Sweet as Honey

Capítulo 10: La verdad.

*** En casa de Cristina *** 

 

—Me quedaré esta noche si no te importa. 

 —Te dije que estoy bien — repitió Cristina con fastidio a su psiquiatra desde la cama. 

—Sí y mira como estamos. Usaré una de las habitaciones. Si me necesitan, avísenme — habló dirigiéndose a Santiago —. ¿Me permites un minuto? 

—Ya regreso. No me tardo — prometió. 

—No dejes que te convenza de que estoy loca. Aún no lo estoy. 

 

 

Ambos sonrieron mientras él salía de la habitación. 

 

Ammanda esperaba en la cocina y encendió un cigarrillo. 

 

—Te haré una pregunta Santiago. ¿Estás con Cristina ahora? 

—Eh… 

—¿Son novios, pareja, amantes? 

—Somos amigos. Fuimos muy buenos amigos — respondió sin entender por qué la terapeuta de Tina le cuestionaba algo tan personal. 

—Bien. Me alegra que no esté sola. No lo admite pero, necesita de un buen amigo. Desde la separación, terminó alejando a todos y eso no le ayuda a mejorar su situación. 

—Claro. Yo no voy a dejarla sola. 

 

Ammanda se quedó mirándolo unos segundos hasta que habló: 

 

—Solo te advierto que, le gustas. Y mucho. Y si tú dices que son buenos amigos, convencete a ti mismo de eso, y luego a ella. O las cosas podrían salir mal. 

 

Santiago asintió. Esa mujer tenía demasiada intuición. 

 

—Y mirarla con lástima no es el sentimiento correcto. Mejor dile la verdad. 

 

¿Acaso ella lo sabía? 

 

Ammanda tenía razón. No era justo. Tina había pasado por cosas muy duras como para vivir otro engaño. Y menos de él. 

 

Debía dejar de pensar en la posibilidad de que hubiera pasado. 

 

Respiró hondo y entró a la habitación. Tina seguía ahí, somnolienta por los calmantes. Había insistido en volver a casa porque no le gusta estar en el hospital. 

 

Tenía que hacerlo. Hoy era un pésimo día para decir la verdad pero si no lo hacía hoy no lo haría nunca. 

 

 

—¿Te dijo que me enviará al psiquiátrico y que me lavara el cerebro? 

—Yo le sugerí un convento. En Suiza. 

 

 

Tina se echó a reír y palmeo la cama para que se sentarse a su lado. Y él así lo hizo. 

 

Tina se acurrucó a su lado y Santiago le rodeó con el brazo. 

 

 

—No te imaginas lo mucho que significa que estés aquí conmigo — dijo. A lo cual Santiago le sonrió y acarició su cabello. 

 

 

Tenía miedo de romper su corazón, no lo merecía. Pero tampoco era correcto mentirle. 

 

 

—Tina… hay algo que debo decirte — comenzó diciendo sujetando su mano. 

 

 

Cristina se acercó un poco más y siguió el juego de los dedos hasta entrelazarlos con los suyos. 

 

—Dime. De qué se trata. ¿Es sobre nosotros? 

—Es... sobre mi — dijo dando un suspiro. 

—Tienes toda mi atención — dijo sonriéndole. 

 

Era tan hermosa, tan dulce, tan… inocente. 

 

—Yo… 

 

Estar abrazado a ella no era la mejor manera de decirlo así que se levantó de la cama y empezó a caminar en círculos pasando una mano por su cabello. 

 

 

—Me estás asustando. Qué sucede. 

—Tina yo… tengo que decirte. 

—Pues dímelo o harás que me de otro ataque de ansiedad. 

—Yo… yo… yo … soy casado — dijo sonriendo mientras el aire de sus pulmones salía al decir esas dos palabras. 

 

 

Tina asintió mirando hacia otro lado y se abrazó las rodillas. 

 

 

—Perdoname. No quería que… es que… No mereces más mentiras. Soy casado Tina, desde hace cinco años y Magi… es una gran esposa que seguramente debe estar preocupada porque mi teléfono está muerto pero… Mereces la verdad. 

—Lo sé — dijo bajito. Asintió y alzó el rostro para decir —: Sabía que lo eras. 

—¿Lo sabías? 

—Sí…

—Lo sabías y aún así … 

—Sí. Sigo siendo la misma ingenua de antes. Me lo dijo Jaime. No. No lo culpes. Fui yo quien preguntó por ti y, lo convencí de decírmelo a cambio del número de mi amiga. 

—Y astuta — observó. 

—No quería aceptar que te perdí. Creí que… 

—¿Tenías esperanzas? 

—Demasiadas. 

 

 

Aquello era para sentarse. Se pasó las manos por el rostro tratando de entender todo aquello. 

 

 

—¿Creíste que la abandonaría? Por ti.. 

—Yo no quise…. 

—¿Cómo pudiste siquiera pensar eso Tina? 

— ¡¿Yo?! Pero si fuiste tú quien siguió con todo esto sin decirme nada. 

—¡Pero tú ya lo sabías! 

—¡Y no lo dijiste! ¡No soy yo quien ha estado engañando a su esposa! Además… fuiste tú quien me dió esperanza. La primera noche que viniste a dejarme, pudiste irte y no llamar pero no fue así. Bajaste de tu auto y estuviste a punto de tocar de nuevo y por su fuera poco, nos seguimos viendo toda la semana. Así que quién jugó con los sentimientos del otro — contraatacó enfrentándolo. 

 

Santiago seguía sin poder creer todo aquello, era tan surrealista. 

 

 

—Ahora quieres echarme la culpa a mí. No fui yo quien se marchó por si lo olvidaste. 

—¿Ah? Pero si tú dijiste que me apoyabas. Que te alegrabas por mí.

—¡Claro que lo dije! Lo dije porque no podía detenerte. ¡¿Qué más iba a hacer?! Tu no dejarías pasar la oportunidad de tu vida y yo no iba a interferir en tu futuro. 

—Pues vaya favor el que me hiciste. 

—Oh no. No .me salgas con eso. Decidiste sola. 

—¡¿Sola?! Tu vivías ocupado todo el tiempo ¡¿Cuándo iba a decirlo?! 

—¡No lo sé Tina, tuviste meses para decirlo pero esperaste hasta el día antes del vuelo!

 

 

Respiraban de forma pesada mirándose con rencor, resentimiento y todo el dolor que guardaron por todos estos años. 




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