Swipe al Corazon

Capítulo 7: Beta testers y confesiones

El auditorio de LoveMatch estaba decorado con globos pastel, pancartas que decían “¡Bienvenidos Beta Testers!” y una mesa con cupcakes que Mariana —la mejor amiga de Sofía— había insistido en enviar “para romper el hielo con azúcar”. Cristian Rodríguez los observaba como si fueran armas de destrucción emocional.

—¿Esto es una reunión de trabajo o una fiesta de cumpleaños? —preguntó, cruzado de brazos.

—Es una prueba de campo —respondió Sofía, ajustando su vestido verde esmeralda—. Y los cupcakes son parte de la estrategia.

—¿La estrategia incluye hiperglucemia?

—La estrategia incluye sonrisas. Algo que usted debería considerar adoptar.

Cristian no respondió. Se limitó a mirar a los veinte usuarios seleccionados para probar las nuevas funciones de la app. Había parejas, solteros, divorciados, incluso una señora de 72 años que había escrito en su formulario: “Busco alguien que sepa bailar boleros y no ronque.”

Sofía tomó el micrófono.

—Gracias por venir. Hoy queremos que prueben la nueva versión de LoveMatch, con funciones diseñadas para que se sientan escuchados, vistos y conectados. Y sí, hay memes. Muchos memes.

Un murmullo de aprobación recorrió la sala. Cristian se removió incómodo en su asiento.

—¿Y también hay boleros? —preguntó la señora del fondo.

—Si usted quiere, los habrá —respondió Sofía, guiñándole un ojo.

Durante la prueba, los usuarios exploraban la app mientras Sofía y Cristian los observaban desde una cabina de cristal. Cristian tomaba notas como si estuviera analizando una operación quirúrgica. Sofía, en cambio, se reía con los comentarios espontáneos.

—Este botón de “rompehielos” es genial —dijo un chico—. Acabo de enviarle a alguien un gif de un pingüino bailando.

—¿Y qué respondió? —preguntó Sofía.

—Que si yo también bailo así. Creo que tengo una cita.

Cristian suspiró. —¿Así de fácil?

—Así de humano —corrigió Sofía.

En un momento, una usuaria se acercó a Cristian.

—¿Usted es el CEO?

—Sí.

—¿Y alguna vez ha usado la app?

Cristian parpadeó. —No. Yo la diseñé.

—Entonces no sabe lo que se siente estar del otro lado —dijo ella, con una sonrisa triste—. Buscar a alguien y no saber si te van a ver como eres o como el algoritmo cree que eres.

Cristian se quedó en silencio. Sofía lo miró de reojo. Era la primera vez que lo veía sin respuesta.

Al final del evento, Sofía se acercó con dos cupcakes.

—Uno para mí, uno para usted. No tienen azúcar. Mariana pensó en su alma amarga.

Cristian tomó el cupcake con recelo. —¿Y qué se supone que debo hacer con esto?

—Comerlo. Y luego admitir que los usuarios le enseñaron algo hoy.

Cristian mordió el cupcake. No estaba mal. No lo diría en voz alta, pero no estaba mal.

—¿Y usted qué aprendió? —preguntó él.

Sofía lo miró con dulzura. —Que incluso los muros más altos tienen grietas. Y que a veces, un gif de pingüino puede abrir una puerta.

Cristian bajó la mirada. No sabía si era el cupcake, el evento o Sofía, pero algo dentro de él se movía. Lentamente.

Esa noche, Sofía escribió en su diario:

Hoy los usuarios hablaron. Y Cristian escuchó. No lo admitió, pero lo vi en sus ojos. Por primera vez, no estaba defendiendo su algoritmo. Estaba preguntándose si había algo más. Y yo… yo estoy aquí para ayudarle a encontrarlo.

Cristian, en su departamento, revisaba los comentarios del evento. Uno decía: “Me sentí visto. Como si alguien realmente quisiera conocerme.”

Por primera vez, pensó que tal vez… eso era lo que él también quería.




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