La junta directiva de LoveMatch estaba más nerviosa que nunca. Los números mejoraban lentamente gracias a las ideas de Sofía, pero aún faltaba un golpe de efecto que devolviera a la app su lugar en el mercado. Fue entonces cuando uno de los directores, con tono solemne, lanzó la propuesta más inesperada:
—Necesitamos demostrar que LoveMatch funciona. Que incluso alguien que no cree en el amor puede encontrarlo aquí.
Todos miraron a Cristian.
—¿Qué? —preguntó él, con el ceño fruncido.
—Usted es el CEO. El rostro de la empresa. ¿Qué mejor campaña que verlo enamorarse usando su propia app?
Cristian casi se atraganta con su café sin azúcar. —¿Enamorarse? ¿Yo?
Sofía, sentada al otro lado de la mesa, intentó contener la risa.
—Sería… interesante —dijo, con tono diplomático.
—Sería imposible —replicó Cristian, tajante.
Más tarde, en la cafetería, Sofía y Mariana comentaban la idea.
—¿Te das cuenta? —dijo Mariana, emocionada—. ¡El reto es enamorar al CEO! Es como una novela dentro de la novela.
—No es tan simple —respondió Sofía, mordiendo una dona. —Cristian no cree en el amor.
—Precisamente por eso. Es el reto perfecto.
Sofía suspiró. —Yo estoy aquí para salvar la app, no para salvar su corazón.
—Pues parece que tendrás que hacer ambas cosas —canturreó Mariana.
Cristian, por su parte, estaba furioso. Caminaba por su oficina como un león enjaulado.
—¿Enamorarse? ¿Qué clase de estrategia de marketing es esa? —murmuraba.
Lucas, el CTO, intentó calmarlo. —No es tan mala idea. La gente quiere autenticidad. Si ven que usted también se arriesga, confiarán más en la app.
—Yo no me arriesgo —replicó Cristian. —Yo calculo.
—Pues tal vez sea hora de arriesgarse —dijo Lucas, con una sonrisa tímida.
Cristian lo fulminó con la mirada.
Al día siguiente, Sofía se presentó en su oficina con una propuesta.
—No tiene que enamorarse de verdad —dijo, con tono práctico—. Solo tiene que participar en la campaña. Mostrar que está dispuesto a abrirse.
—¿Abrirme? —repitió Cristian, como si la palabra fuera un insulto.
—Sí. Abrirse a la posibilidad. Aunque sea un poco.
Cristian la miró fijamente. —¿Y si no funciona?
—Entonces habrá demostrado que incluso los CEO sin corazón pueden intentarlo. Y eso ya es un mensaje poderoso.
La campaña comenzó con un perfil falso de Cristian en la app. Sofía lo ayudó a redactar su descripción.
—Escriba algo que lo represente —dijo ella.
—“CEO de LoveMatch. No creo en el amor.”
Sofía lo miró horrorizada. —¿Está bromeando?
—No.
—Pues yo sí. Vamos a poner: “Apasionado por la tecnología, amante del café amargo y en busca de conversaciones auténticas.”
Cristian suspiró. —Eso suena… demasiado humano.
—Exacto —respondió Sofía, con una sonrisa.
Esa noche, Sofía escribió en su diario:
Hoy comenzó el reto imposible: enamorar al CEO. No sé si lo lograré, pero sé que cada paso lo acerca más a descubrir que el amor no es una ilusión. Es una elección. Y yo… yo estoy aquí para acompañarlo en ese camino.
Cristian, en su departamento, miraba su nuevo perfil en la app. Por primera vez, se preguntó qué pasaría si alguien realmente quisiera conocerlo.