Susurros del Frio y el Alba

Capítulo 15

"De entre los candidatos del sorteo, el ganador para llevar acabo la investigación fue la universidad Étoiles Éteintes Descoteaux (EEDe)."

Extracto de:

Tesis sobre la Opstelamancia

en otros mundos

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El interior del Aurielis-9 era demasiado caliente comparado con el helado exterior oscuro, solo hizo falta de poco tiempo y moverse un poco para que los nativos empezaran a sudar en exceso. En especial el enorme lobo que los acompañaba, por eso Raidia sacó de un compartimento una botella de agua fría para colocarla en un platillo.

Ella sabía que el animal no era malo, había ido un par de veces a la casa del campesino y había salido sin muchas preocupaciones. Aun así, eso no le sacaba lo imponente al animal, por lo que no se animaría a sacarle el bozal para que bebiera agua incluso con Élodi presente y el avanzado equipo médico de los drones y la nave. Mejor esperaría a los otros para que lo alimentaran.

Luego de eso se sacó los lentes negros que llevaba y los dejó en la mesa, sus dorados y brillantes ojos como soles formaban en su interior la figura de una estrella de cinco puntas. Se acercó a otro compartimento en la pared y sacó unos lentes distintos, cuyo marco era mucho más fino y su cristal era de un purpura blanquecino.

La investigadora se los colocó justo a tiempo cuando otra puerta de la aeronave se abrió deslizándose para un costado, del interior del baño salieron sus dos guías. El humano y el Elfo Invernal, solo que en esta ocasión ambos estaban vistiendo la misma ropa que ella y sus compañeros.

—¿Qué tal? ¿Qué les parece? —dijo entusiasmada—. Sin duda les queda muy bien.

Ambos no podían dejar de observar sus respectivos trajes de una manera demasiado extrañada. —Siento como si fuera ¿agua? Solo que no es húmeda —comentó Hakon.

En comparación el Elfo Invernal se tocaba la superficie del brazo, el material plástico brillaba con la luz. —Es como si se quisiera meter debajo de mi piel, está muy ajustado.

<No podía ser de otra forma, quiero decir, su civilización ni siquiera inventó el plástico todavía. Nunca deben haber visto algo así antes>. Pensó ella intentando meterse en los ojos de los nativos, todavía recordaba aquello de sus clases de antropología. —Pero tienen que admitir que aun así son muy cómodos, y la temperatura debe haber mejorado.

Sin duda ambos guías estuvieron de acuerdo en eso, no obstante, Hakon todavía llevaba puesta una bufanda que cubría la mitad inferior de su cabeza. En un principio pensó que sería alguna especie de acto cultural o religioso, culturas muy diferentes pueden hacer cosas que para alguien ajeno pueden ser muy raras. Por ejemplo, los dos guías se metieron junto al baño para sacarse la ropa y colocarse el traje enterizo, para Raidia pensó que era debido a sus costumbres de querer mantener el calor en esta época de la traslación.

De todas maneras, ella había hecho sus propias teorías respecto a porque el humano de ojos grises usaba esa bufanda, la había usado en todas las ocasiones que lo había visto. Tenía dos opciones muy fuertes: la primera era que tenía alguna cicatriz en la boca o cerca que quisiera ocultar, de forma similar a la hija del Barón. Y para verificar la otra opción fue que se colocó sus lentes.

Ella utilizó su habilidad Opstelomantica y observó a ambos, concentrándose más en el humano, pudo ver sus almas y la naturaleza de la energía que las componía. No podía dejar de fascinarse al notarlas tan distintas a las almas de su mundo nativo o de Elestial, describirlas como Chispas ardientes sin duda era precioso. Unas flamas celestes, dorado y naranja.

Pero como ella había sospechado en una de sus opciones la naturaleza del alma de Hakon era ligeramente distinta a la de Kari, se asemejaba mucho más a la de los nobles de la ciudad y el pueblo con los que interactuó. Los que en este planeta se hacían llamar vargnis.

Al adquirir esa información una sonrisa apareció en el rostro de la investigadora. —¿No te resulta incómoda la bufanda? —Se acercó para preguntarle al guía humano—. El traje debería funcionar bien, no me digas que tiene alguna falla en la altura del cuello.

El humano intentó contener sus nervios, lo hizo muy bien admitió Raidia, pero aun así se delató con la forma en que se llevó una mano a la tela que lo envolvía, la levantó un poco más y apretó con mucha fuerza. —No, no es eso. Pasa que…

—¿No quieres que vean las marcas en tus mejillas? —lo interrumpió yendo directo al grano.

Soltar esas palabras fue como si el mundo diera un largo parpadeo en silencio. Acto seguido los dos guías se quedaron perplejos y observaban a la mujer sumidos en confusión, de seguro pensaban que habían hecho algo malo que los delató. En cambio, la investigadora no le dio muchas vueltas al asunto y continuó hablando para calmarlos.

—Puedo asegurarte que no tienes nada de qué preocuparte aquí. —Se acercó un poco más a ellos—. Mis compañeros y yo somos ajenos a la cultura y reglas de esta tierra nevada, nos concentramos solo en nuestro trabajo. No conozco los motivos para que ocultes eso y tampoco debes contarlos si no quieres, pero aquí estas seguro. Nadie externo se enterará de nada.

La mano, con peculiares uñas celestes, de Hakon perdió fuerza sobre la bufanda. En un posible intento de no arruinar la situación de alguna manera Kari regresó al baño y sacó toda la ropa que llevaban puestas antes. Los abrigos y gruesas telas estaban muy bien doblados uno encima del otro. —¿A dónde dejamos esto? —le preguntó a Raidia en lo que parecía un intento de cambiar el tema de la conversación.

<Por Tea ¿tal vez cometí un error al ser demasiado directa? No quería incomodarlo>. Replanteándose la situación despegó su mirada dorada del humano para concentrarse en el Elfo Invernal, extendió los brazos y aceptó la ropa. —No se preocupen, quiero decir, hay un compartimento para que guardemos esto.




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