Syntaxis: Obscurus

Capítulo 16: El Camino que Sigue

–Mamá, ¿qué es esto de la mano?

–No lo sé, cariño –respondió, acariciando el símbolo–. Me gusta pensar que es una marca de la suerte.

–¿De la suerte? –dijo, mirando su mano.

–Sí. Unos días antes de tu nacimiento, salimos casi ilesos de una mala situación.

–¿Y nos dará suerte para poder vivir mejor?

–Claro, cariño –sonrió–. Tiempo al tiempo. Todo irá bien.

De un momento a otro, el paisaje se fundió en blanco. Unas puertas enormes aparecieron frente a él.

–Casi lo he conseguido, mamá –dijo en voz baja, con el cuerpo casi exhausto–. Casi lo he… conseguido.

El chico siguió caminando, casi arrastrando los pies, hasta detenerse frente a unos guardias.

–¡Alto! –ordenó uno de los hombres de la puerta, estirando el brazo y llevando el otro al pomo de la espada–. ¿A qué vienes, civil?

–A unirme a la Orden –respondió, con los ojos llorosos.

El hombre lo inspeccionó con detenimiento.

–¿Qué es ese tatuaje que llevas? No serás un fanático, ¿verdad?

–No sé lo que es –respondió de nuevo, incapaz de ocultar la desesperación–. Vengo a buscar respuestas, por favor.

–Quédate aquí. Un Custodio vendrá a…

–Qué pase –interrumpió una voz antigua que resonó desde de lo alto del muro.

–A la orden, mi Custodio Superior.

La puerta se abrió sin mayor esfuerzo, impulsada por una leve corriente de magia. Mega cruzó el umbral y siguió avanzando.

Pero en uno de los pestañeos todo cambió. Ahora no había nada. Solo un silencio que incomodaba.

Mega miró alrededor. Estaba desnudo. Y solo sentía la marca palpitar en el dorso de la mano, como si estuviera viva. Como si quisiera salir.

De pronto, unos cables envueltos en magia se lanzaron contra él, pero un escudo los detuvo con violencia, como si intentara expulsarlos.

Una risa retorcida lo invadió. Pero no había nada. Todo volvió a quedar en blanco.

Ahora unos pasos pesados parecían llegar de todas partes, acercándose poco a poco. El guerrero se llevó las manos a la cabeza.

–Sal de mi cabeza. No estás aquí.

–No… Estoy en todos lados –siguió riendo.

Y los pasos cesaron.

Y con ello, una tranquilidad que no reconfortaba.

El escudo desapareció. El chico miró alrededor, como si buscara algo. Pero nada.

Comenzó a avanzar.El sonido de sus pasos desnudos rebotaba, generando un eco. Y de un momento a otro, todo era negro.

Movió la cabeza. Nada a la izquierda. Nada a la derecha. Pero, cuando se giró, empezaron a aparecer pilares de roca, como los de Ferrudan.

–¿Qué pretendes conseguir, Engendro?

Nadie respondió.

–¿Qué soy para ti? –extendió los brazos– ¿Un juguete? ¿Qué ves en mí para perseguirme de esta manera?

Pero otra vez, no había respuesta. Hasta que una voz rompió el silencio.

–Me… Mega… –llegó una voz débil desde su espalda.

El Custodio giró rápidamente al reconocer esa voz.

–¡Kara! –gritó a la vez que salió corriendo a por ella.

El cuerpo de la mujer estaba destrozado. Golpes, laceraciones y un brazo cercenado teñían el suelo de sangre.

Se acercó y la levantó un poco del suelo.

–Mega. Lo… lo siento… No vamos a poder… –le dijo, tocándole la cara y manchándola con sangre.

–Mierda, Kara, aguanta –le respondió.

–Es… tarde. Gracias por… por todo –terminó de decir.

La Custodio se desplomó con estas últimas palabras.

–Kara…

Silencio.

El guerrero recorrió el lugar con la mirada. Ahora había muchos cuerpos tirados en el suelo. Parecía el campo de batalla de una guerra perdida. Se separó del cadáver de la mujer, buscando una salida con la mirada. Cerró los ojos con fuerza.

–No… No eres real. ¡Sal de mi cabeza, monstruo!

Pero aquella risa maligna volvió a invadir el entorno.

–¿No lo ves? –rompió aquella voz en su cabeza, invadiendo con un aura de miedo–. La carne es débil.

Los cuerpos de sus compañeros empezaron a levantarse, el de Kara incluido, y avanzaron lentamente hacia él.

–Solo el metal prevalecerá sobre cualquier organismo.

Mega empezó a hiperventilar mientras le temblaban las piernas. Aun así, trató de mantenerse en pie.

–Solo yo tengo la solución –dijo a través del cuerpo de la Custodio–. Y no podrás evitarlo –sonrió maliciosamente.

–¡No eres la solución a nada! ¡Solo quieres destruir! –respondió gritando con enfado, mientras sus ojos empezaban a ponerse grises y la marca empezaba a arder–. ¡Hasta el metal se oxida, bestia!

Unos pasos atronadores volvieron a resonar a su alrededor. El Engendro apareció entre las columnas. Tenía a Ferrum-Lux en la mano.

–¿Qué harás cuando tus piernas no avancen más? –dio una fuerte pisada–. ¿O cuando tus brazos no puedan cargar más con esta espada? Solo te rendirás ante mí.

–No…

–Sí –insistió.

–¡No! –gritó Mega, con todas sus fuerzas.

Un aura volvió a envolverle como si tratara de abrazarlo. Algo volvió a apoderarse de él. El Engendro miraba con satisfacción.

–Y la Bestia del Nexo volvió a renacer…

Una sonrisa torcida cruzó su rostro mientras sostenía la mirada del guerrero.

–El Núcleo nos une, como dos hermanos. Poco tardarás en venir a mí.

Mega cargó como un animal contra su enemigo. Saltó con todas sus fuerzas, pero el Engendro respondió con un único tajo. La hoja impactó de lleno. Y tras unos segundos de blanco absoluto, despertó sobresaltado, incorporándose de golpe mientras tomaba una bocanada de aire.

Parpadeó. Ahora estaba en su habitación junto a Kara. La miró y le tocó el cuello buscando el pulso. Estaba viva.

Alzó la vista al techo y suspiró hondo.

–Las putas runas te maldigan, monstruo de mierda… –formuló en voz muy baja.

Salió de la cama y se fue al baño a lavarse un poco la cara sin mirar al espejo, procurando no hacer mucho ruido. El agua fría logró calmarlo un poco. Se apoyó en el lavamanos y vio el agua correr en silencio durante unos segundos. Sus pensamientos estaban en blanco. Cerró la llave y salió a su habitación.



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En el texto hay: secretos, aventura, magia

Editado: 12.07.2026

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