Susurros del Frio y el Alba

Capítulo 19

"Los registros comparativos indican que los humanos (nativos de Hibernia Minor), y elfos invernales presentan los niveles mas bajos de densidad áurica respecto a las manifestaciones Thelemicas de otros mundos (Selenia y Elestial)."

Extracto de:

Tesis sobre la Opstelamancia

en otros mundos

-----O-----

El miedo a lo desconocido tenía paralizado su ser, el fuerte impacto de su cuerpo contra la piedra tampoco ayudaba al intentar moverse. No pudo incorporarse, y tal vez fue lo mejor, Élodi no sabía cómo reaccionaría la criatura que la observaba desde la oscuridad. Ella podía ver los dos ojos flotando en la negrura, como carbones encendidos en medio de un abismo.

Más pronto que tarde se hizo una idea de que cosa tenía en frente, escuchó un aullido amplificado por el eco de la caverna. No hacía falta que ella pudiera leer a las personas con la mirada para saber las intenciones de ese par de ojos, cuando la bestia avanzó unos pasos la poca luz reveló un enorme lobo.

Tenía el pelaje enmarañado y algo húmedo, sus colmillos brillaban y eran tan largos que sobresalían aun con la mandíbula cerrada. Cuando la bestia abrió su boca para preparar las afiladas agujas blancas de sus mandíbulas la investigadora supo que podría estar perdida, aun así, todavía existía una opción.

Los ojos de Élodí son brillantes y dorados, sumado a eso ella trajo consigo sus lentes especiales. Si pudiera sacarlos del bolsillo de su bata y colocárselos sin duda podría controlar al enorme animal salvaje. Solo que ella no es estúpida, sabía que hacer eso le costaría la vida. El lobo sería más rápido que ella y como mucho podría llegar a agarrar los lentes, mas no llegaría a tiempo a colocárselos.

Ese pensamiento fue fugaz pero claro, todo sucedió en un segundo. Seguido de que el lobo mostrara sus colmillos se abalanzó sobre la investigadora, con su pensamiento claro ella decidió hacer algo distinto entonces. Levantó ambos brazos y los usó como escudo, la criatura la embistió con todo su peso y la mandíbula que iba dirigida a su cuello se trabó en su brazo izquierdo.

De todas formas, el lobo cerró con mucha fuerza su boca, el filo desgarró la manga del traje térmico de la mujer y se abrió pasó con facilidad hasta la carne. Las agujas blancas atravesaron la piel y se hundieron hasta la mitad dentro del brazo, alrededor el líquido rojo no tardó en salir.

Un grito escapó de la garganta de la investigadora, uno provocado por un profundo ardor y doloroso pinchazo más que por el miedo. Ella se sintió más blanda que nunca, tuvo el pensamiento de que la bestia solo tendría que morder un poquitito más fuerte y empujar a un costado para lograr arrancarle todo el brazo.

Intentó usar su brazo derecho libre para meter la mano en el bolsillo y sacar sus lentes, así podría salvarse. No obstante, el lobo pareció tener una inteligencia superior al promedio, notó lo que estaba intentando hacer y movió una de sus patas con garras para rasguñarle el brazo a la mujer. Las dos mangas de su traje quedaron desgarradas, mientras que del brazo derecho se formaba una línea roja de la que comenzaba a brotar sangre.

Su grito de dolor se intensificó, un momento después empezó a perder volumen a la par que se le escurría la fuerza de voluntad. Sus rápidos parpadeos cada vez duraban más, tenía miedo y no quería abrir los ojos solo para ver el hocico de la bestia tan cerca, tanto que su respiración le golpeaba en la cara. También pudo escuchar gritos de desesperación de arriba, aunque estos se callaron ante algo inesperado.

Kari no perdió tiempo en actuar, desde que lo obligaron a ponerle el bozal a Magnus estaba esperando el momento de sacárselo. Repitió la acción varias veces en su mente, así que cuando llegó el momento de hacerlo en verdad solo le tomó un instante.

Un bramido secó retumbó desde arriba. Magnus, el compañero de cuatro patas de ambos guías, cayó como un rayo desde lo alto del túnel. Antes de que el lobo que devoraba el brazo de Élodi pudiera reaccionar Magnus se lanzó sobre él logrando atacar su cuello, el animal salvaje se vio obligado a soltar a su presa para poder defenderse.

Ambos animales rodaron por el suelo en una danza violenta de colmillos y garras, el eco amplificaba los gruñidos y chasquidos que hacían al atacarse y defenderse. El lobo guía parecía tener mucha experiencia en esto, como si hubiera sido entrenado para luchar así. Logró alejar lo suficiente al lobo salvaje.

Pocos metros de distancia de la investigadora esta lloraba y ahora la sangre le brotaba el doble de rápido por ambos brazos heridos y desfigurados. Aunque mientras uno solo tenía cortes de garras el otro parecía casi carne molida, ella incluso juraría que podía ver sus huesos y músculos debajo de la piel rosada y machucada.

—¡Ahora! —gritó Raidia observando todo desde la orilla del agujero más arriba.

Ella presionó con fuerza un botón en su muñeca y dos de los seis drones reaccionaron al instante. Las esferas descendieron rápidamente, proyectando haces de luz en su mitad inferior las cuales alumbraron el interior del túnel, incluyendo un grotesco rastro de sangre y pelaje que llevaba directo hacia dos enormes lobos que se lanzaban mordidas y garras.

Los dos drones se colocaron a cada lado de ella, la investigadora agarró fuerte a uno con ambas piernas y usó su brazo derecho para sostenerse del otro. Le dolía y ardía al hacer fuerza, pero era lo único que tenía y usar su otro brazo solo sería peor. En un zumbido controlado ambas esferas comenzaron a elevarse con lentitud, alejándola del enfrentamiento.

Desde arriba la mirada celeste de Kari se entrecerró un momento, acto seguido cruzó su atención con la del noble a su lado solo por un instante. Ambos se comprendieron mutuamente, entendían el porqué de las intenciones del otro así que no hubo mucho intercambio de palabras.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.