrayente para su mirada. Se trataba de un enorme castillo.
Estaba ubicado en el centro de la ciudad, rodeado por otro muro algo más pequeño aunque elegantemente decorado. También lo protegían torres altas nevadas y con piedra helada, al acercarse Loren pudo distinguir los jardines congelados del interior, caminos de grava cubiertos de escarcha, fuentes detenidas por el hielo y estatuas abrigadas como si estuvieran vivas.
El castillo mismo se alzaba con una imponencia que sorprendía al nenonato, le costaba reconocer como un planeta con este nivel de desarrollo era capaz de levantar semejante estructura. Era alto, pero no desproporcionado, tenía techos puntiagudos cubiertos de nieve, ventanales alargados y muros que parecían evitar que el calor escapara.

Loren notó que tenía la boca abierta cuando sintió como se le congelaba el interior, así que la cerró de golpe. El trineo giró en dirección al castillo, y mientras avanzaba se le escaparon unas palabras. —No pensé que encontraría algo tan majestuoso en un mundo como este, fascinante.
La vicecapitana y su pareja no le prestaron mucha atención, estaban más concentrados en como el trineo decencia. El neonato no pudo apartar la vista de la alta torre que coronaba uno de los extremos del castillo, de ella sobresalía un balcón ancho, sólido y bien iluminado.
Allí abajo se movían varias figuras, a pesar de la distancia Loren pudo distinguir a los otros trineos estacionados, y entre ellos humanos y elfos invernales con ropas abrigadas pero de servidumbre se movían de forma meticulosa. Se acercaban a los trineos y descargaban el equipaje sin pronunciar palabras.
El aterrizaje del suyo fue suave, aunque eso no evitó una reacción tensa por parte del Vermibus. Sintió que su cuerpo se aferraba instintivamente a la seguridad del trineo hasta que aterrizaron por completo y el elfo invernal se inclinó hacia él para desatar la cuerda de seguridad.
—Gracias —murmuró Loren, apenas audible por sus labios congelados, su rostro era la zona con menos capas de abrigo aunque el resto de su cuerpo parecía el de una criatura redonda y acolchada.
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Editado: 22.07.2026