Syntaxis: Obscurus

Capítulo 14: Entre Antiguas Glorias

Los días pasaron y ya solo quedaban unas horas para que diera comienzo a la celebración.

Thal-Marrek vestía con los colores propios de sus comienzos. Los estandartes del patio ondeaban con el suave viento que corría y ya se empezaban a ver soldados vestidos con las ropas de gala.

Era un día que, por una vez, emanaba tranquilidad y algo de sosiego.

Veyra se encontraba ultimando detalles junto a algún escudo gris que quedaba rezagado.

–¡Vosotros! –señaló–. Esta bandera ha de tensarse más. Subid y tirad del pendón. Y ese estandarte está torcido. ¿No lo veis? Arregladlo antes de que lo vea el Magister.

–¡A la orden! –gritaron varios a la vez.

–Vamos, vamos. Que en unas horas empieza todo esto y los invitados están por llegar. –siguió ordenando mientras caminaba–. ¿Falta algo más por aquí? –pensó, mientras retrocedía de espaldas para ver la bandera alzarse–. Creo que no.

Pero su paso fue interrumpido cuando, a su espalda, sonó una suave risa.

–¿Quién…? –se giró alzando la mirada. Sus ojos enfocaron un rostro muy familiar–. Ascenas –se inclinó ligeramente en señal de respeto.

Aquella mujer, alta como una torre, de pelo blanco y con la mirada firme, sonrió al verla.

–Mi querida Veyra, no te inclines –le dijo mientras levantaba la mano ligeramente.

–Es lo menos que puedo hacer por una Magister Secundum como usted. Dígame: ¿cómo le ha ido últimamente en Thal-Arkon?

–Vamos avanzando. Veo que la aparición de runas torcidas no es solo cosa de mi fortaleza. Me alivia y me alerta a la vez –echando un ojo a la decoración– me encanta cómo ha quedado este lugar. Me recuerda a cuando la Orden empezó. ¿Cómo está Caerys?

–Bueno…

–¿Sigue estando en sus trece con el Senado, verdad? –arqueó la ceja.

–Digamos que sí, pero no lo pronuncie muy en alto.

La mujer hizo silencio y dio la vuelta, observando el enorme patio. Se acercó a la estatua que se encontraba en el centro de la plaza y la miró fijamente. Veyra la seguía desde atrás.

–La estatua de Yeneik Vallon. Aquí fue donde decidimos hacer el Tratado de las Cinco Libertades –dijo llevándose la mano izquierda al pomo de la espada que le colgaba en el cinto–. Una por cada Thal alzado –suspiró– jurando que no nos rendiríamos ante las adversidades que tengamos delante. El Engendro, el Cónclave y la corrupción… Hablaré con Caerys –se giró, mirando a la Custodio–. Le gustará volver a escucharlo –hizo una breve pausa–. Pero no nos dejemos llevar por el suave velo del recuerdo. ¿Ha venido ya algún invitado de fuera?

–Soldados de distintos Varn, mi señora –respondió–. También sabemos que la gente de Thal-Dereth y Thal-Kalios está de camino.

–Oh, excelente. Me encantaría ver a Térreik –sonrió–, a ver si sigue con el mismo humor de siempre.

–Y esperemos que Axor venga de buen humor.

–Exactamente. Veo que sigues acordándote del Secundum.

–Jamás olvidaré aquella conversación que tuvieron, maestra.

–Veyra, mi niña –se acercó a ella– yo ya no soy tu maestra. Tú ya eres toda una Custodio del Núcleo y sirves a otros propósitos, como siempre quise –finalizó, mientras le acomodó un mechón del pelo detrás de la oreja.

La guerrera sonrió.

–Venga, demos una vuelta, quiero ver cómo ha quedado la Primera Fortaleza.

–¡Faltaría más, mi señora!

Al otro lado del patio, en las habitaciones, todos los soldados empezaban a prepararse. Y Mega no era una excepción.

–¿No puedes ser un poco más suave? –gruñó.

–Si no te quedas quieto, se te irritará el cuello, idiota –le respondió Kara mientras le ayudaba a afeitarse.

–¡Por todas las runas! ¿Has afilado el cuchillo?

–Cualquier queja, a Bérnir, que se encarga de esto. Venga, quédate un poco quieto, que ya casi estoy.

Tras un rato de quejas y peleas, finalmente lo consiguieron.

–Madre mía, qué movidito estás hoy –le dijo, limpiando el útil con un trapo.

–Un poco nervioso quizás. Pero movidito…

–Sí, movidito –insistió–. Esto es más fácil si te quedas quieto. Al final pondré unos grilletes en la pared. ¿Te corto el pelo también?

–Si puede ser. Ya sabes: un poco corto de los lados y, arriba, algo rebajado, sin pasarse –dijo, mientras gesticulaba al aire.

–Muy bien. Ahora sí, quédate quieto –se acercó mientras tiraba la toalla a la ducha.

–Aunque… ¿Me puedes dejar la parte de arriba tal cual?

–¿Con el pelo así enmarañado?

–Sí.

–Vale. Te puede quedar bien. Además, siempre estamos a tiempo de cortar.

Kara se acercó a él y abrió la llave del agua fría. Se humedeció la mano y empezó a pasársela a Mega por los laterales de la cabeza. Luego comenzó a coger mechones gruesos para cortarlos. Poco a poco fue reduciendo el volumen hasta dejarlo como a él le gustaba. Despejó la zona con más agua y dio un paso atrás.

–¿Cómo lo ves? –le preguntó.

El guerrero tocó un poco los laterales de la cabeza, se levantó del taburete y miró al espejo. Se observó de lado a lado.

–Me gusta. ¿A ti?

–Tiene su toque. –asintió–. Un poco distinto a lo de siempre. Me gusta también.

–Perfecto, gracias.

–Bueno, yo voy a ir preparándome, con este pelo, necesito un buen rato en el lavabo.

–¿Necesitas ayuda en algo?

–¿Sabes cuidar un pelo largo? –ladeó la cabeza.

–No.

–¿O sabes maquillar?

–Tampoco…

–Entonces, ¿para qué quisieras entrar conmigo al lavabo, eh?

–Yo… –dijo, mirando al suelo con vergüenza.

–Aix, es broma –se acercó y le puso la mano en la mejilla, levantándole la cara–. Tú prepárate y ponte guapo. Que por un día que tenemos para estar tranquilos, no quiero verte como un guerrero, sino como un humano.

–Vale –respondió con serenidad y alivio.

Kara sonrió y le dio un beso en la frente antes de salir del baño.

–Nos vemos luego –añadió, cerrando la puerta.

Mega se miró al espejo de nuevo, pero esta vez con un ligero rechazo. Se miró la marca y apretó el puño, como si quisiera ocultarla incluso de sí mismo. Aun así, trató de relajarse en cuanto se dio cuenta.



#3811 en Fantasía
#672 en Ciencia ficción

En el texto hay: secretos, aventura, magia

Editado: 24.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.