Tù Y yo: Ni lo sueñes

CAPITULO 5: CUARENTA Y OCHO HORAS

NEREA KAIRON

Nerea apenas había dormido.

La oferta de Álvarez & Molina seguía ocupando cada rincón de su mente. Había releído el correo tantas veces que podía recitarlo de memoria. Mejor sueldo. Mejor puesto. Más oportunidades.

Todo lo que había querido.

Entonces, ¿por qué sentía que estaba a punto de perder algo?

El martes por la mañana, la oficina parecía más ruidosa de lo normal.

O tal vez era porque todos seguían obsesionados con el supuesto compromiso.

—Buenos días, señora Velmor —saludó Laura apenas Nerea cruzó la puerta.

Nerea se detuvo en seco

—Buenos días, Laura. ¿Te gusta vivir al límite?

—Muchísimo.

—Lo imaginé.

Laura soltó una carcajada.

—Vamos, admítelo. Ya me acostumbré a la idea.

—No hay ninguna idea.

—Claro.

—No hay compromiso.

—Ajá.

—Y si vuelves a decir "señora Velmor", esconderé todos tus postres del refrigerador.

Laura abrió mucho los ojos.

—Eso es terrorismo.

A las nueve en punto apareció Enzo.

Como siempre.

Traje oscuro.

Expresión seria.

Paso firme.

La diferencia era que esta vez todos lo observaban.

Todos.

Sin excepción.

El despacho entero parecía esperar que anunciara una boda.

Enzo se detuvo.

Miró a todos.

Luego dijo:

—¿No tienen trabajo?

En menos de cinco segundos todos volvieron a sus escritorios.

Nerea bajó la cabeza para ocultar una sonrisa.

A veces el miedo sí era eficiente.

Dos horas después recibió una llamada inesperada.

—¿Señorita Kairon?

—Sí.

—Le habla Gabriel Álvarez, socio principal de Álvarez & Molina.

Nerea se enderezó inmediatamente.

—Buenos días.

—Esperamos que haya considerado nuestra propuesta.

—La estoy evaluando.

—Excelente. De hecho, me gustaría invitarla personalmente a conocer nuestras oficinas.

Nerea aceptó.

La reunión quedó programada para el jueves.

Cuando colgó, una sensación extraña la recorrió.

Era emoción.

Pero también culpa.

Y no entendía por qué.

—¿Va a decirme qué sucede?

La voz de Enzo la hizo sobresaltarse.

Él estaba parado frente a su escritorio.

—Nada.

—Lleva quince minutos mirando el mismo documento.

—Tal vez sea un documento fascinante.

—No lo es.

Nerea suspiró.

—Tengo una reunión con Álvarez & Molina.

El silencio fue inmediato.

Y pesado.

Muy pesado.

Por primera vez en mucho tiempo, Enzo no respondió enseguida.

—Entiendo.

Eso fue todo.

Dos palabras.

Pero algo en su expresión cambió.

Algo casi imperceptible.

Y por alguna razón, verla le dolió.

Aquella tarde ocurrió un desastre.

Uno completamente evitable.

Lo que significaba que Laura estaba involucrada.

—¿Qué hiciste? —preguntó Nerea al encontrar globos en la sala de descanso.

Laura sonrió.

—Una fiesta.

—¿Por qué?

—Porque sí.

—Esa no es una razón.

—Porque el amor debe celebrarse.

—Laura...

—Porque ustedes dos están enamorados.

—LAURA.

A las seis de la tarde la mitad del despacho estaba reunida alrededor de una mesa llena de bocadillos.

Nerea quería morir.

Enzo parecía estar reconsiderando la legalidad del homicidio.

—Tengo una pregunta —dijo uno de los abogados jóvenes.

—No —respondieron Enzo y Nerea al mismo tiempo.




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