"La sustancia NDG es muchisimo mas fria que la nieve común que se forma naturalmente en otros mundos..."
Extracto de:
Tesis sobre la Opstelamancia
en otros mundos
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Unos extraños sonidos acompañaban la marcha del grupo por la base de la montaña, en un principio los guías y su compañero de cuatro patas se había asustado por aquello. La época de Luna Eterna no es un tiempo en el que uno esperaba encontrar insectos o animales vagando por ahí, y casi al instante Raidia les explicó que no era ningún animal, sino que los suaves sonidos de pitidos provenían de los aparatos que los investigadores llevaban entre manos.
Siguieron con un pie delante del otro, a la distancia a veces el claro hielo reflejaba un brillo azul opaco y profundo, teñido por el fulgor lejano de la luna estática en lo alto, suspendida en una quietud que parecía eterna. Solo que aquel efecto de reflejo no duraba mucho, la luz proveniente de las seis esferas flotantes era superior: dos al frente para indicar el camino venidero, dos sobre el grupo y dos por detrás.
Aun así, todo estaba congelado o cubierto de nieve, desde las piedras hasta los árboles secos que aun resistían los susurros del frio. No solo podían resistir aquello gracias a sus trajes térmicos, sino que también las esferas flotantes sumaban una ayuda extra, no obstante, la nieve y finas capas de hielo del suelo crujían con cada paso, recordándoles su existencia.
Como no podía ser de otra forma Kari iba al frente de todos, guiando con pasos firmes y atentos a las capas de hielo resbaladizo en el suelo, si encontraba alguna se apresuraba en advertirles a los demás para evitar accidentes. A su lado marchaba Hakon intentando imitar el paso firme del alvinter, a su vez observaba en silencio cada roca, cada rama o cualquier cosa que pudiera parecer importante.
Magnus los acompañaba sin necesidad de indicaciones, a veces el colosal y sigiloso lobo parecía recordar mejor el terreno que el propio campesino y no se apartaba de la vanguardia del grupo. Cada tanto su espeso pelaje atrapaba copos diminutos de escarcha por lo que el noble o el campesino se los sacaban si pasaba cerca.
A su compañero de cuatro patas no parecía importarle eso, estaba más concentrado en detenerse cada tanto, olfateaba con fuerza el suelo, usaba las patas para rascar un poco en la nieve y luego dudaba un poco antes de retomar el paso del grupo.
Saber que los suaves sonidos provenían de las extrañas maquinas tranquilizaba al noble, a la vez que intensificaban su curiosidad. Fingiendo analizar el terreno se volteaba para apreciar a los investigadores, algo más rezagados, quienes no paraban de girar sus cajas metálicas y de revisar los cristales cuadrados o rectangulares que cambiaban con pulsos de colores.
Cada cierto tiempo uno murmuraba algo en voz baja, Hakon no les entendía porque parecían hablar en otro idioma. Aunque se hacia la idea que debían pasarse cálculos, coordenadas o datos. —Me pregunto que se estarán diciendo —le comentó a Kari acercándose un poco más a él.
—Seguro algo irrelevante para nosotros, aunque vital para ellos —respondió el alvinter sin descongelar la mirada del frente. Podría parecer cortante pero el noble sabía que así era su compañero, cuando salían a buscar frutos o pescar él se concentraría en aquello, pero dejando un espacio para dialogar con el humano.
De repente el Elfo Invernal se detuvo un momento, las esferas volando encima hicieron lo mismo provocando la misma reacción en los investigadores. —¿Todo está bien? —pregunto Raidia levantando la cabeza.
—Deben tener más cuidado ahora, el terreno se está tornando más inclinado. —Su mirada de esclerótica celeste e iris blanca señaló para delante, algunas rocas lisas sobresalían entre la nieve como figuras puntiagudas. Luego de haber dado la advertencia prosiguieron.
Por momentos el viento aumentaba su intensidad y rugía entre las piedras, incluso a Kari le pareció oír un suave aullido aunque pensó que debía tratarse de Magnus quien de alguna forma logró soltarlo a pesar del bozal. Solo que eso poco o nada les importaba a los presentes expuestos. Los extraños trajes y aparatos proporcionados por los Solfodd otorgaban ese lujo, un sentimiento de superioridad y victoria frente al salvaje mundo helado.
Después de haber subido ese trecho la superficie se aplanó mucho más y Kari levantó la mano en señal de alto. Todos los demás también se detuvieron, al noble le costó un momento darse cuenta ya que las condiciones del clima eran diferentes ahora pero notó el gran agujero en la roca de la montaña. Una entrada con forma de círculo irregular que daba paso a las profundidades de la misma.
Ese lugar, allí fue donde se refugiaron ese soplo que una tormenta de nieve los agarró mientras patinaban y pescaban. La entrada parecía congelada en el tiempo, como si hubiera sido solo hace poco cuando ambos estuvieron allí. De todas formas había pequeñas diferencias, cosas que Hakon no hubiera notado sin la presencia de la luz de las esferas.
—Es aquí —comentó el humano para ahorrarle el trabajo de socializar a su compañero. La entrada era perfecta para recibir a dos personas, aunque un grupo de seis la hacía quedarse angosta. Sumado a eso su interior parecía inquietante, estaba sumido en completa oscuridad y solo se veía poco de la entrada por la luz de las esferas.
Sin perder tiempo Magnus se acercó más, el noble y el campesino lo hicieron un instante después. Hakon pasó la mano por la entrada de piedra cubierta de escarcha, el contacto era demasiado frio aunque familiar. Sin embargo, lo preocupante fue lo que encontró el enorme animal de cuatro patas entre las rocas.
En un principio el noble pensó que serían ramas cubiertas de escarcha, y como si el campesino leyera su mente aclaró. —Son huesos, de animales pequeños.
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Editado: 01.09.2026