Swipe al Corazon

Capítulo 6: Café amargo, sonrisa dulce

Sofía Rosales tenía una regla personal: nunca confiar en un hombre que toma café sin azúcar. Y Cristian Rodríguez no solo lo tomaba sin azúcar, sino que además lo pedía “negro, sin sentimentalismos”.

—¿Eso incluye no hablar de emociones antes de las 10 a.m.? —bromeó Sofía, mientras se sentaba frente a él en la cafetería de la empresa.

Cristian la miró por encima de su taza. —Incluye no hablar de emociones nunca.

—Entonces este café va a ser largo —respondió ella, sacando su libreta con una sonrisa.

La cafetería de LoveMatch era moderna, con sillones de colores y frases motivacionales en las paredes. Una de ellas decía: “El amor comienza con un buen café.” Cristian la ignoraba sistemáticamente. Sofía, en cambio, la fotografió y la subió a su historia de Instagram con el texto: “Intentando que el CEO sin corazón se ablande. En proceso.”

Cristian vio la publicación segundos después.

—¿Siempre documenta sus intentos de terapia empresarial?

—Solo cuando hay riesgo de que el paciente huya —respondió Sofía, guiñándole un ojo.

Mientras revisaban ideas para la nueva interfaz de la app, Sofía propuso una función llamada “Match con propósito”, donde los usuarios pudieran elegir si buscaban amistad, romance, o simplemente alguien con quien compartir memes.

—¿Memes? —repitió Cristian, como si la palabra le provocara acidez.

—Sí. El humor es una forma de conexión. ¿O nunca ha enviado un meme para romper el hielo?

Cristian la miró como si acabara de sugerir que reemplazaran el algoritmo por horóscopos.

—Yo no rompo el hielo. Yo lo ignoro hasta que se derrite.

Sofía soltó una carcajada. —Eso explica muchas cosas.

En medio de la reunión, Clara apareció con una bandeja de galletas.

—¿Alguien quiere? Son de avena y chocolate.

Sofía tomó una sin dudar. Cristian la rechazó.

—No como azúcar.

—¿Tampoco dulzura emocional? —preguntó Sofía, mordiendo la galleta.

Lucas, que había llegado en silencio, se atragantó con su café.

—¿Estás bien? —preguntó Sofía, mientras le daba una servilleta.

—Sí, sí. Solo… no esperaba tanta sinceridad antes del almuerzo.

Cristian suspiró. —¿Podemos volver al tema?

—Claro —dijo Sofía—. Pero si vamos a rediseñar la app, necesitamos entender cómo se siente la gente. Y eso incluye humor, vulnerabilidad y sí… memes.

Más tarde, en su oficina, Cristian revisaba los comentarios de usuarios que Sofía había recopilado. Uno decía: “Me gustaría que LoveMatch tuviera más opciones para romper el hielo. A veces solo quiero enviar un gif de un gato bailando.”

Cristian frunció el ceño. ¿Un gato bailando? ¿Eso era lo que la gente quería?

Abrió el buscador y escribió: “gif gato bailando.”

Lo que apareció fue un gato con gafas de sol haciendo moonwalk. Cristian no lo admitió, pero se rió. Solo un poco.

Sofía, desde su escritorio, recibió una notificación. Cristian había compartido el gif con ella por el chat interno de la empresa. Sin texto. Solo el gato.

Ella sonrió.

Primera grieta en el muro, pensó.

Esa noche, Sofía escribió en su diario:

Hoy logré que Cristian compartiera un gif. No es una declaración de amor, pero es un paso. El humor abre puertas que los algoritmos no saben que existen. Y yo… yo estoy aquí para abrirlas todas.

Cristian, en su departamento, volvió a ver el gif antes de dormir. No entendía por qué, pero le hacía sentir menos solo.




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