Sweet as Honey

Epílogo.

(Ocho meses después). 

 

—Ay Dios. Estoy tan nerviosa — decía Magi sentada frente al espejo. 

—No te muevas — pidió Annie colocando las florecillas que decoraban el peinado primaveral de la novia. 

—Y con razón. Es tu boda. Los nervios no desaparecen aunque sea la segunda vez — dijo Gloria. 

—No ayudas cariño — se quejó Annie. 

—Xiomi está trayendo el té de manzanilla. Me gustan las flores. Tan bonitas — decía tratando de hablar de otra cosa. 


 

Xiomara apareció con el té mientras el resto se retocaba el maquillaje y dando los últimos detalles, cuando esta habló de nuevo. 


 

—Me alegro sinceramente que todo esté bien y que ustedes hayan arreglado las cosas pero, hay algo que me intriga mucho y… quisiera saber… 

—Y se te ha ocurrido justo hoy para preguntar — habló Gloria. 

—Bueno es que, yo solo me pregunto… 

—¿Qué cosa Xiomara? 


 

El resto le miró con reproche. 


 

—¿Cómo es que perdonaste a Santiago tan rápido? Es decir, yo aún tendría la sospecha sobre aquella mujer y…

—Pues resulta que casualmente los mensajes que Santi recibe, una copia de seguridad es enviada a mi correo. Ni siquiera tuve necesidad de preguntarle. 

—Entreparentesis, Annie hizo eso el día que accidentalmente tomó su teléfono cuando creyó que era el de Magi — aclaró Ceci. 

—Oh — dijo alargando el sonido de la o —. Ok. Suficiente explicación para mí. 

—Toc. Toc. ¿Ya está la novia? El novio se está ahogando con el nudo del corbatín — decía Jaime tras la puerta. 

—¡Ya vamos! 

—Bueno chicas, aquí vamos. 


 

El séquito caminaba detrás de la hermosa novia con vestido lila pastel, le seguía un suave vestido color melocotón, menta, azul cielo y un rosa pálido que las hacía combinar con las flores del jardín. 


 

Los novios, temblaban frente a la pequeña concurrencia esparcida en su jardín y, cuando el maestro de ceremonias, Martín lo indicó, dijeron sus votos por segunda vez en la vida. 

 

La brisa vespertina resaltaba el aroma de las flores haciendo que los pétalos pasaran revoloteando a su alrededor.  Porque no importa lo duro que haya sido el verano ni lo cruel que fue el invierno, en primavera todo vuelve a florecer. Incluso el amor, con una cucharada de miel en el té. ¿Por qué? Porque el amor puede ser tan dulce como la miel. 




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