Susurros del Frio y el Alba

Vientos del Crepúsculo 12

"Hace aproximadamente ocho ciclos tuvo lugar un periodo de inestabilidad conocido como el Último Aullido. Durante este tiempo, se registró un incremento inusual en la aparición de licántropos en las zonas aledañas a la ciudad de Gavasta.

Las primeras señales fueron aisladas y no generaron una respuesta inmediata por parte de las autoridades, lo que permitió que la situación se agravara con el soplo del viento."

Fragmento de: Última edición - Historia de Offrasolned.

Libro oficial de historia para las escuelas de Gavasta.

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La luz azulada de la Luna Eterna se filtraba apenas por las cortinas pesadas del gran ventanal, proyectando un tenue resplandor sobre las alfombras gruesas del suelo. Loren dormía profundamente, envuelto en mantas tan suaves como pesadas que se sumaban a los abrigos que tenían puestos mientras descansaba.

Dentro de la habitación la temperatura no era tan inclemente como en el exterior del castillo, pero aun asi él lograba sentir como el frio se filtraba por las paredes de piedra. Algo inevitable aun con el esfuerzo de las dos grandes chimeneas, ubicadas en extremos opuestos del dormitorio, que habían permanecido encendidas lanzando chispas y calor a duras penas durante toda la noche, o como le decían en este mundo, brisa nocturna.

A pesar de eso Loren pudo dormir mejor que en las brisas nocturnas anteriores, la cama que le tocó era enorme y mullida, con sabanas tejidas en gruesa lana que parecía hecha de una gran bestia peluda, las cuales eran capaces de contener y devolver su propio calor corporal.

Lo único que ensombrecía esa comodidad era la presencia del falso noble Eydisjar, con quien debía compartir cuarto. Por fortuna las habitaciones de ambos estaban divididas, y al cerrar la puerta entre ambas secciones fue fácil fingir que el otro no existía.

Si fuera por el neonato hubiera permanecido allí por todo el día, envuelto como el abrazo de las costillas y músculos a un corazón, si no fuera por los sonidos. Al principio pensó que era golpes lejanos, pero los crujidos continuaron e incluso empezó a escuchar que alguien tocaba a la puerta de su dormitorio. Una vez, dos, tres, cuatro; debía tratarse de alguien persistente aunque él intentaba ignorarlos para seguir durmiendo.

—Por favor —murmuró con la voz raspada por el sueño, ocultando la cara contra la enorme y mullida almohada que tenía.

Sin embargo, los golpes no cesaron, y del otro lado de la puerta del dormitorio de Eydisjar no se escuchaba movimiento <¿Por qué el otro idiota no va a abrir? ¿Estará durmiendo aun o simplemente finge para evitar la responsabilidad?>. Al final, más por obligación que por voluntad, el muchacho suspiró con resignación, corrió las mantas a un lado y se sentó en el borde de la cama.

El suelo estaba frio, incluso con la alfombra, y refunfuñando entre dientes caminó con pasos lentos hacia la puerta, aferrándose al abrigo ligero que llevaba puesto.

Cuando abrió se encontró del otro lado con la imagen de varios sirvientes, tanto humanos como elfos invernales, que se movían con eficiencia dentro de la sala de estar anexa al dormitorio, terminando de colocar bandejas de plata sobre una mesa rectangular decorada con un mantel de bordes azules.

Pudo ver panes tibios, fruta, infusiones humeantes y una bandeja de carne con aroma a especias, era un banquete cuidadosamente elaborado para tratarse de la primera comida del día <Así come la realeza> pensó sorprendido y sintiendo como la lengua se le llenaba de saliva <Con lujos así con razón el otro idiota finge y se aferra tanto a sus parientes nobles>.

Una de las sirvientas, una mujer humana joven de piel muy clara y cabello recogido en un moño, le dirigió una sonrisa cortes. —Buena brisa señor. La comida está servida, es un menú especial encargado por la líder de las Ventiscas Doradas. —Su voz era suave, como las hebras de la alfombra bajo sus pies —. Le pedimos que lo disfrute, en poco tiempo vendrá un compañero para buscarlos y guiarlos a la reunión programada.

Loren parpadeó algo aturdido, su cuerpo procesaba una mezcla entre: sueño, aroma delicioso y una cortesía inesperada. Apenas logró asentir con la cabeza mientras seguía procesando la situación. —Sí, muchas gracias. Disculpe que no tengo propina para darle.

—¿Qué? —preguntó la sirviente inclinando la cabeza a un lado.

—Oh, nada, nada. Gracias. —El neonato seguía sorprendido y confundido por ese buen trato, en su mundo natal solo se la había pasado de un motel a otro y a veces los dueños no eran muy amigables.

La sirvienta y los otros asistentes comenzaron a retirarse, caminando con una eficiencia silenciosa, cerrando la puerta detrás de ellos al final con un suave clic. Y dejando a Loren en la quietud tibia de la sala con el banquete servido, eso sin duda se veía mucho mejor que la valija con botellas de sangre que cargaba antes de llegar aquí.

Por un instante él solo se quedó de pie, observando la mesa y conteniendo la saliva. Se pasó la mano por el cabello de rizos enredados entre sí. —Debería despertar a Eydisjar. —Se cuestionó aunque no tenía ninguna obligación moral de hacerlo —. Si quiere dormir hasta tarde, que lo haga. Más comida para mí.

Giró la cabeza para el ventanal tapado por cortinas un momento. —¿Pero cómo alguien sabe cuándo es pasado el mediodía aquí? —Por mucho tiempo no saldría el sol, estaba en la Luna Eterna. Y aunque aquello le encantaba tanto era algo a lo que le costaba acostumbrarse todavía, al final de cuentas ya llevaba demasiado tiempo sorteando el mortífero sol cada amanecer.

Aun con el cuerpo entumecido por el sueño, contempló la mesa sin acercarse. Volvió a pensar en el falso noble y una sonrisa traviesa se curvó en sus labios, sin duda le caía mal, bastante <Seria muy divertido no despertarlo, que se quede durmiendo y llegue tarde como un idiota>. Imaginarlo correr por los pasillos a último momento, despeinado y confundido mientras todos lo observaba, era una escena que le parecía perfecta.




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