La configuración del clima de hoy era ligeramente nublado, y la niebla de la mañana que cubría la ciudad todavía no se había disipado. La luz que brillaba desde el exterior se reflejaba en ella, coloreando el entorno de color amarillo limón.
De acuerdo con el calendario de Aincrad, era el «Mes del Árbol de Ceniza», lo que significaba que estábamos por entrar en otoño. La temperatura era un poco fría, haciéndolo el mes más refrescante del año. Pero en este momento, me sentía un poco mal.
Estaba esperando por Asuna en la plaza del portal, en el área habitable del septuagésimo cuarto piso. No pude dormir la noche anterior por alguna razón, y todo lo que hice en mi sencilla cama en Algade fue moverme de un lado a otro. Creo que me las arreglé para dormir un poco pasadas las tres de la mañana. Había muchas características en SAO que ayudaban al jugador, pero lamentablemente un botón que pudiera hacerte dormir no era una de ellas.
Por extraño que parezca, existía todo lo contrario. En las opciones del menú relacionadas con el tiempo, había algo llamado «Reloj de Alarma» que obligaba al jugador a despertarse de su sueño.
Por supuesto, la opción de volver a dormir o no, era totalmente tuya, pero logré reunir suficiente fuerza de voluntad para arrastrarme fuera de mi cama cuando el sistema me despertó faltando diez minutos para las nueve de la mañana.
Tal vez para la bendición de los jugadores más perezosos, no había necesidad de bañarse o cambiarse en el juego — aunque algunos de los jugadores más extraños parecían bañarse a diario.
Pero como replicar un ambiente completamente líquido era difícil incluso para el Nerve Gear, éste no podía reproducir un baño real perfectamente. Después de despertarme un poco demasiado cerca de la hora de encuentro, me puse todo mi equipo en veinte segundos, y salí con un ligero balanceo del portal de teletransportación de Algade hacia donde esperé por ella, un poco irritado por la falta de sueño, pero—
— Se le hizo tarde…
Ya eran las nueve y diez. Los jugadores diligentes fueron apareciendo por el portal y caminando hacia el área Laberinto, uno tras otro.
Con nada más que hacer, miraba el mapa del laberinto y lo que me faltaba para completar mis habilidades, estadísticas que ya sabía de memoria.
Ahh, me gustaría tener una consola de juegos portátil o algo así.
Me quedé sin habla por ese repentino pensamiento. Querer jugar un juego dentro de otro juego, me estaba poniendo cada vez peor.
Debería volver y dormir… Incluso comencé a pensar. Otro efecto azul de teletransportación apareció en el interior del portal, por dios sabe cuánta vez. Miré sin mucha expectación. Pero entonces–
— ¡Kyaaaaa! ¡Por favor, sálganse del camino–!
— ¡¿Ahhhhhh?!
Por lo general, los jugadores que se teletransportan aparecen en el suelo, pero esta persona se presentó un metro despegada de éste y – voló por el aire dirigiéndose directamente hacia mí.
— ¡¿Eh, eh…?!
Sin tiempo para atrapar o esquivar, chocamos y caímos al suelo amontonados. Me golpeé fuertemente detrás de la cabeza en el piso de piedra. Si no me encontrara dentro de un asentamiento, un par de puntos de mi HP seguro hubieran perdido.
Eso significaba — que este jugador idiota había saltado por el portal del otro lado y apareció así en este lugar, eso era lo más probable. La idea cruzó tranquilamente por mi mente. Todavía un poco mareado, levanté el brazo y tomé al idiota arriba de mí en un intento para quitármelo de encima.
— … ¿hmm?
La sensación de algo extraño y pleno fue registrada por mi mano. La apreté dos, tres veces para averiguar qué era esa elástica y opulenta sensación en ella.
— ¡¡K-Kya–!!
De repente, un grito resonó en mis oídos y mi cabeza golpeó otra vez contra el suelo. Al mismo tiempo, el peso encima de mi cuerpo se levantó.
Delante de mí, había una jugadora que estaba sentada en el suelo, vestida con un uniforme rojo con blanco de caballero y una minifalda que llegaba a nivel de las rodillas, con una espada blanco plateado en su vaina. Y por alguna razón, me miraba con una inexplicable pero evidente furia en sus ojos. Su rostro experimentaba el más alto grado del efecto de emoción y estaba totalmente rojo hasta las orejas, y sus dos brazos se encontraban cruzados de forma protectora contra su pecho — ¿pecho…?
Fui inmediatamente capaz de adivinar lo que había estado agarrando con mi mano derecha. Al mismo tiempo, un poco tarde, me di cuenta de la peligrosa situación en la que me encontraba.
Todas las formas de evitar las situaciones de peligro que entrené para meterlas en mi cabeza habían desaparecido. Mientras abría y cerraba mi mano sin saber qué hacer con esta, abrí mi boca.
— O-Oye. Buenos días, Asuna.
La ira en sus ojos parecía brillar aún más. Esos eran definitivamente los ojos de alguien que estaba pensando en sacar su arma.