Susurros del Frio y el Alba

Vientos del Crepúsculo 13

"Comenzaron a formarse múltiples manadas independientes. Estas no solo ocupaban distintos territorios, sino que también competían entre sí, generando conflictos constantes en las rutas comerciales y caminos secundarios.

Los ataques se volvieron cada vez más frecuentes, afectando tanto a mercaderes como a viajeros, lo que transformó las zonas periféricas en áreas de alto riesgo."

Fragmento de: Última edición - Historia de Offrasolned.

Libro oficial de historia para las escuelas de Gavasta.

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Los pasos resonaban con suavidad sobre las alfombras gruesas y bordadas que cubrían el suelo de piedra, amortiguando el eco de todos los que se movían por el castillo. El pasillo era alto con bóvedas elegantes que se alzaban muy por encima, a los costados cada tanto aparecían chimeneas encendidas que estaban insertadas entre columnas muy bien decoradas.

Por detrás del sirviente Loren caminaba siguiendo su guía, a su lado Eydisjar se mantenía firme y con la barbilla alzada, intentaba disimular que pertenecía a este lugar y casi lo lograba, aunque el leve temblor en sus pupilas y mandíbula inferior lo delataban. Al otro neonato no le ocurría mucho porque no llegaba a comprender del todo lo que este lugar podría significar para un nativo de este mundo. Aunque tampoco podía culparlo por sorprenderse con la belleza que lo rodeaba.

Sus ojos recorrían cada rincón como si encontrara joyas valiosas, todo brillaba con elegancia y no solo eso, los muros parecían diseñados no solo para resistir el crudo clima del exterior sino que también para capturar el calor y mantenerlo. Incluso el diseño de las ventanas lo denotaban, ya que parecían más gruesas y selladas en los marcos. Todo sin impedir que algo de la luz azulada de la luna estática en el cielo entrara.

Pero lo que más le llamaba la atención no eran solo las columnas, ni los tapices antiguos. El propio sirviente también formaba parte: con su espalda recta como una espada, movimientos medidos y una elegancia que parecía arduamente practicada. Vestía bien, demasiado bien, esas telas combinaban con sus uñas de color celeste.

El neonato ladeó la cabeza para observar con discreción y más detalle esas uñas del sirviente <¿Esa variedad de colores en las uñas será algo natural o un efecto secundario de la exposición a la magia del mundo?>. Ese pensamiento lo empujó, casi de forma inconsciente, a voltearse a la derecha, donde Eydisjar caminaba con su usual altivez mal disimulada.

Con algo de descaró también lo observó a él, el falso noble intentaba mantener su compostura serena, aunque el resultado era algo más rígido y con unos ojos que se desviaban demasiado a todos lados, dejando en claro que no estaba acostumbrado a este lugar. Solo que eso no era lo que le interesaba, Loren bajó la mirada hacia las manos del otro neonato, llevaba guantes pero él ya había visto lo que escondía debajo: uñas de color rojo. Un tono profundo como la sangre que brota de un animal recién cazado.

Cuando uno se transformaba en Neamh Mairbh las características mágicas que el alma expresaba en el cuerpo podían cambiar o desaparecer.

Dejando eso de lado a él le parecía fascinante que tuvieran uñas mucho más coloridas, bajó un instante los ojos hasta sus propias manos desnudas, sus uñas aun relucían por el esmalte negro que se había puesto antes de venir <No me va a durar mucho más> pensó inspeccionando las pequeñas grietas que amenazaban con surgir <Menos mal que traje más guardado. Me lo retocaré después>.

A su alrededor seguía el suave crujido de las chimeneas acoplado al paso de los tres por los pasillos, Loren estuvo absorto en sus pensamientos y los detalles de las uñas más tiempo del que se percató, y solo salió de ese ensimismamiento cuando una elegante y suave voz quebró la quietud.

—Le reunión de los nobles y la realeza ya ha comenzado —les anunció Lerirel sin girarse—. No obstante, se debaten todavía otros asuntos. Ustedes entraran cuando se trate el tema que les compete, el que propuso su Blanca Señora Foran.

El comentario atravesó el aire con una ráfaga tibia, disipando las divagaciones de Loren de un soplo. A su lado Eydisjar permaneció en silencio, caminando con altivez y la mirada fija al frente. No dijo ni una palabra, ni siquiera dio una inclinación de cabeza al sirviente que les hablaba.

Eso hizo molestar al otro muchacho <Que tipo tan engreído> giró los ojos hacia él con una mezcla de fastidio y lastima <¿Cómo alguien puede sentirse superior tratando tan mal a los de abajo? Ellos son los escalones que le permiten pararse arriba>. Se le revolvía algo dentro del cuerpo al ver a Eydisjar aferrarse tanto a su máscara de noble como si fuera su piel verdadera.

Así que, sin pensarlo mucho, y como desquite sutil. Loren decidió hacer lo contrario a él, se adelantó apenas medio paso y ladeó la cabeza con una sonrisa amable hacia Lerirel. —Gracias por avisarnos —dijo con un tono bastante genuino, en contraste con el inexistente de su compañero—. Y si no es indiscreción, me daba curiosidad hace cuánto es que trabajas aquí. —Una pregunta para sacarle charla a un sirviente sería lo mejor para molestar a alguien que ni siquiera quería escucharlos hablar.

El hombre por delante no se detuvo, aunque su voz se suavizó un poco al responder. —Hace poco, en realidad. No planeo que esta posición en el castillo sea permanente, solo planeo quedarme poco tiempo.

Aquella afirmación dejó a Loren pensando <El trabajo se ve muy bueno, y es en un castillo para un rey ¿tan malo será para hacerlo temporal? ¿Y tan fácil se puede dejar un trabajo así?>. Era raro escucharlo, le daba la impresión de que cualquiera soñaría con quedarse a vivir en la comodidad de un lugar como este.

No obstante, antes de que pudiera formular una nueva pregunta para indagar más, el sirviente continuó hablando, ahora parecía más introspectivo. —La verdad es que solo vine a presenciar algo, a tomar registro —dijo con sencillez, hablando de una tarea cualquiera—. Aunque, de hecho, hacer que Foran vuelva a trabajar con unos Neamh Mairbh ya es suficiente razón para estar presente aquí y tomar registro de ello… me intriga saber si ustedes dos son la razón de ese cambio, o si es que la situación es realmente tan desesperada para ella.




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