Tras de terminar mi batalla con un formidable enemigo que merodeaba el «Área Laberinto» del piso setenta y cuatro, hice mi camino de regreso, así como en el pasado, y dejé escapar un suspiro de alivio cuando vi la luz de la entrada.
Vacié mi cabeza, salí rápidamente del pasillo, y tomé un profundo respiro de aire fresco y limpio.
Adelante de mí, un estrecho camino entraba en el espeso y sobrecrecido bosque. Detrás de mí, el área laberinto de la que acababa de salir se elevaba alto en el cielo — hasta la parte inferior del siguiente piso para ser más precisos.
Debido a que el juego se basaba en llegar a la cima del castillo, las mazmorras en este mundo no eran laberintos subterráneos, sino que existían como torres. Sin embargo, la configuración básica no había cambiado: monstruos más fuertes que los que te encuentras en los campos rondaban adentro, mientras que el monstruo jefe esperaba por ti en lo más profundo.
En este momento, el ochenta por ciento del área laberinto del septuagésimo cuarto piso había sido explorada, o en otras palabras, había sido «Mapeada»20. En un par de días, lo más probable, es que el cuarto del jefe sea descubierto, y un equipo a gran escala sea organizado. Entonces, incluso yo, un jugador solista, participaría.
Me sonreí a mí mismo por sentirme expectante y frustrado al mismo tiempo, y comencé a caminar por la vereda.
Por el momento, mi ciudad de residencia es la más grande de Aincrad, «Algade», que se encuentra en el quincuagésimo piso. Bueno, en mero tamaño, la Ciudad del Inicio lo era más, pero ese lugar se había convertido por completo en la base de operaciones de «La Armada», así que era un poco incómodo el caminar por ahí.
Tan pronto como logré salir de la ahora oscurecida llanura, un bosque lleno de árboles viejos se extendía ante mí. Si caminaba unos treinta minutos por allí, llegaría al «Área Habitable» del septuagésimo cuarto piso y solo tenía que utilizar el «Portal de Teletransportación» ahí para saltar hacia Algade.
Siempre podría usar uno de los artículos de teletransportación instantánea en mi inventario para volver a Algade en cualquier momento. Pero como era un poco caro, era renuente a utilizarlos a menos que estuviera en una situación peligrosa. Había un poco de tiempo antes de que el sol desapareciera por completo, por lo que resistí la tentación de volver a mi casa tan rápido como pudiera y entré en el bosque.
Por regla general, los bordes de cada piso en Aincrad eran a cielo abierto, aparte de los pilares de soporte. Los árboles se quemaban de rojo por la luz que entraba por esa brecha. La niebla que corría entre los rayos de luz brillaba resplandecientemente como reflejo de la luz de la puesta del sol. Los cantos de los pájaros, que eran comunes durante el día, eran difíciles de escuchar ahora, mientras que el sonido de las ramas meciéndose con el viento parecía magnificado.
Sabía muy bien que podía luchar contra los monstruos que aparecían en esta zona incluso medio dormido, pero el miedo que venía con la oscuridad era difícil de suprimir. Me llenó una sensación similar a la que tuve de niño cuando trataba de volver a casa tras perderme.
Pero no me disgustaba este sentimiento. Había olvidado este primitivo miedo en algún momento de cuando vivía en el otro lado. La sensación de soledad que consigues cuando viajas por tierras salvajes con nadie a la vista por mucho que busques — podrías llamar a esto la esencia de un RPG21.
Mientras estaba absorto en estos nostálgicos recuerdos, un chillido que nunca antes había escuchado entró de repente a mis oídos.
Se escuchó solo por un momento, alto y claro como un tubo de lengüeta. Detuve mis pies y busqué cuidadosamente en la dirección de donde vino el sonido. Si has visto u oído algo que nunca antes experimentaste en este mundo, significaba que eras ya sea muy afortunado o lo contrario.
Como jugador solista, había entrenado mi habilidad «Scan»22. Esta habilidad prevenía emboscadas y cuando llegabas a ser más diestro en ella, le daba al jugador la capacidad adicional de detectar monstruos que estuvieran “ocultos”. A través de esta, pude ver a un monstruo escondido entre las ramas a diez metros de distancia.
No era muy grande. Tenía piel verde para camuflarse en las hojas y tenía las orejas más largas que su cuerpo. Como me concentré en él, éste automáticamente se convirtió en mi objetivo y un cursor amarillo apareció junto con su nombre.
Contuve la respiración tan pronto como leí el nombre: «Conejo Ragú». Era lo suficientemente raro como para ganarse el calificativo de “súper”.
Esta era en realidad la primera vez que veía uno de verdad. El conejo regordete que vivía en las ramas no era tan fuerte, ni te daba tantos puntos de experiencia, pero–
Saqué en silencio un delgado cuchillo para lanzar de mi cinturón. Mi técnica «Knife Throwing»23 no era tan alta. Simplemente la elegí como una rama de mi árbol de habilidades en algún momento.
Pero había oído que el Conejo Ragú era el monstruo más rápido de entre los que se conocían actualmente, así que en realidad no tenía mucha confianza de capturarlo con mi espada.
Tenía una oportunidad de atacarlo antes de que el oponente me notara. Alcé mi cuchillo, rezando mentalmente, y asumí la posición de «Single Shot»24...
Pos data:
Role-Play Game (Juego de Rol)
22 scan -> escanear
23 knife throwing -> lanza cuchillos
24 Single Shot -> Disparo Único