System Nexus Prime: Santuario

Capítulo 1

System Nexus PrimeSantuarioCapítulo 1

Rodeada de una multitud, su mente era un caos. El ruido la envolvía: voces superpuestas, pasos, respiraciones agitadas. Todo llegaba a ella como un murmullo confuso, imposible de ordenar. Sentía el pecho oprimido y un temblor constante recorría su cuerpo.

No entendía qué estaba sucediendo ni dónde se encontraba. Intentaba concentrarse en lo que decían las personas a su alrededor, pero las palabras se perdían antes de cobrar sentido.

Entonces, el recuerdo la golpeó.

El frío.

La presión insoportable en el cuerpo.

La sensación de que algo le era arrancado desde lo más profundo.

No recordaba cada detalle, pero sabía con certeza una cosa: había muerto.

Ese pensamiento bastó para que un escalofrío recorriera su espalda. Su respiración se aceleró y el pánico amenazó con dominarla por completo. Por un instante, sintió que volvería a perder la conciencia.

Sin embargo, poco a poco, su cuerpo comenzó a responder. El temblor disminuyó, su respiración se volvió más profunda, y el latido de su corazón empezó a estabilizarse. Con esfuerzo, levantó la vista.

Estaba rodeada de incontables personas.

Todas vestían ropas similares, de un tono gris apagado. Los hombres llevaban playera y pantalón; las mujeres, playera y falda larga. Algunos observaban a su alrededor con expresiones de miedo, otros murmuraban entre ellos, y muchos simplemente permanecían en silencio, paralizados.

Entonces miró al cielo.

Capullos de luz descendían lentamente desde la oscuridad. Flotaban con suavidad, y dentro de ellos se distinguían siluetas humanas. Al tocar el suelo, los capullos eran absorbidos por las personas que contenían, desapareciendo por completo y dejando cuerpos inconscientes que flotaban unos segundos antes de caer.

El suelo era grisáceo, similar al concreto. El cielo, completamente negro. Ambos se extendían hasta perderse en el horizonte, sin montañas ni estructuras, como un espacio infinito y vacío.

Con el tiempo, los capullos dejaron de aparecer.

La chica permanecía inmóvil, observando, incapaz de hablar. No interactuaba con nadie; se mantenía aislada, abrazándose a sí misma, como si ese gesto pudiera protegerla.

A pesar de ser médica interna, en ese momento el miedo superaba cualquier razonamiento. No lograba analizar la situación ni encontrar explicaciones lógicas. La impotencia la dominaba.

Entonces ocurrió.

Un capullo de luz mucho más grande apareció en el cielo.

El temor la invadió con fuerza. Su piel se erizó y un nudo se formó en su garganta. Aquella sensación regresó: el mismo frío, el mismo vacío que había precedido a su muerte.

Cuando el capullo desapareció, de su interior emergió una enorme calavera.

Flotaba frente a ellos. Un ente aterrador, rodeado de un aura negra que parecía devorar la luz a su alrededor. Su sola presencia provocó que la multitud retrocediera instintivamente.

—Todos ustedes han muerto.
—Les he dado una nueva vida.
—Si quieren saber por qué están aquí…
—Búsquenme, encuéntrenme y derrótenme.

La voz era profunda, intimidante, resonando en todo el espacio. El miedo se propagó como una ola silenciosa entre las personas.

La chica, incapaz de pronunciar palabra, cayó de rodillas sobre el frío suelo. Se abrazó con fuerza, temblando, observando a la criatura sin poder apartar la mirada.

—Para lograrlo, les proporcionaré un sistema para ayudarlos en su travesía.

—Deben escapar de una torre de veinte niveles. Encontrar sus secretos ocultos y equiparse lo mejor posible.

—Serán enviados al piso más alto, el nivel veinte, el cual está dividido en cinco áreas.

—Estas áreas serán escogidas al azar. No podrán seleccionarlas.

—Parte de su tutorial será descubrir el funcionamiento del sistema. Utilícenlo sabiamente.

Las palabras caían una tras otra, cargadas de un significado que nadie lograba comprender del todo. No hubo explicaciones, no hubo respuestas. Solo una misión impuesta.

La multitud permanecía inmóvil, paralizada por la incertidumbre.

—Vayan, aventureros. Conviértanse en héroes y escapen de este lugar. Los estaré esperando. Sobrevivan.

Tras esas palabras, el suelo comenzó a vibrar.

Al principio fue apenas perceptible, una leve oscilación. Luego el movimiento se intensificó. Las personas perdían el equilibrio, caían al suelo, intentaban sostenerse unas a otras sin éxito.

Entonces el suelo se agrietó.

Como si fuera cristal, comenzó a romperse en fragmentos que se desprendían lentamente, revelando un abismo oscuro bajo sus pies.

La chica, con lágrimas en los ojos, intentó aferrarse a un trozo de suelo. Sus dedos resbalaron. El fragmento cedió.

Cayó.

El vacío la envolvió por completo. No supo si descendía durante segundos o una eternidad. El viento rugía en sus oídos, y poco a poco, su conciencia se apagó otra vez.

Cuando abrió los ojos, se encontraba en una ciudad en ruinas.

Edificios destruidos, estructuras colapsadas, calles cubiertas de escombros. No parecía el resultado de un desastre natural, sino de un conflicto provocado por el hombre. Entre las ruinas se alzaban tumbas improvisadas, demasiadas, como si los cementerios no hubieran sido suficientes.

Personas se distinguían a lo lejos. A diferencia del lugar anterior, aquí estaban dispersas, separadas por grandes distancias.

—¿Dónde estoy…? —murmuró.

Era una joven de piel blanca, de aproximadamente 1.65 metros de estatura. Tenía ojos celestes y cabello rubio claro, liso, que caía un poco más abajo de los hombros. Su figura era delicada, femenina. Tenía veinticuatro años.

Caminaba sin rumbo, todavía aturdida, sin pensar en las palabras de la calavera. Su mente seguía atrapada entre la confusión y el miedo.

En ocasiones se cruzaba con otras personas. Algunas intentaban hablar, organizarse, mantener la calma. Ella, sin embargo, se alejaba. El temor la dominaba, intensificado por la forma en que había muerto.




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